Antonio Vale: el juglar de la ciudad sin nombre / Por Ramón Rivas Aguilar

Sentido de Historia

Una foto para el recuerdo, Antonio Vale Briceño, Ramón Rivas Aguilar, Alexi Berríos Berríos, tres historiadores, tres trujillanos de primera línea de las letras universales.

 

El catire, Antonio Vale, amigo entrañable, amigo del alma, se fue de esta tierra bendecida por los dioses. Su cuerpo y su espíritu yacen en la cuidad sin nombre que amó intensamente. La ciudad de las colinas que tanto cautivó el ánima del vasto imperio romano. La ciudad del hormigueo mercantil, de los juegos y de los viejos trapiches con sus inmensos cañaverales. La ciudad que se embriagaba con el coqueteo del relámpago del Catatumbo y con el resplandor de los mestizos colores que desparramaba el arco iris por los cielos valeranos. La ciudad que fascinó el ánima del catire Antonio Vale al develar en su interior su destino vital. La ciudad que poetizó con sus cuentos y su novela. Su vida un acontecimiento. Un pasar. Un fluir vital. Un sendero. Una trayectoria vital que recorrió con su memoria y su gigantesca imaginación, cobrando vida con la palabra con el fin de retratar su mundo, los otros mundos, sus personajes, en imágenes y ficciones, que hizo grande su pasión literaria. Una faena poética que inmortalizó la ciudad sin nombre, la ciudad de Valera, que la universalizó en la mirada según el periodista, reportero gráfico y cronista Luis Huz. Allí reside su grandeza y su belleza al descubrir con la técnica de la escritura esta ciudad presente en cualquier sendero geográfico de este inmenso planeta. Su faena vital, su vena literaria, la proyectó a lo largo del tiempo en distintas geografías, en Valera, en Caracas, en Mérida, y aquel pueblito, cerca de Escuque, La Mata, donde añoraba su entorno natural y humano, sus libros y su perro. En esos pasajes naturales y sociales alimentando su pasión poética al estilo de la poética aristotélica como la expresión creativa del espíritu humano. Toño Vale, un poeta con todo el resplandor espiritual del mundo helénico.

Antonio Vale, el catire, un juglar, uno de esos personajes de la época medieval, que, entre senderos y atajos, con el juego de la palabra y la imaginación, nos entretenía con sus relatos, con sus cuentos, con su novela con el goce divino de su ánima. Un juglar que tiene una importancia vital en la literatura venezolana con una técnica narrativa que no tiene nada que envidiar a figuras estelares de la literatura de América Latina. Dejó una obra literaria inconclusa. Murió a los 75 años. La edad del silencio vital, de la sabiduría y la serenidad en la que no concluyó su gran novela histórica sobre el caudillismo trujillano y Juan Bautista Araujo, el León de la Cordillera que cautivó la febril imaginación del Catire Antonio Vale. Una novela de trascendencia histórica para la comprensión vital del proceso histórico trujillano y venezolano. Como lo comentaba, en algunas oportunidades, la poesía tiene más de verdad que la historia, me decía. Su modelo histórico- literario la célebre novela de Carlos Fuentes: Tierra Nostra.

II

 

