Para los tachirenses, la realidad económica fronteriza exige respuestas urgentes. En medio de una economía dolarizada de hecho e influenciada por el peso colombiano, la exigencia es un salario mínimo de entre 500 y 800 dólares mensuales. Una cifra que permita cubrir gastos esenciales de la canasta básica alimentaria, salud y servicios.
Los consultados manifestaron su molestia porque el ingreso en Venezuela sigue diluyéndose a través del bono de la patria, un subsidio que no incide en el cálculo de beneficios contractuales.
“Mi esposo es el que gana el bono, yo no tengo bono. O sea, medio comer, porque lo que se compra es un par de cositas. Ese bono no alcanza para nada. Bueno, se compra dos paqueticos de harina pan, un kilito de azúcar, una paquita de arroz y dos sardinitas. Eso es todo, porque ni para verduras se puede comprar ni nada”, expresó Magaly Panqueva, habitante de San Cristóbal.
Para los jubilados de la educación, las promesas de aumento salariales ya no tienen validez, porque después del primero de mayo, cuando el aumento no tuvo ningún tipo de incidencia se sienten defraudados.
“Una desilusión, con tanta dificultad y carencia económica que hay en el país. Decirte que tengo la expectativa de qué puede suceder, no te puedo opinar, sino solamente decirte: seguimos cobrando un indigno sueldo de 130 bolívares con un engaño de un bono que no alcanza para hacer un mercado, porque entre una bandeja de carne y una verdura se va el bendito bono. El salario mínimo debería estar con una base sobre los 600 dólares, sobre los 600 dólares, por hablar de ser justa, pero no es lo justo de acuerdo a la inflación”, dijo Luisa Gutiérrez, docente jubilada.
Profesionales del sector salud consideran que el aumento salarial debería superar los 800 dólares, pues los ingresos actuales no cubren medicamentos, alimentación, ni el paso de servicios básicos.
“No vivimos con un irrisorio sueldo de 130 bolívares. A eso es lo que el señor Trump dice que estamos felices los venezolanos, que aquí estamos riendo con unos salarios que de verdad no nos alcanzan para comprar ni los medicamentos, ni la cesta básica necesaria. No es posible que en un país que se está generando tantos millones de dólares, a nosotros no nos hayan ni siquiera hecho un reajuste salarial. Los bonos no son salarios. El salario mínimo hoy en día debería ser de 800 dólares, aparte de las contrataciones colectivas que existen en cada sector público venezolano”, dijo Marina Galvis, enfermera jubilada con 38 años de servicio.
Frenar las distorsiones cambiarias junto al aumento salarial es otra de las exigencias de los tachirenses. Los cambios entre el bolívar, el peso colombiano, el euro, el dólar y su representación virtual, hacen que el salario sea menor que en el resto del país.
“Para que alcance el salario, un aumento debe ser por lo menos un mínimo de 500, pero real del salario. No más bono, el bono no es un sueldo. La realidad entre el peso, el dólar, el euro y las diferentes monedas que existen, el Binance, todo esto afecta directamente el bolsillo, ¿por qué? Porque tú vas a comprar y lo que te puede costar 3000 pesos, que en teoría son aproximadamente 1 dólar, te puede costar entre 2000 y 3000 bolívares que supera de sobremanera lo que es realmente el dólar”, manifestó Joel Zerpa, habitante de San Cristóbal.
Los tachirenses encuestados no confían en las promesas de aumento salarial por parte del Gobierno interino. Sin embargo, esperan que sea una prioridad para la mesa de negociación y el gobierno de los Estados Unidos, pues aseguran que el bono no es salario y no les alcanza ni para comer.
