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Bomboy, trenzando la resistencia permanente en medio de la derrota | Por Oswaldo Manrique

por Oswaldo Manrique
22/02/2026
Reading Time: 13 mins read
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Por Oswaldo Manrique

Podíamos señalar que a raíz de ese encuentro violento entre el Señorío Tribal y el Poder imperial, representado por dos célebres varones de su tiempo, uno caudillo indígena, el otro ocupante de tierras por “derecho de conquista” y con buena indiada (Encomienda del Valle de Bomboy) en el 1600,  surgió y fue el inicio que echó las bases para la formación del pueblo colonial esclavista denominado “Pueblo de Doctrina San Pablo Apóstol del Bomboy”, antes comunidad indígena Bomboy, en el territorio en donde hoy está levantada La Puerta.

 

Mucho antes de que llegaran el Portugués y sus jipatos barbudos

En 1549, cuando el español Diego Ruiz de Vallejo, entró a Escuque y a los distintos pueblos serranos buscando minas de oro e inventariando sus riquezas, los indios fueron hostiles, oponiendo resistencia y guasábaras de guerra. Tenía la orden expresa de exterminar a los rebeldes (Hermano Nectario María. Investigación.1963), que dieron pequeñas victorias a los indígenas comandados por el caudillo Bucay.  Fue en ese año, cuando seguro se produjo, la decisiva conversación entre el viejo jefe del Valle del Bomboy y el inmutable, talentoso y maravilloso sacerdote Chegué, a raíz de haber recibido a unos Zaparas que huían de la persecución por algunos desvaríos en la laguna de Coquivacoa. Cansados y hambrientos se les brindó con la acostumbrada jícara repleta de la chicha fresca del día. El sumo sacerdote, al llegar  a la casa principal de la aldea, se acercó a la mujer e hijos del caudillo, y los roció con el agua que sacó de su bolso sagrado, preguntándoles:

  • ¿Ih-match-kupe? Todos le respondieron:
  • ¡Kuek suaj! Él, riéndose asintió con la cabeza.

 

Cuando estaban reunidos los dos, sin testigos, se sentaron frente a frente, en la estera. Chegué le preguntó por los dos Zaparas que habían estado en la aldea, y le dijo:

– Mabujay-ustate. Se les atendió de puerta abierta, como a otros amigos, que vienen por los caminos del Coquivacoa, les dimos manta y comida. Ese día, comimos guaka. Pero al verle los ojos que se alojaban en la profundidad, entendió la importancia de esos hombres. El sabio le dice:

– Huían porque se negaron a obedecer a los forasteros que saquean La Laguna.

– ¿Y quiénes eran?  Chegué, parsimonioso y calmo, le respondió:

–  Son dos pequeños jefes y traían noticias extrañas de más allá del Coquivacoa.

– ¿Cómo cuáles Chegué? Interrogó el viejo caudillo.

– Comenzaron con lo que está ocurriendo en las costas cercanas a La Laguna, y más allá, la quema de los mares de los Caribes y Taínos, candela y cenizas.

– ¿Qué les ocurrió? Insistió el principal de la tribu.

– Llegaron unos hombres extraños en canoas enormes, movidos por telones y el viento sobre las olas. El sacerdote impulsó el interes del jefe y este lo sondeó:

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– ¿Cómo son esos extraños hombres?

– Con mucho pelo en la cara, jipatos y hablaban que sólo ellos se entendían en su lengua secreta -agregando- saquearon y quitaron todo a las aldeas  y el que desobedece lo agarra el Keuña.

 

El anciano jefe del Bomboy era un ser pacífico, no se molestaba, ni se enfadaba siempre buscaba conciliar pero desde ese día se alojó en su pensamiento ¿Será que nos vienen tiempos de oscura tormenta, como los de Dorokokoe? ¿Será un castigo? Hizo una respetuosa reverencia al Chegué, del que esperaba obtener buenos augurios. Y, simplemente salió a caminar con su cuchillo de obsidiana, su sombrero de cola de burro y con su inquebrantable energía hacia sus lugares secretos quizás a la Piedra de los Muñecos en el Maen Shombuk (Siete Lagunas) a consultar al firmamento celeste y a Kachuta. La posibilidad del castigo futuro para su pueblo, tenía que consultarlo, para saber si llegaría a esta aldea.

