Aula de papel / No podemos rendirnos ni resignarnos

Antonio Pérez Esclarín

pesclarin@gmail.com

 @pesclarin

 

Resulta inexplicable cómo en estos años de chavismo-madurismo Venezuela, que era uno de los países más prósperos del continente,  se ha convertido en uno de los  más miserables. De país de acogida y de oportunidades, se ha convertido en un país de adioses donde millones huyen en estampida porque no ven aquí la posibilidad de vida digna.

Posiblemente, después de las guerras de independencia y federal, vivimos  los tiempos más negros en toda la historia de Venezuela. Hoy, sin haber sufrido guerra alguna, y sin ser castigada por algún  terremoto o cataclismo, nada funciona en Venezuela y vivimos  en total incertidumbre.

En Maracaibo, al menos, no sabemos si nos llegará el agua o si por fin llega, después de muchos días de espera angustiosa, será barro más que agua. No sabemos cuándo volverá a irse la luz y por cuántas horas. No sabemos a qué precios amanecerán los huevos, el queso, la carne, los tomates. No sabemos si podremos ir al trabajo o si tendremos que viajar en un camión como animales.  No sabemos cuántas horas de cola tendremos que soportar para que nos surtan de gasolina, mientras presenciamos cómo los bomberos dejan pasar a quienes quieren porque les untan la mano con prodigalidad mientras los militares miran para otro lado.

No sabemos a qué precio amanecerá el dólar lo que supondrá una escalada indetenible de todos los productos, mientras presenciamos atónitos cómo se desploma la supuesta soberanía del bolívar soberano. No sabemos si habrá clases o si podrán llegar los maestros o profesores. No sabemos si la pensión nos alcanzará al menos para comprar la mitad de las pastillas para la tensión del mes.  No sabemos qué vamos a hacer si nos enfermamos o si se enferma algún familiar. No sabemos si algún día volveremos  a tener teléfono e internet en la casa. No sabemos si podremos arreglar el carro, comprar  cauchos o cambiarle el aceite. No sabemos si podremos renovar el pasaporte, la cédula o la licencia de manejar. No sabemos cuándo aumentarán por fin la gasolina, a qué precio y cómo y a quiénes será subvencionada. No sabemos si convocarán en diciembre un referéndum para que votemos por la nueva constitución después de que intenten comprar nuestros votos con bonos y promesas.

Cuando converso con algún chavista y le planteo que me diga una sola cosa que funcione bien, evade el tema, culpa de todos los males al imperio y me empieza a repetir la cantaleta de la guerra económica.

La incertidumbre genera miedo, indecisión, paralización, derrotismo. Si no sabemos si tenemos futuro, para qué hacer planes. Por ello, la gente trata de sobrevivir cada día mientras otros  se aprovechan de la situación en una lucha de pueblo contra pueblo.

Pero no podemos resignarnos ni rendirnos. Son tiempos para personas resilientes, valientes, comprometidas, que no se acostumbran ni se rinden. Son tiempos para hacer realidad lo del bravo pueblo del himno. Para ganar la batalla de la libertad, debemos estar convencidos de que podemos ganarla. Si piensas que estás vencido, lo estás. Si piensas que perderás, ya has perdido, Si piensas que no vale la pena el esfuerzo, nunca te esforzarás. Si piensas que puedes, que podemos, triunfaremos.

 

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