• Trujillo
  • Táchira
  • Mérida
  • Andes Legales
  • Revista Andina
viernes, 30 enero 2026
Diario de Los Andes
  • Inicio
  • Actualidad
    • Entretenimiento
    • Bienestar
  • Deportes
  • Economía
  • Mundo
  • Opinión
    • Sentido de Historia
  • Política
  • Sucesos
  • Trujillo
    • Boconó
  • Táchira
  • Mérida
No Resultados
Ver todos los resultados
  • Inicio
  • Actualidad
    • Entretenimiento
    • Bienestar
  • Deportes
  • Economía
  • Mundo
  • Opinión
    • Sentido de Historia
  • Política
  • Sucesos
  • Trujillo
    • Boconó
  • Táchira
  • Mérida
No Resultados
Ver todos los resultados
Diario de Los Andes

No Resultados
Ver todos los resultados
Inicio Opinión

Cartas | Sonríe, te están televisando | Por: Juancho José Barreto

por Juan Barreto
10/05/2024
Reading Time: 3 mins read
Compartir en FacebookCompartir en TwitterComparteComparte

Juancho José Barreto González

Entre la dos y las tres de la mañana, recordando el decir de la última de sus tías, muchacho has perdido el tiempo, buscaba no sin desespero, entre el baúl de herramientas de su milenaria familia, el instrumento necesario para cambiar de vida como los cóndores o las serpientes sus plumas o su piel. Deseaba, aprendiz de místico al fin, llegar al conticinio para, sin hacer ruido y respetar su condición de hora más silenciosa del día siendo de madrugada, encontrar la respuesta ideal, imprescindible e irreversible y pasar a esa etapa trascendente que un gurú universitario le había pronosticado cuando estudiaba el primer semestre de poesía.

Recordaba también haber asistido a tantas manifestaciones donde se coreaban consignas con síes y noes, como aquella de quiere usted mando o mande o no mande o si la acepta o no la acepta. En un cuaderno se daba a la tarea de anotar todas esas vicisitudes del diario vivir y lo extravió en una refriega campesina contra una compañía internacional comerciante de pinos.

Tornillos, alambres, libros viejos y antiguas fotografías fueron entremezclados en esa furibunda búsqueda entre la una y las tres. Hasta una “hallaquita” con su liga derruida, la había usado en su primera comunión, cuando sin mucha preparación le dijo sí a los diez mandamientos con otros niños en igual o peores condiciones, dijeron sí a la tabla de multiplicar culpas y pesares, según la leyenda, hecha a punta de pico y pala por los obreros de una época muy antigua en un lugar distinto a este en el que escribo este cuento de nunca acabar, cercano a la serranía donde Tibisay cantaba a los cuerpos celestes del misterio.

Así pasó el tiempo sin darse cuenta, o, mejor dicho, perdió el tiempo como decía una de sus tías. Entre el baúl de herramientas y una levantisca manifestación de vida, aparece alguien con una pancarta colgada de un mazo de madera, se le abalanza encima, recibe cualquier tipo de pancartazos, golpes entre blanco y negro como en un sueño imposible de resolver gramaticalmente.

Entonces, creyó realmente estar en ese sueño, hizo un esfuerzo desde su subconsciente para poder leer la pregunta escrita sobre la pancarta, pero en ese momento el pájaro que toca la ventana a las seis de la mañana, le dio por tocar la ventana a las seis de la mañana. Uno se las da de ínfulas, una ínfula plural y sistemática, piensa que un texto se puede terminar así por así, como si nada.

Pasaron muchos días, tardes y mañanas con sus noches anteriores para que apareciera el título de este cuento. Decidió viajar al centro del país a visitar a sus hermanos mayores y a la única tía viva, la misma de “muchacho has perdido el tiempo”. Viajar en autobús es como ir dentro de un libro con muchas historias secretas, pero algunos de sus personajes chicharacheros cuentan sus cosas entre chistes y carcajadas, no joda yo si le echo pichón. Cerca ya se veía la parada de Arenales. Hace ya muchos años, en uno de sus baños encontré un escrito detrás de la puerta, “sonría que lo están televisando”. Al bajarme decidí visitarlo. Quien atiende me dijo con voz nada angelical, “son dos mil”. Habían refaccionado el lugar, me dije éste es. Entré y cerré. Al sentarme en la poceta apareció la bendita respuesta detrás de la puerta cerrada del baño. ¡Sonríe, te están televisando!

(Este es un cuento tomado de mi libro Árbol del tiempo, 2020).

Lea también

El laberinto de la urna | Por: Alexander González

La noticia que no se cuenta: El silencio forzado del periodismo en Venezuela | Por: Alexander González

30/01/2026
Impacto de las sanciones económicas en la empresa privada | Por: Víctor Álvarez R.

Nuevo modelo de negocios en la industria petrolera venezolana | Por: Víctor Álvarez R.

30/01/2026
Cartas | Lectura Amante (y III) | Por: Juancho José Barreto González

Cartas | Los estados unidos y los estados desunidos (II) | Por: Juancho José Barreto González

30/01/2026
REVOLUCIÓN FRANCESA, PROGRESO Y TERROR (SEGUNDA PARTE)

LA CONDESA BATHORY…¿UNA ASESINA VAMPIRA? | Por: Ernesto Rodríguez

30/01/2026

 

 

 

 

 

 

Siguiente
¿Venezuela pospetrolera o posrentista?  | Por: Víctor Álvarez R.

Pacto de Convivencia Pacífica y Derechos Humanos | Por: Víctor Álvarez R.

Publicidad

Última hora

Pago móvil supera por primera vez a los puntos de venta como principal canal de pago en Venezuela

Las cinco petroleras chinas mejor situadas en Venezuela ante la apertura del sector

Luigi Mangione no podrá ser condenado a pena de muerte incluso si es declarado culpable

El norte de Rusia vive una ola de frío con casi 40 grados bajo cero

Las entradas para el Super Bowl de la NFL se venden entre los 5.500 y los 52.650 dólares

Publicidad

Diario de Los Andes

Ediciones

  • Trujillo
  • Táchira
  • Mérida
  • Andes Legales
  • Revista Andina

Síguenos

Welcome Back!

Login to your account below

Forgotten Password?

Retrieve your password

Please enter your username or email address to reset your password.

Log In
No Resultados
Ver todos los resultados
  • Trujillo
  • Boconó
  • Táchira
  • Mérida
  • Inicio
  • Actualidad
  • Entretenimiento
  • Bienestar
  • Política
  • Deportes
  • Sucesos
  • Mundo
  • Opinión
  • Sentido de historia
  • Economía
  • Revista Andina
  • Andes Legales