Alí Medina Machado un símbolo vivo de la ciudad | Por: Pedro Frailán

Alí Medina Machado

Pedro Frailán.

En tres oportunidades, he tenido el placer y la responsabilidad de tratar con esta persona de gran calidad humana y de gran valía para Trujillo, como lo es el profesor Alí Medina Machado. En una oportunidad tuve el compromiso de ser el prologuista de uno de sus libros que nos habla del también trujillano “Laudelino Mejías”. En otra ocasión, un 23 de abril, Día Internacional del Libro, escribí para el Diario de Los Andes una semblanza de él, del profesor Medina Machado, una gran satisfacción porque exaltar el libro, la escritura y el idioma, es coincidir con el profesor Alí Medina Machado, pues, según mi apreciación, él es nuestro Andrés Bello, trujillano.

En otra ocasión, en un congreso de Literatura trujillana, analicé y diserté acerca de diversos géneros literarios por él tratados, trabajados y enseñados ampliamente, como lo son: la crónica, el cuento, la poesía, la novela y el ensayo; variedad de títulos los cuales ha desarrollado y publicado. Empecé a tener contacto con este docto personaje, a quien no conocía, ni siquiera había visto, pero  era su admirador y seguidor por medio de su programa radial “Manantial”, transmitido en la sultana musical de los Andes Venezolanos, Radio Trujillo, 1280 AM, todos los domingos de  9:00 a 10:00 am y, también, a través de sus artículos publicados en el Diario El Tiempo.

Yo tomaba del programa Manantial el resumen cultural de la ciudad, el cual, se había desarrollado durante la semana, a partir del Ateneo de Trujillo, ya que este programa nació desde esta Institución formativa, educativa; por el mismo, habían pasado dos antecesores, Juan de Dios Chacón y Bertha Briceño de Márquez. Con una programación variada, donde además, informaba de otras instituciones que ejecutaban este tipo de actividades, como por ejemplo, el Núcleo Universitario Rafael Rangel, Diócesis de Trujillo, Biblioteca Central Don Mario Briceño Iragorry, entre otras.

De verdad que durante la semana se desarrollaba una rica agenda cultural citadina, en diversas manifestaciones culturales. Manantial nos informaba, pero lo más interesante, es que nos educaba de manera amena, placentera, de manera muy diferente a como nos ensañaban en el liceo. Allí teníamos la oportunidad de conocer sobre la música venezolana clásica, la ejecutada con la Orquesta Sinfónica Nacional, La Orquesta Filarmónica Nacional, la Orquesta Típica Nacional.

Un género que siempre presentaba, era los valses venezolanos, lo más importante, su explicación, el origen, autores y rasgos biográficos. Así sucedía con la música clásica universal, era un poquito de cada cosa, por el tiempo del programa. Cada domingo al oír Manantial me sentía nutrido, ilustrado, más dispuesto a las clases del liceo, me abrigaba más sabio. ¿Por qué? porque a cualquier conversa, pregunta de cultura general que surgía entre pasillos, cafetín u otra participación en clase fluía con conocimiento, eran aportes para destacarse, de hacerlo, eso era lo máximo. En silencio consigo mismo, le daba las gracias a Manantial.

La primera vez que vi al profesor Alí, fue en un concierto con la Orquesta Sinfónica del Estado, el cual, se hacía dos veces al año, el de Semana Santa y el de navidad en la Iglesia Chiquinquirá, en la Calle Arriba de Trujillo. Ahí estaba presente aquel hombre que domingo a domingo me ilustraba; siempre lo veía entrar a radio Trujillo. Trujillo es una pequeña ciudad que se acentuó en un pequeño valle y a través del tiempo se ha ido extendiendo a otros valles, hoy es una ciudad entre valles. Pequeña en territorio, pero inmensa en su historia, es una villa fundacional de la República, junto a otras seis ciudades de Venezuela, tanto de oriente, como de occidente en trazarse un proyecto de pre e independencia.

Recordemos que justamente un 24 de junio de 1813, en la Plaza mayor, el Libertador ratifica a la República. Yo soy de los que pienso que Trujillo está completamente registrado, esquina por esquina, lugar por lugar. Personajes, hechos, tradición y, en tantos hechos de la realidad con la palabra impresa y eso se debe al oficio de escribir de Alí. Y, me pregunto, si  las otras seis ciudades estarán igual de registradas como la nuestra.

El profesor Medina, es un símbolo vivo de su pueblo, es el Mario Briceño Iragorry contemporáneo, por su querencia y sentido de pertenencia y amor a la Patria chica, lo demuestra con su escritura, un hijo de la quebrada de Los Cedros.  De cedro son las columnas de la Catedral que está cimentada ahí desde 1662. De su obra se puede crear la Escuela de Cultura trujillana, con pensamiento propio.

Toda su obra debe estar servida en la web, para que recorra el mundo y seamos más universales. Hoy, la ciudad está deteriorada, el tiempo es inclemente, pero, hace más daño nuestra indiferencia, el descuido humano y el separarnos de nuestras raíces. Pero no es la primera vez que esto le sucede. Recordemos el terremoto, la destrucción del pirata Grammont, la guerra de la independencia. Frente a esas dolencias se levantó, lo hizo porque había honor y dignidad. Recientemente vivimos un crimen cultural de gran dimensión.  Es el tiempo de volverse a levantar y como fuente de inspiración, el pensamiento, la escritura de Alí Medina Machado, darle un merecido reconocimiento a la ciudad que nunca envejece, para recordar a otro Gran Trujillano, Don Mario Briceño Perozo.

 


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