          Al meditabundo y maduro cacique, solo se le escuchó:

  • <<Madre Chaseugn que estás en la montaña, con tu pálida luz alumbra mi cabaña. Padre Reupa, que alumbras con ardor, no ilumines el camino al invasor>> (Del Canto Guerrero).

Varios años después, en 1557 entra a Eskuke el extremeño Capitán Diego García de Paredes y sus soldados, invade y ocupa el pueblo aborigen del cacique  Jaruma, al tomarlo, lo convierte en la ciudad denominada “Trujillo”, pero ésta, quedó envuelta en la crueldad y el valiente Jaruma, ante esa situación convocó a la guasábara de resistencia a sus escukeyes, se reúne con Pitijoc y su lugarteniente Pitisay, y acudió por ayuda en los pueblos cercanos como los Bomboyes, Jajoes, Esnujaques y Timotes, y consigue también ayuda de los chacoys Mimbós, Cáus, Cheregüe y de los indígenas moradores de la Laguna: de los Motilones, Buredes, Quiriquires, Moporos, de los Bobures con su jefe Alile; y con ellos emboscan y dan muerte a varios invasores españoles. Al mejorar la situación de la guasábara, Jaruma se calma, pero no Pitijoc ni Pitisay quienes continúan con el acoso a los españoles, porque percibían el grave peligro que éstos representaban.

Para este tiempo, Kusman, trae al mundo al principal señor del Bomboy,  hijo del viejo caudillo, a  quien formarán como jefe  principal e histórico de los nativos de este Valle. Se calcula que pudo haber nacido en 1559.  Bomboy, el sugestivo nombre que le puso, en lengua indígena es río de aguas espuma, fuertes y altivas. Este Cacique o Chacoy, fue el líder de los aborígenes de las aldeas dispersas a todo lo largo de este valle y sus páramos.

Por los requerimientos ancestrales establecidos por la nación Timotes, el carácter de este notable jefe indígena, con su particular sensibilidad, era el de un hombre reservado, reflexivo ante las turbulencias que le tocaron, observador de los hechos y de decisiones firmes, contrastaba con sus rasgos fisonómicos, de total dinamismo, baja estatura, articulaban en él una reconocible belleza, hasta el punto de fundir su nombre con el de su tierra y río sagrados: Bomboy.

La llegada del Capitán portugués y sus huestes al valle de Bomboy

Salían de sus chozas de piedra, acercándose al centro de la Aldea, cuando vieron entrar una fila de soldados, todos armados, sudorosos, algunos con armadura, comandados por uno montado sobre el lomo de su bestia negra que golpeaba el suelo al andar, imponente aquel hombre, de ojos profundos y barba castaña, fornido, con capa abierta y gorra de terciopelo. El que cargaba el estandarte se paseaba de un lugar a otro, enseñando la cruz colorada, a la que eran fieles. La tropa de soldados iba a pie, con experiencia en el uso de la espada, el arcabuz y la lanza. El Comandante era el Capitán portugués Tomé Dabuyn, Buy o Avoin.

El Capitán portugués, de los primeros conquistadores, Alguacil Mayor y Alcalde de Trujillo (1571 a 1576), decidió antes de ocupar definitivamente las tierras del Valle, lograr la conversión de Bomboy el caudillo, quería entenderse con él. Tenía claro sus objetivos y se los dijo: convertir los indios que encontrara al cristianismo y lograr juramentarlos como vasallos del Rey de España y se la habia dicho:

– Aquí haremos un pueblo para ustedes, tendrán que pagar tributo a su Majestad, de todo lo que haya de valor aquí, de todo lo que encontremos, de todo el algodón, las comidas y cualquier riqueza.

 

Un día pudo observar como el padre Montero le predicaba a un grupo de indios, por medio de un intérprete que andaba con él, posiblemente de los de la encomienda de Joan Roldán, acerca de lo que significaba el único Dios de los cristianos. Los nativos se tornaron sorprendidos, agitados y sin entender y le preguntaron a Bomboy, y éste, también sorprendido, les dijo:

– Nuestros dioses que son varios, no los podemos abandonar, si lo hacemos nos caerá castigo a todos. 

