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En 1492 Colón cree llegar al Asia fabulosa de Marco Polo. Antes que occidentales, nacimos como “asiáticos”. Colón identificó las nuevas tierras con el ambicioso sueño de las riquezas de tal geografía fantástica.
Los portugueses no le perdieron pisada y querían, como buenos estrategas, disponer de los “descubrimientos”. Pronto organizaron sus empresarios expedicionarios. El resultado de esta contienda entre señoríos dispuestos a expandirse se concreta en el famoso Tratado de Tordesillas para disgusto de otros señoríos (Francia, Inglaterra, Turquía) que quedaron fuera del “testamento de Adán”. En 1493 se abría una nueva era del conflicto por lo que sería después América y, en nuestro caso, Veneciuela.
Alonso de Ojeda, en estrecha alianza con Américo Vespucio y Juan de la Cosa, continúa la ruta colombina del tercer viaje. En 1499 inicia su empresa expedicionaria bajo las nuevas condiciones de contratación. En 1500, este empresario “independiente” va a ser objeto de una Pesquisa por parte de los funcionarios que actúan bajo la autoridad de Cristóbal Colón, Virrey y Gobernador. Este hecho abre la brecha entre los dos tipos de capitulaciones, llevaría a la Corona a desconocer la propiedad de Colón sobre el nuevo mundo, expresión del primer conflicto interno entre los contratistas y sus intereses. En 1501, por la Capitulación conferida por los reyes, Alonso de Ojeda se convierte en “Gobernador de la Isla de Coquivacoa”.
Es importante considerar la Carta de relación del tercer viaje de Cristóbal Colón “como el primer documento colonial que da cuenta de la existencia de unas culturas indígenas y de unas regiones que con el tiempo constituirían la parte más oriental de nuestro país. Podríamos decir que es el acta de nacimiento de las distintas colonias que se fundaron poco tiempo después de esta navegación colombina: Nueva Cádiz o Cubagua, Margarita, Venezuela, Trinidad, Cumaná y Guayana” (Alí López B., p. 16).
Hasta aquí el capítulo 11. Ofrezco el enlace donde puedes descargar el libro Casa Doble. Memorias breves de una casa amenazada:
https://drive.google.com/file/d/1qtlr5NBgeSDRtKcKslGuW3GCsJj6rXTG/view?usp=drive_link
Un pueblo sin memoria es un pueblo sin historia. No es el camino maltrecho de la desmemoria ni de los intereses del momento los que pueden definirnos. Es prioritario, hoy día, leer y comprender de dónde venimos para, ver y comprender hacia dónde vamos. Tenemos o debemos producir, desde abajo, lo que podemos llamar la empatía de lo venezolano para desatarnos y desandar fuera de las pautas de los poderes globales: “Lo peor de lo peor de la presión y astucia mediática se vive en la cotidianidad social, hemos perdido la capacidad de conversar. Este es el signo más letal de la guerra entre nosotros, la pérdida de la capacidad deliberativa. La política está en manos de parlanchines bipolares que se abrogan el derecho de decir ¡esto es así porque es así! Las mejores expresiones de nuestra cultura sólo sirven de perfil publicitario para encubrir la sustitución, y cito a Briceño-Iragorry, “del decoro antiguo por el disfraz del rendido pitiyanqui” (p. 87).
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