Algo realmente efectivo hay que empezar a hacer, para lograr disminuir los impactos ecológicos y sociales, tan destructivos e irreversibles, causados por la globalización económica. El mundo académico ha venido promoviendo recientemente la teoría del decrecimiento económico como la única alternativa a los problemas ecológicos, ante el fracaso de iniciativas como el Protocolo de Kioto (1997) y el Acuerdo de París (2015), específicamente, para combatir el calentamiento global y dirigidas a los países desarrollados. Paralelamente, es imposible ignorar los problemas que trae consigo el decrecimiento económico, tales como el aumento del desempleo (afectando a las personas con bajos ingresos, principalmente) y la inestabilidad política (por el populismo).
El joven economista y profesor de la Universidad de Lund (Suecia) Timothée Parrique (n. 1989) define el decrecimiento (su tesis doctoral) como “una reducción de la producción y el consumo para aligerar la huella ecológica, planificada democráticamente con un espíritu de justicia social y preocupación por el bienestar” (EARTH DAY CANADA, 2024). El concepto no es nuevo (data de los años 70), como crítica al paradigma del crecimiento económico. La prédica actual gira en torno a las deudas de los países del Norte con el planeta, aludiendo a los recursos que utilizan éstos, para su desarrollo; entre otras, las deudas económica y ecológica (pasivos ambientales).
El Día del Sobregiro de la Tierra es un cálculo científico que llamará poderosamente la atención a quien comience a utilizarlo. Consiste en determinar el día del año cuando se habrán agotado los recursos que la naturaleza nos proporciona (de manera similar a un presupuesto para el año que transcurre). A partir de ese día, la sociedad mundial continúa funcionando, pero sin tener realmente la capacidad de hacerlo, por cuanto los recursos naturales utilizados ya no podrían ser regenerados durante ese mismo año. Por eso, no debe sonarnos extraña la recomendación de algunos expertos sobre la autosuficiencia alimentaria (al cultivar verduras y frutas en la casa).
Casi al mismo tiempo, cuando en 1986 se publica el famosísimo libro de Ulrich Beck La sociedad del riesgo: Hacia una nueva modernidad, aparece también publicada la obra de Niklas Luhmann Comunicación ecológica: ¿Puede la sociedad moderna responder a los peligros ecológicos? A pesar de que ambos libros significaron importantes aportes, a la sociología, el segundo no tuvo la repercusión editorial del primero. Luhmann les advertía a los movimientos ambientalistas de la época que “la tendencia a comunicar sus preocupaciones en términos de miedo e indignación moral era, en el mejor de los casos, ineficaz… [y no lograría] sus objetivos” (Bergthaller, 2018).
Por cierto, esos mismos movimientos ambientalistas hicieron suyos los planteamientos sobre la modernización reflexiva de Beck (perfeccionados). La preocupación de Luhmann, sin embargo, abarca mucho más: “Los movimientos de protesta tienen una función social importante al llamar la atención sobre ciertos problemas, como la contaminación… [pero, sabemos que] la sociedad [mundial] sólo puede abordar estos problemas a través de sus sistemas funcionales” (Schirmer & Michailakis, 2018: 227). En mi criterio, hoy, la visión de Luhmann está más vigente que nunca.
Referencias:
Bergthaller, H. (2018). Beyond ecological crisis: Niklas Luhmann’s theory of social systems. Electronic Book Review.
EARTH DAY CANADA (2024). Degrowth: What is it and how do we include it in our daily lives?
Schirmer, W. & Michailakis, D. (2018). Luhmann’s sociological systems theory and the study of social problems. In: The Cambridge Handbook of Social Problems (Volume 1).
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