Alberto Romero, el infatigable guardián del Parque Turístico La Lagunita | Por: Oswaldo Manrique

 

Por Oswaldo Manrique

El clima, el paisaje y el monumento natural que ofrece el Parque Turístico La Lagunita, en el estado Trujillo (Venezuela), es uno de los más agradables espacios recreacionales y de atractivo hábitat para distintas especies faunísticas, así como, de la biodiversidad. Allí, se pueden encontrar varias especies de aves, asentadas y temporeras, y un interesante mundo de peces. Fácilmente puede observarse ejemplares de vistosos colores y formas como el imponente Barbo Rosi, el mismo que se engulle los huevos del resto de los peces, o la agradable Bailarina, o el tranquilo Telescopio, o las resplandecientes Cometas, Espadas y el hermoso Coy japonés, todo un interesante reservorio acuático. Detrás de tanta belleza y atractivos para su conservación, hay una historia y unos personajes.

 

Alberto Romero, el hijo del encantador de aguas

 Se desconoce esta estupenda historia, digna de narrar. Ese hermoso manantial y cuerpo de aguas, que podemos disfrutar en el histórico sitio de El Portachuelo, en el paso de Bolívar y sitio de los más cruentos fastos de los tiempos de caudillos, queda a 10 minutos de la población urbana de La Puerta, estado Trujillo; que le da el enérgico impulso al río Bomboy, que riega el valle del mismo nombre y finalmente, derrama sus aguas sobre el Motatán (Briceño Valero, 36); lo sorprendente es que ese monumento hídrico no emergió de una glaciación o algún hecho portentoso, sino de una simpática ocurrencia de un agricultor emprendedor, que le resultó en un hecho maravilloso.

La historia de La Lagunita, es simpática, serrana y compleja. Rememora su mayor custodio: Alberto Romero, que siendo muy pequeño acompañaba a su padre Miguelito -así lo llamaban en el pueblo y en su familia-, a ver ese terreno que no exhibía mayor cosa, era muy escaso para la agricultura, pero como ya había comprado el primero y lo sembraba, se fijó en donde estaba la pequeña naciente de agua, no había siembra ni laguna, y pensó que era ideal para su propósito: sacar la carretera a Isnabús, a poca distancia de ahí, y de esa forma uniría los dos caseríos. Alberto y su padre Miguelito Romero, son nativos de la vecina tierra de las ostentaciones y solemnidades mágicas: Isnabús, el motivo del surgimiento de este hermoso monumento natural.

Como tributo permanente, recuerda cómo adquirió su padre este terreno, <<Se fue al Páramo, a Piedras Blancas, a buscar a Francisco Villarreal “Mano Chico”, el papá de Pablito el de la esquina de la Prefectura. Le propuso comprarle por 500 bolívares que era mucha plata en esa época y no aceptó. Se decepcionó después del madre viaje que hizo, al no cuadrar el negocio. Cuando está saliendo de la casa, salió Baldomera que es prima de Blaza, mi mamá y le reclamó a “Mano Chico” ¿y cómo va a dejar ir a Miguelito si es familia?  El hombre cambió y lo llamó a conversar y le vendió por suma mayor>> (Conversación con Alberto Romero. La Lagunita. 2 de abril 2026), esto ocurrió en 1963.

Le pregunté ¿qué motivó a Miguelito a comprar ese terreno en El Portachuelo?, antes no se llamaba La Lagunita. Romero, inmediatamente, explicó: <<Que ya había comprado donde hoy está la Capilla, que lo donó papá. Y entre sus planes inmediatos estuvo el hacer una carretera hasta Isnabús donde había nacido, unir ese interesante sitio, con El Portachuelo, no había laguna. Su cuñado Rafael Villarreal y el suegro Guillermo Villarreal le seguían en la idea primero y no existía Ministerio de Ambiente>> (Conversación citada), en efecto, para ese tiempo, las autoridades estaban pendientes de perseguir los “cachicamos”.

 

 

El despertar mágico de la laguna escondida

La laguna emerge en todo el espacio que hoy podemos ver, Miguelito Romero tenía un tractor y se propuso sacar desde ahí, un camino agrícola hasta Isnabús, recuerda su hijo Alberto que, <<debido a que el movimiento de tierra generado por la construcción de la carretera, al primer invierno, generó una  creciente y el agua llenó la cañada existente, ya que solo había una naciente de agua y una canal por donde corría el agua hacia Tafallés>> (Ídem), para esa época, alrededor, existían solo unas 7 casas.

