Juancho José Barreto González
proyectoclaselibre@gmail.com
Duele la conciencia cósmica, el todo está roto desde que tenemos la imagen del mapa del mundo. “Hay algo que cae sobre el mapa, el mapa se incendia”. Bucaneros, piratas, corsarios y mercantes de la vida le caen a cañonazos. Cañonazos de pólvora y candela”.
El fuego y la pólvora cambiaron la historia del mal. El fuego y el corazón sostienen la historia del amor, el bien no existe sin amor y este no existe sin el respeto por el otro. El fuego, la pólvora incendian el mapa, debajo quedan los escombros de la vida, hilacha de cuerpos y de voces. La muerte hace que la vida estalle, se vuelva añicos. Un misil cae y besa de manera trágica la tierra, una extensión irónica de la bomba, su imagen extendida, expansiva imagen, la burla de la muerte, el poder de la muerte sobre la vida. Ya no sólo viaja en avión quemando gente vida. Quema la vida. Quema la infancia, la futura humanidad se quema ahora, quema el miedo a la muerte, lo extingue de varias maneras. La cultura de los misiles quema aquí y allá, desde más arriba abajo, desde abajo, en parabólica, hasta allá.
La emoción de la muerte, el poder de la muerte es la base de la inopia de la vida, la vida se queda sin recursos, sin valor humano. Es un espectáculo vernos morir, vernos matar, y ver (y escuchar) al poder humano de la muerte justificar, bendecir, festejar, encubrir la muerte mostrándola. Cada lado dice “debo matar para que no me maten”. El poder de la muerte mata para poder vivir. La muerte es una empresa que usa todos sus recursos para poder vivir.
Los todopoderosos de la muerte son unos empresarios que usan la vida y sus técnicas para matar. La economía de la muerte mata la vida y hace de ella un teatro de operaciones trágico, aceptable, estratégico. Victimarios, víctimas y “espectadores”. “La imagen me carcome, quema mis sentimientos, ya no me hiere, esa imagen me aniquila, ama mi tragedia, ama mis vacíos y a mis dioses. Va y viene, la analizan, la rechazan, la voltean, la zarandean y sigue siendo la misma mercancía de la muerte, la semiótica de la muerte y de la vida que muere, tienen un carrusel de formas tridimensionales, versátiles. Entonces nos preguntamos cómo vivir vivos y no muertos en esta humanidad que se muere y nos quiere muertos vivos, como si la vida fuera “un rencor vivo” contra la vida y la muerte.
Creo que debemos interrogar todo, debemos explicarnos. Vivir entre los muertos y morir entre los vivos nos acostumbra a vivir muriendo. Vivir es un espectáculo trágico cómico que me adecúa a la muerte reciente, me acostumbra a ver morir y a temer morir. Cada vez son más los trabajadores de esas todopoderosas empresas de los todopoderosos de la muerte con sucursales en el cielo y en la tierra. El miedo se ve y se siente, estamos bajo su constante amenaza y esta amenaza está rompiendo todos los vínculos humanos de la vida. Esta es la derrota de la vida y el triunfo de la muerte.
Recuperar vínculos, reinventar vínculos, inventar vínculos para poner las cosas al revés. Que sea la derrota de la muerte y el triunfo de la vida. Vínculos para liberarnos de la cultura de la vida. ¡Ser Libres muchachos no nos queda de otra!! Reitero lo que digo en la página final de Casa Doble: “Los muchachos de estos pueblos tienen un reto frente a sí mismos y ante la historia dominante. Cambiar y cambiarla. Las formas asociativas y de reunión entre nosotros sería la clave para superar de una buena vez esa minusvalía cultural enquistada en la cultura política: la dependencia mental y espiritual. Ningún ejército vendrá a liberarnos.”
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