Más allá del río, había un sitio tupido de manglar y guadua, sumergidos de tal forma que protegía la desembocadura del río, su escape y junto con la aromática vegetación y la alegre fauna convertían aquello en un paisaje paradisíaco, lo llaman el Cío. En las mañanas iban las mujeres y sus hijos a bañarse, a lavar y a conversar. El portugués y varios de sus marañones armados cruzaron el cercado de guadua y se encontraron con este lugar emplazado en el propio lecho; allí estaban reunidos. El Capitán portugués emplazó a Bomboy diciéndole:

– ¡Alegraos cacique, que aún estáis con vida! Muchos murieron desde este encuentro, algunos quedaron discapacitados, otros sin orejas.

– La derrota no es una situación permanente -dijo Bomboy- en su dramático y profundo soliloquio.

Se calcula en base a las cifras aportadas en 1579 por el Alcalde de Trujillo, Alonso Pacheco, que en este Valle había una población aproximada de 5.500 habitantes. En 1608, quedó reducida a un poco más de 900 habitantes. El 26 de marzo de 1601, el Gobernador Alonso Arias Vaca, le otorgó al Capitán Juan Álvarez de Dabuyn, el vencedor de Nigale y los Zaparas, la “Encomienda Valle de Bomboy”, que había desistido su padre Tomé Dabuyn Pereira, por el que pagó 120 pesos por derechos. Tomé  tuvo encomienda en Boconó desde 1560.

Vencidos e invadidos en 1575 prácticamente suprimidos, las tribus y comunidades pasaron a ser “vasallos” del nuevo Rey, a pesar de eso, para el joven Bomboy había otro tipo de resistencia para reivindicar la dignidad de su pueblo.

La cosa cambió en 1608, cuando el Obispo Alcega transmutó el Valle de la laboriosa y pacifica comunidad, en “Pueblo Cabecera de Doctrina” o de concentración y reducción de indios esclavos. 

 

El espacio territorial de Bomboy, es un valle surcado por un importante río que se une con el Motatán. Sus riveras con el tiempo se fueron convirtiendo en caseríos y pueblos, alrededor de las sementeras e industrias incipientes. En 1608, el Obispo Alcega, organizó para Trujillo la 7ma. Doctrina, en la que incluyó la “Encomienda Valle de Bomboy”, constaba de más de 900 indígenas de la etnia Timotes.  Junto con el Obispo Alcega, llegó el sanguinario Capitán Juan Álvarez Dabuyn.

A su lado, con extrema preocupación, se encontraban presentes y a su lado, Jasepe e Yguara, principales y cercanos colaboradores, observando como familias enteras iban llegando al estrecho valle, sometidos por las huestes y marañones de los capitanes y asistidos por unos hombres, también barbados, con faldones largos, rezando y cantando en su extraña lengua detrás del estandarte amarillo con la cruz colorada.  Así miraron, como iban llegando los valerosos Escukeyes, invadidos y derrotados.

Mientras, en el páramo de las 7 Lagunas, se asentaban los animosos Xikokes, en Tierra de Loza, se establecieron los alfareros, cerca Komboko y su tribu en los límites de los Esnujakes y Jajoes, de esta parcialidad fueron trasladados por su rebeldía varios grupos indígenas, y el cacique Pitimay se asentaba con su gente hasta los lindes de El Humo, en el valle del Bomboy en una reconstruida comunidad, ejercía el liderazgo de la dispersa tribu indígena de las riberas del río, el llamado Cacique y señor del Bomboy.  Partían de aquí, las bases humanas y materiales sobre las que se cimentaría con el tiempo, un pueblo llamado San Pablo Apóstol del Bomboy, conocido hoy con el nombre de La Puerta.

