Ana Enrique Terán. Jajó su árbol poético | Por: Pedro Frailán

 

“La literatura es la imitación de la naturaleza”.

Aristóteles.

 

Jajó está hecho por La mano prodigiosa de Dios o la madre naturaleza. Para la literatura  en cualquiera de sus géneros; la novela, el cuento, la poesía o el ensayo, es un lugar para el desarrollo del imaginario, de la palabra y cultivarlos con la escritura. Jajó es agricultura donde podemos ver en primer plano matices de verdes, al final convertidos en matices de amarillos. Es neblina donde aparecen y desaparecen los lugares, los humanos y las cosas según su capricho. Donde el tiempo se detiene, las nubes se transponen, es enigma, también es ocaso. Pueblo de tapiales, puertas anchas y ventanas largas, tejas, trojas, zaguanes con coloridos jardines.

Calles de piedra impregnadas de soledad sombras que conjugan la ficción con la realidad, espacios abiertos para el mito,  las creencias y por supuestos los espantos recobran una vida imaginaria en un determinado tiempo que producen escalofríos y tensión. Creencias como el canto de una gallina que anuncia la muerte de un humano, al igual que los cantos nocturnos de los búhos o lechuzas, bien sea el fallecimiento  o la buena nueva.  El mito de la Morita que se encuentra en la cumbre de la imponente montaña, que su furia es detenida por la santísima  cruz, ella es la que protege  al pueblo  y a sus habitantes. Lluvia, alborada y frío ponen a titiritar  a cualquiera en un tiempo decembrino.

“La tejedora de imágenes”. Ana Enriqueta la literatura así lo describe  José Napoleón Oropeza  en la presentación del corpus poético “Casas de Hablas”, galardonado con el premio nacional de literatura en 1989.

Esta valerana, se trasladó desde Margarita hasta Jajó  para continuar escribiendo  su poesía franca, veraz, abierta, elegante, una imagen de su personalidad. En este lugar la complejidad con la naturaleza  hacen que siga escribiendo sonetos edificando con enésimos y hermosos versos, silabas, tercetos, construyendo sonetos clásicos. Ana Enriqueta es la gran exponente venezolana  de la poesía barroca del siglo XX y parte de lo que va del actual.  Una mirada a Luís Góngora y Lope de Vega, que son parte del siglo de oro de la literatura española.

Jajó marca su inspiración plasmada en “Casa de Hablas”, “Casa de Pasos” y “El Libro de Jajó” el cual contiene los poemas: ir y venir . Cabeza de  camino, Columniña. Enriqueta en junio. Padre y madre. Así era. Así es. Encuadres y lejanías anteriores. Modos de irse. Su cruz, su número. Solturas del buen trato. Desempeño de niña. Ninguno canta. Trama  de mediodía. Después del silencio. Todo visto desde lejos. Árboles. Salir de nuevo. Contando pasos. Desande y niebla. Cabrilleo de niebla. Todo cuanto dar. Riesgos. Enriqueta Arvelo Larriva. A la gente del amparo. Anuncios y ruegos.

Símbolo para la literatura. El árbol ha sido un símbolo para la literatura  mítico-religioso, la poesía  se ha encargado de enaltecerlo y hasta de glorificarlo, lo reconocen las culturas más antiguas llegando a cualquier espacio geográfico  del planeta. Para algunos pensadores  en tiempos pasados y actuales es sagrado. “Samanes, jabillos, árboles todos como privilegio, cesantías de tonos, rumores para sondear silencios asistidos de vuelos de sombra desmenuzadas en propia coloración verdeoscuro” (243:1991).

Para Ana Enriqueta, el árbol es el bosque es la universalidad, es el cosmos más cercano a nosotros, protección, fuente de vida, transcendencia. Jajó en sus adyacencias es grandes árboles, firmes permanentes en el tiempo.

“Este  es vuestro árbol. Así era. Así es. (…)Luego vuelve su estatura de anciana. Cuya sombra en perspectiva de soledad y de nieblas” (240>:1991) Es hogar de halcones, pájaros, ardillas, culebras, mariposas, e insectos. Además alberga  otras plantas, orquídeas, bromelias, helechos, sirven de sombra y paraguas al hombre sus frutos son fuente de vida. Su habitad se dimensiona e integra con la soledad. Hay sido y es una constante en la creación de la literatura latinoamericana:; Macondo, Cómala, Cubagua, entre otros esta soledad puede ser absoluta. “En medio de la neblina el día se hace más oscuro y la noche es más sombría”. Ana Enriqueta interpretó el paisaje para construir poesía.

Ana Enriqueta y Jajó. Viviendo aquí recibe el Premio Nacional de Literatura en 1989, por la recopilación de su obra  titulada “Casa de Hablas”. Sonia Rodríguez de la poetisa, nos comenta: “De Jajó ella tenía buenos recuerdos”. Aquí fundo la Escuela de Costura, ella era muy buena costurera, produce alta costura, bordaba, tejía, hacia bisutería. Además le gustaba la cocina, crear animales, loros, guacamayas, morrocoyes, gatos perros, fue un símbolo moral . su filosofía “aprendiendo ganamos todos”, fue una ama de casa completa.

Añoraba a Jajó y a su gente, se tuvo que ir por problemas  de salud, ya que le pegaba la altura. Su premio nacional de literatura hizo que este pueblo fuera una referencia nacional, vinieron muchos a visitarla sobre todo gente de las universidades.

El muralista venezolano Gabriel Bracho, plasmó para la posteridad, en un lienzo la belleza de Ana Enriqueta Terán, en 1949 en la ciudad de Buenos Aires, con el pincel grabo imponencia de la conquistadora de la poesía barroca de venezolana de todos los tiempos.

 

 

 

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