Sus amigos y profesores de la Universidad de Los Andes: Nelson Pineda y Amado Moreno convocaron a los trujillanos y valeranos, al palacio de las Academia, en la ciudad de Mérida, para hacer un homenaje póstumo a nuestro entrañable amigo Antonio Vale. Fue un acto hermoso sobre esta figura estelar de la literatura venezolana, en la que se denotó sus diversas facetas y miradas. Quienes participamos en ese bello encuentro, aproximadamente unas catorce personas, cada uno de forma espontánea, reveló con todo el entusiasmo la riqueza infantil, juvenil, espiritual, política, universitaria, literaria y artística del catire Antonio Vale. Amado Moreno, el responsable de la apertura del acto, dejó correr en la mesa un álbum fotográfico que recoge las distintas imágenes del Catire con su generación en los distintos tiempos de su vida. Luego, Nelson Pineda tomó la palabra: quebró su voz. Dijo: desde los cuatros años, en atajos y caminos con el Catire. Contó algunas anécdotas interesantes. Una de ellas, cuando lo invitó para que lo acompañara como embajador en Paraguay, la respuesta del Catire fue contundente: Nelson, a mí no me gusta Chávez. La licenciada Carmencita de Pineda, nos describió el Antonio como el “Niño profundo”. Una experiencia vital que ella descubrió en Boconó, en unos carruseles. El vuelo de su fantasía en ese instante del goce divino en el niño de siempre. La licenciada en Arte, Isabel Rojas, destacó el valor de la familia y la amistad que se profesaron su padre el pintor, Rafael Rojas y el Catire. Así, reveló una faceta poco conocida del Catire: su sensibilidad por el mundo del arte. Nos leyó una o dos cartas que él les escribió a su padre y a ella, sobre la pintura de Rafael Rojas. Una imagen del Catire que me cautivó: Valera el algodón de las nubes. Su vena poética. El profesor de la Escuela de Educación, de la Facultad de Humanidades y de Educación de ULA, Pedro Rivas, nos habló de Antonio Vale y su espíritu universitario. En ese instante, expresó que este homenaje al catire Antonio Vale enaltecía la Universidad de Los Andes. El economista Eugenio Graterol, relató sus experiencias con el Catire en los diversos lugares valeranos, en la que el dios Baco y la música embriagaban el ánima dionisíaca de Antonio Vale. El vicerrector Administrativo de la Universidad de Los Andes, Manuel Aranguren, nos describió un Antonio Vale conversador, dicharachero, jocoso, una faceta distinta del Catire. Esa experiencia la vivió en La Mata, en la casa de la pulga Peña. A pesar de tan lamentable circunstancia, era vital retomar la iniciativa del dialogo para darle vida a la universidad. El historiador y profesor de la ULA, Pino Pascuchi, nos habló del Antonio Vale, el estudiante, de la vieja facultad, recordando su oratoria política, con su fina ironía, dura e implacable, con sus enemigos políticos, con la decencia que lo caracterizaba. En la taberna del viejo Juan, política y literatura en la mirada del Catire. En el bar de Luigi, con la mejor Rockola de Mérida, su canción favorita: Natalí de los Hermanos Arriagada. Desde la mesa de billar: una ronda para los muchachos. Fumaba más que una hetaira griega. El humo de sus cigarrillos, se esparcía como las viejas locomotoras lo hacían en la época de la revolución industrial. El profesor de la ULA, Juan Pedro Espinoza, nos describió su faceta literaria y la pasión del Catire por el cine. Uno de sus mentores y de una influencia vital en su poética literaria su cuñado Pedro Luis Hernández. Una experiencia vital de dos personas que amaban la literatura como fase superior del espíritu humano. El Dr. Roberto Rondón Morales, ex-decano de la Facultad de Medicina, de la ULA, en un tono pausado, sereno y sonriente, dijo que tenía una imagen indirecta del catire Antonio Vale. Nos explicó el significado etimológico y filológico de su apellido “Vale”, que representa una empresa política, valiente y digna. Representa la metáfora de un valle. Asimismo, contó dos anécdotas con carga de honda ironía y de sabiduría que mostraba de porqué Antonio Vale tenía que retornar a esta tierra con su familia y amigos que lo amaban. Un Toño Vale en el cielo moriría de hastío y aburrimiento. Concluye con una idea de interés vital: Antonio Vale, el catire, debe resucitar. El profesor del Núcleo Universitario Trujillo, Alfredo Matos, lo conoció a mediado de los setenta. Él, tenía una visión holística del mundo. Antonio era una fiesta intelectual. Era genial. Duro, irónico y sarcástico. Ironizaba con imágenes sobre tema eterno del mundo trujillano: la pugna histórica entre Trujillo y Valera. En esa cálida y hermosa conversación, sobre el catire Antonio Vale, resalté su faceta política, su pensamiento libertario y liberal que maduró con el tiempo. Asimismo, su espíritu dionisíaco que se desataba en su ánima con el juego de billar y el baile de San Benito. El goce divino de un mortal en la vitalidad de su existencia mediante el mundo lúdico. De igual modo, su vena poética y literaria que marcó su destino vital desde muy joven. Su fina ironía e irreverencia, con el estilo clásico del fascinante mundo de la cultura griega. Sin duda alguna, el catire Antonio Vale tiene un lugar de importancia en la literatura venezolana. Uno de las nuevas generaciones de la poética, cuentistica y novelística de la cultura literaria trujillana. Su narrativa nada que envidiar de figuras literarias de América Latina.

Solía escucharle, en varias oportunidades, una oración de mucho contenido poético sobre Doña Elda, su madre: ella miraba a través de la persiana de una ventana el mundo. En esencia, la imagen de la filosofía moderna en el quehacer filosófico francés René Descartes. En este diálogo en torno a nuestro entrañable amigo, el catire Antonio Vale, nos acompañaron la profesora de Ciencias Políticas María Carolina Santiago Vergara; el cronista Ramón Sosa, secretario ejecutivo de la Academia de Mérida y el licenciado en Comunicación Social y abogado, Pedro Velázquez. Nuestro agradecimiento por compartir con estos coetáneos y contemporáneos, valeranos y trujillanos, este acto sencillo y hermoso sobre nuestro entrañable y amigo del alma el catire Antonio Vale.

Finalmente, concluye este acto sencillo y hermoso sobre el catire Antonio Vale, el colega Amado Moreno, emocionado, expresó con el Catire, entre atajos y senderos desde los 11 años. Una experiencia vital que recoge el mundo cotidiano de una época en la que se fortaleció una bella amistad de respeto y admiración mutua. Comenta sobre Antonio Vale, un infante de muchas aventuras, muy gracioso y cómico. En esos andares juveniles, Antonio Vale ingresa a la Acción Católica, un movimiento religioso valerano, en el que el Catire se convierte en un fervoroso cristiano. Con el tiempo, rompe con la Acción Católica y se transforma en un marxista ortodoxo. Cuenta Amado Moreno, que mantuvo una polémica intelectual con él en defensa del cristianismo contra su visión comunista y atea, por unos cuantos años. Una polémica de respeto y altura intelectual. Con el Catire, en el trajín universitario entre Caracas y Mérida, vivieron la experiencia política y educativa de la renovación universitaria. Una sólida amistad por encima de cualquier disputa política e ideológica.

Para terminar esta magnífica conversación sobre el catire Antonio Vale, culmina Amado Moreno con una lectura interesante de una cronología vital acerca del Catire, un material valioso para escribir en el futuro, una biografía de este insigne escritor, un auténtico juglar del mundo medieval.

 

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