Cartas | El porvenir | Por: Juancho Barreto

 

Juancho José Barreto González /proyectoclaselibre@gmail.com

Primer trazo: “Hay factores de la realidad que quieren cortarte las alas. Te dicen, detente, sufre el momento, cae en este torbellino vacío que es ese pedazo de la realidad colectiva que pesa como la bota que oprime”. Una onda seca y vibrante llega a sus oídos. Les recuerdo que los sonidos entran por los oídos y el cerebro lingüístico lo traduce. “Escucho que dijo que no hay porvenir, todo queda paralizado, congelado”. El aposento está lleno de polilla ideológica, no se puede decir mayor cosa, el frío encarcela a las neuronas. Se cierra el largo camino de transición, todas las puertas de salida desaparecen. Ni transición ni porvenir. Los duendes del norte, mágicos y perversos a la vez, han logrado algo extraordinario. No hacen silencio, tampoco hablan, no son amigables. Llegan a un lugar y dan órdenes. Son magos, congelan el porvenir, el porvenir, el porvenir.

Segundo trazo: Coloqué mi alma en un cofre de piedra y allí está guardada en mi alma. Es una piedra semilla, apenas sensitiva. Ha sabido resistir el tránsito por caminos polvorientos. Antes, eran ríos de la infancia. Dura como los ojos en el recuerdo. Un día comencé a escuchar una voz que decía, esa voz que habla desde la memoria, “hay que cerrarle las puertas de las ciudades”. Un lector anticipado en los sueños me pregunta porqué escribo todo esto y aquello. Es una oportunidad preciosa para decir, si no tenemos sueños no podemos despertar en la lucha por el futuro. De tal modo, voy a entender el hilo de sueños que viene desde ese largo camino de los derrotados cuando se cierran los caminos, cuando todo se paraliza por esas ondas que congela hasta el alma. No hay trato, ni con esos magos ambulantes ni con nadie, el proyecto del porvenir es invisible, no se transa en ningún libro de contrataciones.

Tercer trazo: Alguna vez dije, en voz baja y alta, en voz secreta y vegetal, “nos tenemos miedo a nosotros mismos”. Entonces, me inventé libre. “No me es posible andar cargando el miedo de los demás, el miedo es pesado y hace perder, como la “adultez responsable” el sentido de las profundidades. Ahora cómo entender este asunto con tanto “plejo”. El plejo es un piojo cibernético que atrofia el olfato y la mirada y el purito miedo se mete por las entrañas de nuestro universo. Empiezo por cortar las escaleras. El miedo de allá arriba estaba perturbando al miedo de acá abajo. El récipe pedagógico dice, leo al pie de la letra, seguir todas las instrucciones. De tal forma adquirieron forma de autoridad y ordenan y reordenan, y piensan y repiensan. La onda emitida por los magos del universo genera enfermedades fabulosas. Olvido, quietud, odio, tristeza, y una nueva enfermedad que yo, médico de almas, encontré en este país. Sus síntomas son cada vez más recurrentes y domésticos, lo inusitado es un fantástico “remedio” aquietante, paralizante del porvenir. “Doctor, uno comienza a dar vueltas en esta fantasía realizada, y comienza a desaparecer las palabras para definirlo, hasta que “eso que ocurrió” se convierte en “eso que ocurrió.

Cuarto trazo: Encuentro en este laberinto una posibilidad. Romper todas las escaleras, pasadizos secretos y túneles de comunicación, secreta diplomacia de guerra pública de los poderes. “Los de abajo necesitamos inventar formas de comunicación para que los magos no nos perturben, Aquí abajo somos libres de pensar lo que queramos y de ordenar nuestros pequeños mundos libres. Podemos inventar una membrana que nos recubra, nos proteja de tanta barbaridad moderna e imperial.”

 


 

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