A: Simón Bolívar | Por: María Sara Vivas Araujo

Simón Bolívar. Foto cortesía Academia de la Historia.

 

Por: María Sara Vivas Araujo

 

¡Es lindo el valle de Caracas! Por las faldas del Monte Ávila bajan el Catuche y el Caruata rodeando el talle de la villa en húmedos abrazos, mientras el río Guaire parte el burgo por el sur y el Anauco, por el este, brindándole el torrente de sus aguas. El inmenso Ávila preside la vida de la ciudad envuelto en chales nebulosos y el cielo se viste de colores inverosímiles por sus tonalidades, como los contrastes luminosos de un telón de ópera.

Cuna de Bolívar (1982)

 

En el lindo valle de Caracas, con gran revuelo en el hogar, nació Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Ponte y Palacios Blanco, un 24 de julio de 1783. A doscientos cuarenta y tres años del Natalicio de Simón Bolívar, apremia el estudio, análisis, praxis educativa y social de su pensamiento, sus conceptos y procedimientos transversales de su gesta emancipadora por la libertad, la soberanía y, visión integracionista; pluralidad de propósitos para apuntalar el crecimiento, desarrollo, bienestar armónico de la patria, concepción en perspectiva válida, que no se compara con la severa precariedad que ha acompañado a Venezuela en lo que va del siglo XXI.

Simón Bolívar, hombre valiente y pundonoroso; imperturbable, incorruptible, demostrable en sus acciones que llevó a cabo desde muy temprana edad, como cuando quedó hijo huérfano o, al fallecer su abuelo materno o, cuando enviudó. Simón en su edad adolescente con dignidad, carácter y personalidad en sus decisiones con base en los valores y principios que delinearon la senda de su orientación, ante un tribunal manifestó con ardor su amor por la libertad, diciéndole a los jueces: “Ustedes pueden hacer con mis bienes lo que quieran, pero con mi persona, no. Si los esclavos tienen libertad para elegir amos, yo también puedo elegir para vivir la casa que me agrade”. (Simón Bolívar, más allá del mito.)

Simón vivió en la casa de sus padres con el tío y protector Carlos Palacios. Recibió clases de Simón Rodríguez, quien supo comprenderlo y ser su amigo entrañable; de él aprende el amor por la naturaleza, la importancia del ejercicio físico y al aire libre, la significación de la lectura; el maestro fue además, tutor de otras disciplinas, lo relevante fue que ejerció una gran influencia en su formación como figura histórica al forjarle el amor y el conocimiento por su suelo nativo. Es a él a quien confiesa en 1824, desde Pativilca, “Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que usted me señaló. (…)”. UNESR. (P. 172).

A los dieciséis años de edad, viajó a España, dedicándose a los estudios. Simón no sólo iba a estudiar Gramática, Ciencias Biológicas, Geografía, Francés y Matemáticas, sino a practicar danza, esgrima y equitación. Todo bajo la dirección del sabio Marqués de Ustáriz, en cuya casa vivía y, contaba con enorme biblioteca, donde saltaba de libro en libro intentando abarcar la sabiduría humana. Esta casa era centro de reuniones culturales

A su regreso a Europa, sigue en esa búsqueda de nuevos horizontes, en Madrid, conoce al alemán, Alejandro de Humboldt (1769-1859), junto a su amigo también naturalista, el francés, Aimé Bondpland (1773-1858). Humboldt, con su descripción científica y poética del continente le ilustró la vasta riqueza natural de la región, provocando en Bolívar la conmoción de su conciencia, lo que expandió su comprensión y revalorización del patrimonio natural floreciente en la región. Ambos científicos lo recrearon por las tantas especies desconocidas en la biodiversidad del majestuoso continente.

En esa continuidad, gira su mirada al rostro de lo político. Puso especial atención, a los acontecimientos ocurridos en Francia con la coronación de Napoleón como Emperador de Francia, (1804) de quien “quería gobernar al género humano”. En cambio Bolívar, quería que se gobernara por sí mismo. Para un joven inteligente como Simón Bolívar, Europa resultaba inquietante. España y Francia surcaban su imaginación como resonancias gloriosas; estaba en contacto con otras costumbres y otras estructuras institucionales en lo político, social y cultural.

