La bien cimentada alianza estratégica entre los regímenes dictatoriales de Venezuela y China nos obliga a entender, con absoluta precisión, las consecuencias que tendría para nuestro país la implementación, en suelo patrio, del sistema chino de crédito social. El fin último sería el de generar confianza, por parte de los ciudadanos, en las instituciones gubernamentales, sin por ello descuidar a las privadas. La verdad es que si alguien lograra descubrir una fórmula mágica para crear confianza todo el mundo la estaría utilizando, tanto a nivel individual como de grupos, incluyendo a todos los gobiernos del mundo (los de izquierda, de centro y de derecha), por igual.
Con la reforma económica emprendida en China, a finales de los años 70, no sólo se produjeron grandes cambios económicos (apertura al mercado mundial) y sociales, sino que paralelamente quedaron al descubierto problemas como la corrupción, la desconfianza y la deshonestidad, en general. En un ambiente de crisis moral surgió la idea del sistema de crédito social (SCS), como mecanismo de promoción de la integridad y de la solidez de las conexiones sociales. En otras palabras, el régimen comunista chino estaría intentando construir capital social a partir del SCS, según se evidencia en un proyecto piloto que data del 2001, al implementar este mecanismo de control social estricto que alcanzaba a todos los ciudadanos y operaba desde arriba hacia abajo.
Los expertos en el tema del capital social han alertado sobre el significado del SCS: “la sociedad china carece de una moral pública de honestidad y confianza. Este es el tipo de entorno en el que el capital social no prospera… [es un contrasentido que el gobierno esté] añadiendo lo que equivale a más controles gubernamentales, y potencialmente más estrictos” (Claridge, 2020). Es muy difícil que un régimen comunista pueda implementar acciones para crear capital social como lo hacen los países desarrollados, en el mundo occidental; simplemente, porque uno de los componentes básicos para la creación de capital social es la libertad, individual y colectiva.
Para Venezuela, la implementación de un sistema de crédito social, similar al chino, sería trágico porque nos alejaría aún más del sistema de vida democrático. A pesar de las evidencias que ya existen sobre las perversidades del sistema hay argumentos, como suele ocurrir, que lo apoyan; por ejemplo, se dice que “muchos ciudadanos no tienen acceso a tarjetas de crédito, en parte porque las instituciones bancarias tradicionales no tienen la capacidad suficiente para evaluar la solvencia financiera de los ciudadanos.” (Kostka, 2019: 1588). En consecuencia, el régimen vende la idea del SCS como la mejor alternativa. En Venezuela, ya existe un Carnet de la Patria.
Es imposible escapar de la influencia del SCS porque éste cubre todas las dimensiones posibles de control: “crédito individual (consumo), crédito corporativo (mercado) y crédito gubernamental (político).” (Xuewei & Xiaoye, 2023: 9). Deseamos que el pueblo chino encuentre la manera de oponerse a tan aciaga maniobra del régimen comunista que lo oprime, buscando inspiración en Don Quijote: “La Libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre”.
Referencias:
Claridge, T. (2020). China’s social credit system: An ambitious attempt to build social capital. Website: https://www.socialcapitalresearch.com/chinas-social-credit-system-social-capital/.
Kostka, G. (2019). China’s social credit systems and public opinion: Explaining high levels of approval.
Xuewei, Z. & Xiaoye, H. (2023). China’s social credit: Theoretical, empirical research, and countermeasures.
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