En el invierno del año 1965, como un hecho mágico, al producirse la crecida del zanjón que anegó el lugar, apareció lo que fue una bendición, el hermoso estanque natural, que hoy se conoce como La Lagunita y de donde se fue conformando el Parque Turístico del mismo nombre. Los planes de Miguelito no se le dieron, quizás llegó a pensar que no fue buen negocio haber insistido en comprar ese terreno. Recuerda Alberto Romero que, <<Los primeros 10 años duró así como surgió, sin hacerle nada. Alguna gente subía de vez en cuando a ver lo que había dejado la crecida. La carretera era muy mala, pero llegaba gente. Fue en el 74-75 que asfaltaron la carretera. En el pequeño pedazo que nos había quedado sin anegarse, llegaban y se paraban los visitantes>>, muchos a averiguar lo que veían como una desgracia de la vaguada o desastre de la naturaleza, y los que nos buscaban para que les contara lo ocurrido.

La pérdida del terreno, se convirtió para su padre, para él y sus hermanos en una experiencia inusitada: <<Luego, este sitio se iba llenando de carros de familias que venían a hacer picnic, a pasear, a jugar bolas criollas, montaban sus carpas, lo tenían como un sitio de esparcimiento, recreacional, entonces siendo yo el hijo mayor, converso con papá de que había que hacer algo de utilidad en el terreno, aprovechar el rinconcito que nos quedó. Fíjese, primero comenzamos a vender pastelitos, empanadas, sancochos, arepa de harina, café y chocolate, pusimos las primeras cuatro mesas, algo de entretener: compramos una rocola, y más adelante, logramos la licencia de cerveza. Decidimos hacer este local, Miguelito me ayudó económicamente, nosotros mismos éramos los ingenieros, albañiles, obreros y ayudantes, fuimos ampliando, luego la posada. Otro vecino se entusiasmó y así comenzamos el Parque>>. El lugar, donde está el Parque La Lagunita, antiguamente llamado El Portachuelo, fue el lindero o espacio de frontera entre la Capitanía General de Venezuela y el Virreinato de la Nueva Granada. De ese hecho, deriva que para 1777, el Obispo Martí, llamó al pueblo indígena como San Pedro de Bomboy, alias “La Puerta”, hoy Parroquia La Puerta.

 

 

De estanque secreto y oculto, al Parque Turístico y Recreacional La Lagunita, orgullo turístico trujillano

 Alberto, su infatigable y celoso guardián, relata los inicios del Parque,    <<Entre las primeras obras que tuvimos que resolver, fue que la laguna botaba agua subterránea en los terrenos de Luis Alfonso Rivero y se anegaba el llanito, ahí donde está el paseo de caballos y área recreacional,  teníamos un pantanal, nos reunimos y nosotros mismos le metimos una tubería subterránea  y se drenó el terreno, e  hicimos un tanque del zanjón que sirve al negocio de Luis Alfonso y al mío, eso lo hicimos en los 80, una especie de regreso que descarga en la laguna>>; ya teníamos experiencia como albañiles, con las primeras construcciones para atender a los visitantes.

La Lagunita, está custodiada por espesas montañas parameras, nutridas por largas quebradas que parten desde el mágico Maen Shombuk (las Siete Lagunas). Es considerada una de las tres más importantes atracciones turísticas del estado Trujillo, pero no se cuida ni atiende sola, <<Una o dos veces al año, se le hace mantenimiento, se limpia el estanque. Mi hermano Guillermo, que es conservacionista se encargó de la siembra de los pinos en los años 80 y del cultivo de los peces y se hace el control y saque de las algas, cuando el alga está muy crecida, hay que comenzar a sacarla>>. Agrega que, <<También, se controla el pino, que es depredador, acaba con el resto de la vegetación, me refiero a la tradicional fauna de montaña>>.

La comunidad que se ha venido formando alrededor de ella, la ha convertido progresivamente en un Parque Turístico y Recreacional, procurando mantener el celoso cuido de este humedal, de acuerdo a las restricciones del Régimen de Protección de la Subcuenca del Río Momboy (Bomboy) y por estar ubicado dentro del Parque Nacional Sierra de La Culata.

 

En La Lagunita los más sabrosos platos criollos andinos, compitiendo con la mejor sopa francesa de cebolla.

Con orgullo, Alberto Romero señala que, <<este fue el primer restaurante de La Lagunita, «Mi Rinconcito», enseguida las hermanas González, aquí mis vecinas, en su vieja casa de tapiales montaron también una especie de restaurant, vendían arepa de harina y comida criolla, y alojaban personas en su casa que querían quedarse>>, se hizo imperativo crear posadas familiares.

Sobre la marcha fueron aprendiendo y cita que, <<Entonces fuimos estableciendo un menú criollo, luego con truchas con Bernarda, de tercero vino Luis Alfonso a partir de los 80, y se popularizó la laguna, ya como sitio gastronómico con comida criolla e internacional y fue un boom para esa época porque se comían los platos muy exquisitos>> inclusive de comida mediterránea.