Acabaria Bomboy, sometido y encomendado (Titulo de Encomienda Valle de Bomboy, otorgada a Juan Álvarez de Dabuyn 19/05/1611). Para el momento de la llegada del encomendero colonizador Juan Álvarez de Dabuyn, hijo del “Portugués”, ya Bomboy era un hombre mayor, de amplia experiencia y con mucha sabiduría dentro de los labriegos de la tribu. Su comunidad se encontraba  fortaleciendo la fase de sedentarismo y la aplicación de las técnicas agrícolas y del modelo de producción colectivista de los Timotes.

Probablemente nuestro caudillo indígena por unos pocos días, vivió, fue testigo de la invasión militar y religiosa por los infantes y curas europeos. En pocos años la magnitud de la ocupación por la encomienda y el reparto, fue desplazando forzosa o voluntariamente a los indígenas, quienes sólo contaban con armas muy simples y rudimentarias para enfrentarlos y resistir la ambición del colonialismo. Se desconoce en qué sitio y cómo murió Bomboy, ni en qué fecha, salvo que en 1611 fue mencionado en el otorgamiento de la “Encomienda Valle de Vomboy” y “Quebrada de Comboco”; se piensa que fue una de las primeras víctimas del encomendero Juan Álvarez de Dabuyn,  para coronar su objetivo de ocupación de este valle, luego del genocidio cometido en el Lago de Maracaibo; no obstante, cierto es, que la vida del jefe Bomboy, a la llegada de los genocidas invasores, estuvo cargada de mucha angustia, sacrificio, de turbulencias, de desgarro de su mundo comunitario, armónico y tranquilo, y su reacción de rechazo lo convierte en un glorioso personaje de  la  historia de esta interesante, laboriosa y pacifica comunidad de “hablantes del Muku o Mutú”.

La derrota no es una situación permanente.  Elementos y expresiones de la indirecta y pacífica resistencia indígena permanente:

Cuando he planteado lo de la resistencia indígena en el área de las encomiendas del “Pueblo de Indios San Pablo Apóstol del Bomboy”, hoy La Puerta (no confundir con la Encomienda y posesión del mismo nombre ubicada en la parroquia Mendoza, norte del Valle), como respuesta al despojo, maltrato, sometimiento e invasión europea, lo sostenemos en varios elementos que considero importantes, a saber: la omisión por parte de los cronistas, de más de 80 años de historia (1600-1687), sin referencia documental demográfica alguna sobre la marcha y evolución de este pueblo indígena, a pesar que se estableció el régimen de encomiendas con distribución de más de 5.000 indígenas, delimitación de tierras, inicio del proceso de formación de la propiedad territorial y fundación de pueblos; lo que tambien ocurrió con otros pueblos andinos (Martí, encontró en 1777, como primer Libro de Registro de bautismos, matrimonios y defunciones de esta parroquia, uno de 1.720, afirmando la existencia de 349 almas (Briceño Perozo: 92). Los datos del censo realizado en este pueblo de doctrina, por el Alférez Diego Jacinto Valera y Mesa, Alcalde de Trujillo, en que registra que de los 4 caciques y 2 mandones de este Pueblo de Doctrina, establecida la economía de plantación, haciendas de caña dulce, trapiches, molinos, industria de cuero y telares, sólo había un jefe ladino y de buena razón, los demás no querían hablar en castellano (Encomienda del Capitán Alonso Pacheco de Mendoza, nieto del genocida Juan Pacheco Maldonado), explica la fuerte resistencia que había para ese tiempo en aceptar la religión católica, tampoco hablar el español y menos aceptar las costumbres europeas (Acta de Valera y Mesa. Cuarta Doctrina. 14 noviembre 1687, en Castellanos Villegas, Rafael Ramón. Recorrido por las tierras de los Cuicas. pág. 79).

Existen datos importantes que perfilan, una resistencia indígena de carácter permanente en el pueblo de Bomboyes, hasta su genocidio en 1891. Se puede destacar que no hablaban el español, lo conocían pero siguieron comunicándose en lengua timote (Martí, 1777). Otra de las quejas del Obispo Mariano Martí, era que estando todos catequizados en este pueblo, no cumplían con las actividades litúrgicas católicas (Martí, 1777); seguían con sus ritos y creencias politeistas.

