
Por: Walter Márquez* – Historiador
*Presidente de la Asociación de Cronistas Oficiales del Estado Táchira
Nací en Abejales, en la puerta de entrada del llano, al sur del Táchira. De niño, realizaba con frecuencia un trayecto inolvidable junto a mi padre, Miguel Ángel Márquez: viajábamos en un recordado Jeep rojito desde nuestra ciudad natal rumbo a San Cristóbal. A lo largo del camino polvoriento de la geografía tachirense, era obligado cruzar la meseta de Santo Domingo. En aquel tiempo, el lugar era conocido popularmente como el aeropuerto de Campo Cumbural, una modesta pista de aterrizaje que precedió a la actual infraestructura del Aeropuerto Internacional de Santo Domingo del Táchira. En aquella época, Campo Cumbural servía de escala estratégica para pequeñas aeronaves provenientes de los hatos del Alto Apure – Guasdualito y Palmarito-, cuyos pasajeros desembarcaban en la meseta para continuar su trayecto por vía terrestre hacia San Cristóbal. Ese paisaje de infancia quedó grabado en mi memoria como el primer testimonio aeronáutico de nuestra región.
Una historia personal
Años después, siendo Diputado al Congreso de la República, en una oportunidad en la que coincidí en las instalaciones del ya transformado aeropuerto de Santo Domingo con el colega parlamentario Gustavo Tarre Briceño, surgió una grata conversación casual. Fue él quien me reveló un lazo familiar significativo: era esposo de una de las hijas del mayor Buenaventura Vivas Guerrero. Animado por aquel encuentro y tras posteriores conversaciones con el cronista de la ciudad de San Cristóbal, Luis Hernández Contreras, me di a la tarea de revisar fuentes bibliográficas y hemerográficas para escudriñar la trayectoria del ilustre oficial cuyo nombre honra a nuestro principal puerto aéreo.
Trayectoria y formación militar
El mayor Buenaventura Vivas Guerrero se consolidó como uno de los más destacados y brillantes pilotos de la Fuerza Aérea Venezolana durante la mitad del siglo XX. Nació en San Cristóbal el 4 de junio de 1919, en el seno de un honorable hogar tachirense formado por don Buenaventura Vivas y doña Clemencia Guerrero de Vivas. Inició sus primeros pasos y estudios militares en la Escuela de Clases de La Grita, desde donde posteriormente ingresó a la Escuela para Oficiales de la Aviación Militar Venezolana para consolidar su vocación aeronáutica. Su formación profesional fue de un rigor impecable y de proyección internacional:
Paracaidismo: En la comisión realizada entre enero y octubre de 1942 en Fort Benning, Georgia (EE. UU.), Estudios Aeronáuticos: Realizados a partir de agosto de 1943 en Corpus Christi, Texas, Traslado de material bélico: El 17 de enero de 1948 cumplió la misión especial de trasladar a Venezuela desde EE. UU. los aviones F-25 para la aviación militar, Estado Mayor Aéreo: En junio de 1950 realizó estudios superiores en la República Argentina, otorgado por la Escuela Superior de Guerra de ese país. Su escalafón de ascensos refleja una impecable hoja de servicios: ascendió a Subteniente el 1 de enero de 1941, a Teniente el 5 de junio de 1945, a Capitán el 30 de enero de 1947 y a Mayor de la Fuerza Aérea Venezolana el 1 de enero de 1951 -coincidiendo esta última fecha, como dato de coincidencia personal, con el día de mi propio nacimiento-.
Reconocimientos y última misión
Por sus incuestionables méritos, el mayor Vivas Guerrero fue honrado con valiosas condecoraciones del Estado venezolano: Orden del Libertador en el grado de Caballero, Orden Cruz de la Fuerza Aérea Venezolana en su Segunda Clase y Orden Militar General Rafael Urdaneta en su Tercera Clase. En marzo de 1953, el Gobierno nacional lo comisionó como jefe de la misión oficial de la Fuerza Aérea enviada a Europa para adiestrarse en la operación y mantenimiento de la pequeña flota de aviones a reacción Canberra y Gloster Meteor caza de combate contratados para el país. Trágicamente, el 16 de junio de 1953, en el cumplimiento de su deber durante un vuelo de adiestramiento en un avión a reacción Meteor a unos 100 kilómetros de Londres, la aeronave que piloteaba se estrelló.
Su prematuro y sensible fallecimiento, ocurrido el 16 de junio de 1953 en tierras británicas, causó un profundo impacto en la institución armada y de manera particular, en la Fuerza Aérea Venezolana, a la que entregó su vida destacándose siempre por su acendrada disciplina, espíritu de trabajo y un insaciable anhelo de superación. Sirvan estas líneas de homenaje para rescatar del tiempo, la memoria del insigne aviador tachirense con cuyo nombre se bautizó el aeropuerto que une a nuestra tierra con el resto del país y el mundo. Dedico con especial afecto este artículo a la hija del mayor Buenaventura Vivas Guerrero, Iris Vivas de Tarre y a nuestro amigo y apreciado compañero de parlamento, Gustavo Tarre Briceño.
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