Realmente qué te motivó para continuar en esto, que es una actividad tan absorbente, expresó: <<el negocio turístico no es fácil. Cualquiera no invierte porque la recuperación del dinero invertido es muy lenta, por goteo. Nos hemos mantenido por la constancia y el sustento familiar>>, su mayor fortaleza.

Romero reconoce, con agradecimiento la experiencia obtenida, <<en 1981 llegó un señor llamado Juan Roch que hablaba nueve idiomas, era checoslovaco, fue gerente de hotel, durante la guerra salió huyendo de su país con su familia montado en el encerado de un camión. Su esposa Ana Smith, de orígen austriaco, y le gustó este lugar; con él aprendimos todo lo que significaba el mundo de la coctelería y de la barra. Luego llegó Darío Correa que es colombiano, trabajó en buenos restaurantes en Caracas, como La Estancia y el Hato Grill,  y elaboramos un menú con varios platos y comenzamos a trabajar más organizadamente entre los años 80 y 90 >>. Fueron aprendiendo sobre la marcha.

Por aquellos tiempos llegaba gente variada, <<deportistas, artistas de televisión y varios cantantes, por ejemplo: Popy lo trajo el promotor y presentador de artistas Eugenio Salinas, quien recomendaba que la mejor sopa de cebolla estilo francés se come aquí. Eugenio Salinas  trajo  varios artistas y les decía “van a comerse la mejor sopa de cebolla de Venezuela”, así lo decía y así lo difundía. Una noche, sentado con un cliente, Jesús Losada el de restaurant Fuente de Soda La Central de Valera, estábamos hablando y me dice sorprendido ¿viste quién salió?  No.  Fernando Carrillo y la Fulop, y luego iban llegando otros artistas de la televisión y músicos de Maracaibo. Carmelito uno de los meseros los atendió>>; manifiesta sin jactancia, que su negocio se convirtió necesariamente en una escuela de turismo local, allí se formaron mesoneros, barman, cocineros.

 Contó que, <<Un día llegó un señor muy famoso a nivel de la televisión llamado El Conde Dalecio que estaba casado con una de las señoras Burelli, nuestras vecinas, recuerdo que también llegó el actor y cantante Carlos Mata, que cargó a Francisquito mi hijo, un hombre muy atento, no era pedante. Vino aquella señora que le decían “Malula” la Concejal, de la Radio Rochela, y una mujer muy simpática que es Rosario Prieto también de la televisión.  En el presente siglo, cuando el tiempo ya de Chávez vinieron los “Robertos”, gente muy agradable, de mucha chispa y bueno en ese tiempo venían los políticos, venía el coronel Arias Cárdenas, que fue gobernador, el alcalde Di Martino, Pablo Pérez, Juan Pablo Guanipa quien por cierto, se enteró de mis ideales zurdos y  dijo: “pasámele la tarjeta al compatriota”; son parte de sus vivencias, en este esfuerzo gastronómico y recreacional.

En 1988, fue un año de esfuerzo, y de logro familiar y comunitario, <<avanzamos un poco con la construcción de la pequeña posada y en el 2013, cuando mi hijo Daniel impulsó la remodelación>>, le dio un remozamiento al viejo establecimiento.

Han sido muchas las distinciones, reconocimientos y homenajes recibidos por este emprendedor, sin embargo, confiesa que su mayor satisfacción es el reconocimiento y aprecio que le manifiesta el público por el cuidado que le da personalmente al estanque natural. En 2012 el licenciado Germán Ferrer, periodista de Maracaibo, le hizo un video aquí, que fue muy difundido <<y muchos estudiantes que venían aquí por información, también la gente de Radio Turismo y Radio Valera hacían sus bonitos reportajes sobre este Parque Turístico y el esfuerzo que hace aquí la comunidad trabajadora para dar la mejor atención a los visitantes>>; esto es permanente.

 

El visionario detrás del Parque Turístico y Recreacional La Lagunita

Uno de los emprendedores y quizás el personaje más emblemático de este lugar, a pesar de su modestia y sencillez, es el señor José Alberto Romero Villarreal, o simplemente Alberto Romero, quien con su padre Miguelito Romero, el propietario de estas tierras, le dieron el impulso necesario para lograr lo que es hoy este sitio turístico, que le da empleo y beneficios a cientos de personas.

Junto con sus hermanos, que también coincidían en ese sueño, fueron gestionando ante los organismos públicos, el mejoramiento de la protección del estanque natural. Miguelito, sus hijos y otros vecinos gestionaron oportunamente lo de la protección, y fue entonces que el antiguo Ministerio de Agricultura y Cría (MAC), desarrolló un programa para arreglar y estabilizar el estanque y drenar los terrenos cercanos a ella y se ejecuta el cercado del estanque, que hoy protege a La Lagunita.  Fue un gran logro el cercado.

