Cartas | Abramos la página | Por: Juancho José Barreto González

 

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Los venezolanos, y quizá los humanos del planeta, nos movemos entre proyectos de sociedad y poder que no han tenido el poder de una sociedad, de una civilización justa, de una nueva civilización. Si es así, debemos entender que, todo proyecto de poder se mueve en una civilización castrada para lo justo. Por tal razón, como sociedad, hemos fracasado, sus motores funcionan con los mismos “líquidos” de la civilización dominante. Esta civilización, diría Freud sobre la occidental, es cada vez más represiva.

Simón Bolívar soñó y le puso empeño con su generación de gallardos a un gran estado americano que llevase la batuta en las relaciones con el resto de planeta. Fue derrotado en todos los ámbitos. Surge a costa de esta derrota de la “doctrina Bolívar” un polizonte equipado con todas las estrategias y recursos que se fue adueñando de la “caterva de microscópicas republiquitas” (expresión explícita del venezolano R. Blanco Fombona) intercambiando seguridad por protección, forcejeando desde su hybris cultural por el control del planeta, y también, “de la vida extraterrestre”. Hybris o Hibris es un viejo concepto venido de la antigua Grecia: desmesura, arrogancia, soberbia. El poder demente del ser humano.

Es extraordinario el dominio imperial. De los imperios. Habrá que hacer la lectura detenida. Llegan a controlar la mente y los cuerpos, “el predicado base de los seres humanos”. Así llegué a la conclusión de que Venezuela, así como todo el planeta, es “víctima del conflicto interpotenciario”, entre potencias que se disputan, desde su soberbia, el control de todo lo que se pueda controlar. “El territorio del imperio se hace infinito”. De tal manera, la comunidad internacional se convirtió en el lugar donde la retórica de la potencia se pone de acuerdo con las otras para “pelear” entre sí y repartirse el mundo.

 El derecho internacional real no existe, su simbolismo burócrata está a disposición de las potencias. Y de eso, todos los pueblos somos víctimas. Cada potencia tiene su estrategia de “seguridad nacional”. Si abrimos las páginas de la historia del planeta, la historia universal terrícola, y leemos con cuidado, por detrás de todo está “la historia del miedo de la especie humana”.

Muy pocos venezolanos observamos “la cosiata divisionista” que se venía configurando para quebrar “la republiquita”. Llegó un momento del teatro político en que tuvimos dos presidentes y tres asambleas. No es cualquier cosa. No hemos estudiado bien cómo ha funcionado esta cosiata en “la cosa pública y privada”. Lo nacional saqueado desde todos lados. Por supuesto, esto generó debilidades de todo tipo y dos “fortalezas” en los proyectos bipolares dominantes: Cada uno se comporta como un poder capaz de administrar y garantizar sus privilegios mediante la puesta en escena de un derecho “adquirido por herencia”. Los demás hemos quedado como espectadores, como mera “masa de cuerpos” atraídos por uno de los polos capaces de sentir por el otro “un odio paraideológico”.  La inmundicia ideológica, “no tenemos papel tóale, pero tenemos patria”.

Los imperios son enemigos de la humanidad. Son dueños del teatro, de las técnicas y de la comunicación. El 03 de enero los EEUU desafiaron a Venezuela, cruzaron la frontera, asesinaron a unos cuantos y secuestraron al presidente Nicolás Maduro y a su esposa diputada. Es la prueba mayor al chavismo. La que necesitaban para que demuestren de qué están hechos, de verdad. Mientras, el otro presidente hace turismo internacional. Abramos la página. Leamos el momento, viene de atrás…

 

 

 

 

 

 

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