En ese discurrir de exquisitez intelectual, se encuentra en París con Simón Rodríguez, quien lo coloca ante la obra de Rousseau, la cual, aplica los principios de la libertad individual, la soberanía popular y el republicanismo. Luego, deciden emprender un largo viaje que culminó con el Juramento en el Monte Sacro, en 1805. Aquí mismo, con significación vale relacionar, su Carta de Jamaica, la cual, redactó el 6 de septiembre de 1815, habla en profundo de lo político y social que entraña Hispanoamérica y plantea la unión, dejando claro su visión integracionista. Además, conocedor del territorio, describe palmo a palmo con sapiencia política cómo es la realidad desde México hasta la Patagonia, plantea que hay que superar las pugnas causantes de las divisiones y, apreciar la diversidad geográfica. Polisemia de gran sofisticación, de espíritu libertario con inspiración y convicción enriquece los propósitos de una estructura inteligible, mesurada, estratega, militar, política, educativa, de obligada presencia en su titánica empresa emancipadora.

El Aniversario del Natalicio de Simón Bolívar, Padre de la Patria, nos invita a pensar hondo a Venezuela y su urgente apología, con base en sus postulados y su concepción de la República. En el Congreso de Angostura (1819), Simón Bolívar hace énfasis en el gobierno republicano, la importancia de la separación de poderes, el respeto a la soberanía popular, jamás concibió los poderes concentrados en un individuo. Encumbrar a los paladines, quienes con sus acciones colocaron al servicio de Venezuela sus ideas y sus fuerzas, conscientes y valientes se enfrentaron al adversario para defenderla, hacerla libre y resguardarla. Es de gran relevancia la valorización de nuestros símbolos y, sentimientos que nos engrandecen como nación, de aquí la importancia del estudio de nuestra Historia como derecho y como sagrado deber.

Cierto es, que Simón Bolívar antes de que le otorgaran el título de El Libertador en 1813, y después, durante su trayectoria, hasta su última exhalación, estuvo acompañado de su ética y moral, inseparables los tres. Sus acciones determinantes configuraron su vida, presencia con entrega plena, ni menguas ni distracciones ni divagaciones. Evidente en su desenvolvimiento humanista y como líder político, en su desempeño luminiscente como militar y estratega, todo fervor a la causa de la libertad, la justicia, ¿Fue perfecto? ¡No lo fue! Pero, nada le opacó ni apocó su integridad, la cual permaneció íntegra. Genialidad que resplandece en su juramento a su querido Maestro y amigo, Simón Rodríguez, en sus proclamas, misivas, discursos, congresos…en sus acciones con educación, porque para él, “Moral y Luces son los polos de una república”. Yunta perfecta para la construcción de la sociedad justa y libre. La libertad de los pueblos de América basada en un modelo de sociedad cuyas Instituciones facilitarán a la ciudadanía una vida merecedora de vivirse.

Después de los movimientos telúricos acaecidos el 24 de junio de 2026, nos enfrentamos a la devastación, la pérdida, el luto, pero también se erigieron la unión, la solidaridad y la templanza como centinelas de los damnificados, mientras tanto, la tragedia reveló la sórdida desnudez de realidades alevosas, provocada por los organismos a quienes les atañe el bienestar de la ciudadanía, dando al traste con el Estado. Un gran aprendizaje para vernos en nuestra interioridad y comprender quiénes somos, es más, entender que como país tenemos que volver a enredarnos en profundo con nuestras raíces y amar nuestra  identidad, reconocernos como seres conscientes, integrales y ecociudadanos para emprender juntos la construcción del país. “Unirnos para reposar, y para dormir en los brazos de la apatía ayer fue una mengua, hoy es una traición”. (Simón Bolívar 1811)

 

Referencias consultadas:

Ruiz, Guillermo. (1982)Simón Bolívar más allá del mito. Publicaciones Reunidas. España. Cuarta Edición. Tomo I

Obras Completas. (1982) Simón Bolívar. Publicaciones Reunidas. España. Volumen I, III

UNESR. (2001) Simón Rodríguez Cartas. Ediciones Rectorado. Caracas – Venezuela

 

 

 

 


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