Los censos de población realizados a lo largo del devenir de esta parroquia, se observa la progresiva disminución de la población indígena de La Puerta, entre ellos los realizados por: Alcega en 1608, otorgando y ordenando las primeras encomiendas de indios; Valera y Mesa en 1687; el ordenado por el Presidente liberal Antonio Guzmán Blanco en 1875; los resultados del Juicio de Partición de las posesiones del  resguardo indígena en 1891, que fue la fase final del proceso de desintegración y privatización de las tierras del resguardo y extinción de los indígenas; el recorrido del geógrafo francés Bennett en 1920, que demuestran en conjunto una línea conductual genocida por parte de quienes se apoderaron de este valle del Bomboy.

La obvia fuga o huida de quienes se protegían de las garras de los genocidas (Castellanos), yéndose para protegerse, a los páramos, a los cumbes o a los pueblos motilones del lago.

Un dato no menos interesante por lo sugestivo es que en el informe del Obispo Mariano Martí de 1777, los pueblos de Siquisay, Santa Ana, Carache, Boconó, Santiago del Burrero, Jajó, la Mesa de Esnujaque, Escuque, San Jacinto, tenían caciques hereditarios, mientras el pueblo de La Puerta no tenía cacique hereditario ni electo, ni conforme a las leyes de indias de 1614 y 1628, que consagraban el respeto a ese derecho. Esto nos sugiere que, para este año en que hizo la evaluación de esta comunidad indígena, habían sustituido o liquidado el cacicazgo natural hereditario, lo que se traduce en signo de resistencia de los aborígenes, a pesar que, se pudo conocer que hubo herederos del cacique o tabiskey Bomboy, en la primera década de la época republicana cuando menos, por encontrarse un acta de bautismo que da fe de su nacimiento (Libro de Bautismos de 1810, de nuestra Parroquia).

Mantuvieron el apellido de su cacique, por lo menos hasta 1810. El apellido Bomboy, bien por emplearlo sus descendientes o parientes o bien como tributo a su caudillo rebelde, lo siguieron utilizando los nativos de La Puerta, aun a comienzos de la época Republicana. En el memorial de José Rafael Abreu, señala que en el libro de Bautismos de la Parroquia La Puerta de 1810, se encuentra una partida que reza lo siguiente: “En La Puerta en quince de julio de mil ochocientos y diez años puse ole y chrisma y di vendicion Canónica conforme al Ritual Romano a José Manuel hijo natural de Ma. La Paz Bomboy, India Tributaria de este pueblo: nació el día ocho de mayo del presente año: lo bautizó Juan Bernabé Briceño y lo tubo Concepción Tafalléz y en la Iglesia José Ignacio Tafalléz y su mujer María Elena Rondón, tributaria de este pueblo…Franco Rosario D.” (Abreu, José Rafael. La Puerta, un pueblo. Editorial Arte. 1969). Obsérvese que, a pesar del comienzo del tiempo independentista, y de haber transcurrido dos siglos de genocidio, los indios esclavos tributarios insistían en usar como apellido, el nombre del cacique Bomboy, en lugar del encomendero. Esta acta de bautismo, está suscrita por el padre y prócer independentista Francisco Antonio Rosario, párroco de La Puerta.

De la misma forma, trascendieron sus topónimos indígenas, por encima del coloniaje cultural con toda su fuerza histórica, no así los antropónimos. El hecho documentado que fue un pueblo que se mantuvo étnicamente casi totalmente puro.

Los comentados antecedentes, nos ayudan a tener una idea, que el principal líder de esta comunidad y sus herederos y seguidores, estuvieron trenzando la resistencia permanente ante la derrota, por lo menos hasta 1891,  ante esa mezcla de pasividad y de guerra, de resistencia y de crueldad esclavista, de locura y esperanza, que se produjo a raíz del encuentro violento del grupo de conquistadores, comandado por el Capitán portugués Dabuyn, en la comunidad indígena Bomboy. Comunidad ancestral que tenia como destino, según nos induce a pensar el Dr. José Gregorio Hernández en su visita en a la aldea en 1888, la formación de estadíos superiores de convivencia. Este pasaje dialéctico de pasiones y convicciones indeclinables, forman parte de la historia local de La Puerta.

 

 


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