Cuenta que en los días tranquilos, algo en aquel estanque siempre le susurra, como recordándole que hay algo pendiente,  por hacer, revela: <<Es difícil equilibrar la innovación con el respeto y protección a la naturaleza, porque hasta en guardián del parque tuve que convertirme. Un tiempo, se requería más seguridad, y donamos el terreno para la construcción del puesto de la Guardia Nacional>>; en el 2016, la sucesión Romero, le dio el terreno, la Guardia Nacional le dio seguridad a la zona eso también es un logro.  Antes, su padre Miguel Romero, habia donado el terreno para la bella Capilla de San Martín de Porres, la que está cerca del Estanque, facilitando un espacio de oración para los de la comunidad y para los visitantes.

Cuando mejoraron la carretera para vehículos, fueron llegando más visitantes y turistas.  En 1975, después que fue asfaltada la vía La Flecha-La Lagunita, observando que su terreno se convirtió en un estacionamiento de carros de los que iban a visitar el estanque los fines de semana y de fiestas, se reunieron los hijos con Miguelito Romero, para ver que hacían en este sitio; fue cuando decidieron montar un <<pequeño negocio familiar, una cafetería y una venta de pastelitos que fue creciendo hasta ser lo que es hoy, transformándose en un sitio turístico >> (Ídem); surgiendo el primer negocio de comidas, que posteriormente se convertirá en Restaurant Posada Mi Rinconcito.

  

Alberto Romero, de visionario a convertirse en el infatigable guardián del Parque Turístico La Lagunita

  Sus ideas, proyectos y obras siempre tuvieron un objetivo: concretar el Parque Turístico y Recreacional. Otras personas se han sumado con sus creaciones, otros abandonan, pero los pioneros han seguido adelante con esto, que con buen esfuerzo e imaginación han levantado en comunidad. José Alberto Romero Villarreal, es un trujillano de extracción campesina, cuya constancia y permanencia ha logrado progresivamente junto con su familia y vecinos, la materialización de convertir un paraje aislado, sin atractivo, de paso de montaña, con apenas unas pocas casas, en un destino turístico maravilloso, es decir, transformó un pequeño y apartado caserío de los Andes, en uno de los espacios turísticos y recreativos más interesantes y visitados del país, generando un impacto socio económico en la comunidad,  en la Parroquia La Puerta, y fortaleciendo al mismo estado Trujillo, que hoy es considerado destino turístico.

Le comenté que este año, hubo muchos visitantes en Semana Santa.  Explicó que, en ésta calcula que <<llegaron unas 10.000 personas. Para año nuevo y del 15 de julio al 15 de septiembre hay mayor afluencia porque son más días. Aquí trabajan alrededor de 120 personas que incide económicamente sobre 120 familias de aquí y de fuera que se benefician de esta actividad del Parque Turístico La Lagunita>>; por cierto, Alberto es muy ducho en matemáticas y cálculo, lo que lo ayuda a enfrentar los espejismos, que nunca faltan.

 

Su gran desafío: no abandonar lo iniciado

Han pasado más de 60 años, de aquel despertar de la laguna escondida, Alberto, refiere sobre las perspectivas de La Lagunita,  que, <<crecimiento en el área no lo veo, optimizar estos recursos que se tienen. Lo que hay pendiente es en sentido visual, el embellecimiento, más plantas ornamentales porque hay capacidad de alojamiento y áreas recreacionales>>, son parte de los susurros y secreteos que le hace el monumento.

Orgulloso de su empeño turístico ambiental, revela que La Lagunita, <<como destino turístico, se fortalecería con incorporar y llevar la actividad a los alrededores, esos paseos organizados al Páramo Siete Lagunas, Paramito, Isnabús, Cordillera, Mocotí, Aposentos. Una ruta a Agua Fría, ideas que uno viene madurando que le daría desahogo a La Lagunita>>, son parte de sus reflexiones. El hombre de esta serranía de La Culata, se caracteriza por su conexión con la naturaleza, la que respeta, igual que el trabajo comunitario, las tradiciones y la reciprocidad en el trabajo y la solidaridad, son características esenciales de la personalidad de la gente serrana.

El espléndido día del visitante, culmina bajando por la sinuosa carretera, con la hermosa vista y panorámica de la parte alta del pequeño Valle del Bomboy, rumbo a Valera. En La Lagunita, queda, don Alberto con su esposa Hilda Rosa Solarte de Romero, se casaron en 1979 en La Puerta, y sus hijos, Verónica, Daniel, Francisco y Mayra, a la espera del próximo día, discreto en su trabajo, sin alharaca, avanzando en forma reservada con cada logro sin celebrarlo, perfilando sus sueños y disfrutando lo que constituye su mayor motivo emocional y espiritual para seguir adelante: La Lagunita.

 

 


 

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