Por: Blanca Reixach
La mujer es el horizonte de fuerza viva y transformación de la sociedad. Es el vaso cristalino cuya esencia se transforma en el devenir de cada día, transitando los caminos de la resistencia en una batalla de aciertos y desatinos por conseguir un lugar privilegiado en nuestra sociedad, transformando la adversidad en un legado de libertad.
La mujer es la arquitecta de los sueños encumbrados hacia una estabilidad personal, económica y social más humana, donde los valores espirituales lejos de verse ausentes sean la llama que entre las sombras haga renacer el pensamiento más puro de la voluntad de Dios.
Incorruptible en sus decisiones, es una transformadora innata que hace de las tempestades hermosas sinfonías entre sus silencios dolientes y valentías inacabables.
Y es que es tan hermosa y excelsa, que Dios decidió prolongar su luz a través de ella dotándola del más impresionante don jamás imaginado: » El traer hijos al mundo para perpetuar su amor en toda la Tierra.»
Mujer, gracias por tu aplomo, por la grandeza de tu espíritu, por llevar el vestido del resplandor del sol de cada día, por saber detener los momentos, aún cuando tus horas transcurran entre las costuras cicatrizadas del tiempo.
Blanca Reixach
Virgen María
Era una joven bella y sublime
con la inocencia de una flor, siendo elegida por Dios Padre
para ser la Madre del hijo de su amor.
Y cual capullo que abre sus pétalos
con la caricia del rey sol
sí se fecundó su vientre
para traernos al Salvador.
¡Dios te salve Virgen hermosa!
Madre del Creador,
ante tus pies me postro piadosa/ amándote con todo fervor.
Cuando miro en la noche al cielo
un canto dulce abraza mi alma, y un rayo de intensa calma
me llena de amor y consuelo.
No te enojes Madre mía
cuando en el caminar azaroso
me sientas distante en la lejanía,
es mi corazón que en su afán misterioso
se pierde en intensa agonía
y distrae mi alma soñadora
de tu amor, cual quimera añora.
Mujer
Eres la criatura que más brilla
en la inmensidad de la creación, siendo el renacer de la vida que comienza
a través de la mano de Dios.
Eres la magia que brota del viento
como un remolino de amor.
Luchadora, guerrera.
Surcando el cielo
para alcanzar las estrellas,
sin desfallecer,
donde el cansancio
es palabra ausente
y la lucha
es tu norte permanente.
Mujer dueña de casa
con dedicación y entrega
donde en tu transitar
eres el pulmón
que abriga a tus querencias
emanado de tu amor.
Mujer trabajadora,
forjadora de ideales
son tus horizontes inquebrantables
por pensar siempre en grande
y alcanzar las mieles
de tus ansiadas metas.
¡Eres grande entre las grandes!
No permitas que tristeza alguna
se albergue en tu corazón,
ni cadena que reprima,
ni coarte tu libertad.
Que se abran las puertas de tu espíritu quijotesco
donde desfilen los sueños
de tu paisaje interior,
aquellos que nacieron
desde tus miedos sombríos
y trascendieron muy libres
en un canto a la vida,
superando batallas
surcando los cielos
de innumerables victorias.
Blanca Reixach
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