A Francisco González Cruz… | Por: Helder Durán

Palabras pronunciadas durante el homenaje que la Sociedad Civil Trujillana brindó a Francisco González Cruz en sus 80 años


 

Por: Helder Durán

 

Estimados amigos, representantes de las instituciones civiles, familiares de nuestro homenajeado. Ciudadanos todos.

Solemos, con una frecuencia que roza la hipocresía, reservar los elogios y el mármol para cuando el tiempo ya no permite el abrazo. Nos hemos malacostumbrado a aplaudir ausencias. Por eso, lo que nos convoca hoy aquí no es un simple protocolo, sino un acto de auténtica rebeldía civil : estamos reconociendo la lucidez, la obra y el carácter de un trujillano ejemplar en el epicentro mismo de sus ochenta años de vida.

Quiero expresar un agradecimiento institucional y de corazón a las organizaciones de la sociedad civil de nuestro estado que han tenido la agudeza y la voluntad de convocar este encuentro. Este esfuerzo conjunto no es un hecho aislado; es el reflejo exacto de esa sinergia comunitaria que el mismo homenajeado nos enseñó a cultivar. Al final, los pueblos con memoria y grandeza se reconocen en la dignidad de sus hijos.

Homenajear hoy al Geógrafo Francisco González Cruz es encender un faro para las nuevas generaciones que andan huérfanas de espejos limpios donde mirarse. Porque hablar de Francisco no es hablar de la geografía aburrida de los mapas mudos; es hablar de una geografía viva, interpretada desde el territorio, su gente y su potencial.

Como geógrafo, su mirada jamás se detuvo en el simple relieve de nuestras montañas. Su obsesión —y uso la palabra con todo el rigor de su nobleza— ha sido siempre el desarrollo sostenible, humano e integral del estado Trujillo. Ha sido el planificador de largo alcance, el ensayista que tradujo nuestra identidad y el ciudadano que jamás se mudó de la acera del compromiso.

Su aporte está allí: en sus propuestas de descentralización y en su defensa feroz de la trujillanidad como un valor de exportación civilizatorio. Francisco ha sabido recoger con maestría el testigo de los grandes pensadores de esta tierra; en su prosa y en su acción resuena la misma urgencia de un Mario Briceño Iragorry, recordándonos que un pueblo sin conciencia de su patrimonio y de su ser interior está irremediablemente condenado a la insignificancia.

Pero si buscamos la coordenada exacta donde su pensamiento geográfico, su humanismo y su amor por esta tierra se fundieron para siempre, tenemos que mirar de frente a la Universidad Valle del Momboy.

La UVM no es un frío conjunto de aulas y bloques. Es la obra más trascendental de Francisco González Cruz porque transformó una utopía intelectual en una realidad de piedra, intelecto y juventud. Concebida bajo su guía fundamental, esta institución nació para plantarle cara al centralismo y demostrar una verdad incómoda para muchos: que la provincia no es la periferia, sino el centro del pensamiento ; y que desde el corazón de nuestros Andes se puede y se debe irradiar la luz del saber para todo el país.

Sostener este faro de luz y excelencia en tiempos de asfixia, incertidumbre y erosión institucional no ha sido una tarea académica ordinaria; ha sido una auténtica gesta de resistencia civil y audacia intelectual. Francisco entendió antes que nadie que el verdadero desarrollo de Trujillo no dependía de las riquezas escondidas bajo el suelo, sino del talento que se cultiva con rigor sobre él.

Al fundar y liderar esta casa de estudios, sembró la semilla de una «universidad humana y sostenible». Un concepto de vanguardia que hoy camina y se multiplica en los pasos de miles de egresados que llevan su impronta de servicio. Quienes estudiamos de cerca la evolución de las organizaciones sabemos que su gran genialidad no ha sido solo diseñar estructuras, sino modelar una cultura donde el talento humano se dignifica, se cohesiona y se atreve a competir con el mundo.

Querido Francisco: llegar a los ochenta años habiendo edificado una universidad, firmado páginas imborrables en nuestra historia y cosechado el respeto unánime de tus coterráneos, es el único y verdadero significado de una vida lograda.

En nombre de esta sociedad civil que hoy te abraza con orgullo, te damos las gracias. Gracias por obligarnos a mirar el Valle del Momboy no como un simple accidente geográfico, sino como un destino de indudable grandeza.

Que Dios, Nuestra Señora de la Paz y San José Gregorio Hernández te sigan bendiciendo con salud y esa lucidez impecable, para que sigas siendo, por muchos años más, el geógrafo de nuestros mejores sueños y realidades como pueblo.

¡Feliz octogésimo aniversario, maestro Francisco González Cruz!

 

Muchas gracias.

 

 


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