| Fomentemos el desarrollo humano (y II) |
| escrito por Manuel Rivero | |
| domingo, 13 de mayo de 2012 | |
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Hoy
damos continuidad a nuestras ideas sobre el Trujillo posible. En la
primera entrega hablamos de la necesidad de que el Estado, el sector
privado y los ciudadanos participen en la definición de políticas
públicas que garanticen a las próximas generaciones el acceso a más
oportunidades. En esta entrega nos centramos en la necesidad de que
los trujillanos restauremos nuestra identidad
La
restauración de la identidad de los trujillanos es una tarea que
cada uno de los hijos de esta tierra debemos afrontar. La
responsabilidad de los dirigentes es asegurar el lugar que
corresponderá a nuestro estado en el país. Importa mucho que
nos veamos y que nos miren como una sociedad dinámica con una
economía solvente.
Trujillo no está solo en el país ni en el mundo. Convivimos con los demás estados y en buena parte dependemos de ellos. Vemos como estados vecinos, con una cultura muy parecida a la nuestra, como Mérida, Táchira y Barinas han ido de apoco avanzando y se han venido desarrollando, y nuestro estado se ha quedando estancado. Tenemos que resolver cómo insertarnos con ventaja en un escenario nacional. Para eso es indispensable que seamos más competitivos y exigentes. Debemos construir nuestra propia oportunidad a partir de un gran consenso. Tenemos que hacer grandes reformas, pero debemos hacerlas pensando en algo más que reducir el déficit, crear empleo, corregir nuestro modelo educativo o asegurar nuestra atención a la salud. Miremos más lejos y más alto. Pensemos en lo que Trujillo necesitará, no el año que viene ni el siguiente, sino en los próximos veinte años. Tenemos que pensar en el Trujillo que queremos para nuestros hijos y los nietos de nuestros hijos. No se trata de recuperar lo que se fue, ni de ni mucho menos regresar al pasado. Lo que hemos dejado atrás no va a volver, y nuestro Estado tendrá que rejuvenecer su actitud, recuperar flexibilidad y fortalecer sus estructuras para competir por un puesto de primera fila en un país nuevo. Doble tarea Tenemos una doble tarea: Vamos a demostrar que los trujillanos somos capaces de crear empleos y sostener una sociedad civilizada, en la que los valores que proclama nuestra Constitución (la libertad, la igualdad, la justicia y la solidaridad) no se queden en nobles deseos o hermosos enunciados teóricos, sino que definan realmente la prosperidad que pretendemos, porque forman parte natural de ese paisaje civilizado en el que queremos habitar los trujillanos. Pero también es necesario que nos hagamos un sitio en el mundo. Queremos un hueco para un estado con prestigio, con empleo, con bienestar, con oportunidades, que nos podamos vender como un gran destino para inversiones y para el desarrollo de la industria del turismo y la agroindustria. La tarea de los próximos Gobiernos debe consistir en coordinar los esfuerzos y facilitar las tareas de los ciudadanos, y para tal fin no existe mejor instrumento para encauzar y coordinar la energía de los trujillanos que el diálogo. Un diálogo abierto a todos, que incluya a todos y cada unos de los sectores de nuestra sociedad trujillana. Un diálogo basado en la transparencia, que estimule la unidad, fortalezca los objetivos compartidos y facilite el apoyo y la participación de todos los ciudadanos y de sus organizaciones. Esta debe ser la principal característica de los nuevos gobiernos trujillanos. Los trujillanos debemos concentrar todos nuestros esfuerzos en reservar un lugar para nuestros hijos en un mundo que cambia. Sé que es una tarea difícil, pero sé también que podemos alcanzarlo. Es un compromiso arduo y exigente, pero es el deber que debemos asumir. Este es un desafío que merece la pena sostener, porque al final nos espera el orgullo de triunfar contra la desidia, el abandono, y así labrar nuestro propio prestigio, de asegurar nuestro estado de bienestar y, por encima de todo, de allanar el camino a las generaciones que nos siguen. Como todo trujillano, apasionado y amante de mis hijos, de mi tierra trujillana, y como joven, siento una especial inquietud por nuestra generación y las que nos siguen. Me preocupa pensar que la vida nos trata peor de que lo que ayer lo hacía con nuestros padres. No estoy dispuesto a aceptar que tengamos una generación que pudiera perder sus oportunidades porque encuentra cerradas las puertas. Es necesario que nosotros reclamemos nuestros derechos, para que se detenga este despilfarro de riqueza y de energía, de que los recursos de los venezolanos, se los estén regalando a naciones extranjeras, porque es imposible diseñar un futuro en el que falten los relevos. Quiero que seamos capaces de ofrecerles oportunidades nuevas, que defendamos el puesto que les corresponde en una sociedad justa, que conserven el derecho a soñar y a construir su propio futuro. Es un desafío, será difícil, pero vale la pena. Tenemos una gran tarea, un empeño que sobrepasa las posibilidades de cualquier gobierno, una responsabilidad a la que nos debemos abocar todos los trujillanos, porque a todos nos concierne y todos somos necesarios, y es trabajar en construir las condiciones para que todos los esfuerzos y sacrificios rindan provecho. La unión necesaria La primera condición es que todos los trujillanos trabajemos unidos en un gran esfuerzo solidario. Es importante que desaparezca todo aquello que pueda enturbiar las aguas de nuestra convivencia. No pueden haber trujillanos buenos y malos. Los trujillanos tenemos que ser todos iguales, todos necesarios, todos dignos de respeto, todos capaces de ayudar en la tarea común. Y nada sostiene con más firmeza esa tarea que el diálogo, la justicia y la verdad. Los trujillanos tenemos que trabajar en construir un diálogo permanente con todos los sectores de la sociedad cuya participación reclamemos en cada momento. Por supuesto que todo tiene un precio: se llama esfuerzo, tenacidad y confianza; nuestro esfuerzo, nuestra tenacidad y nuestra confianza. Por eso, porque lo sabemos, los trujillanos debemos sacar partido de nosotros mismos, y fundar nuestra esperanza en nosotros mismos, y así construir un futuro para todos. Sabemos bien que nadie piensa regalarnos nada, que nadie hará lo que no seamos capaces de hacer por nosotros. Trujillo será lo que los trujillanos queramos que sea y se situará en el puesto que con nuestros hechos los trujillanos lo coloquemos. Docencia y gerencia Manuel Rivero nació en Valera. Es licenciado en Educación Integral del Iutembi. Ha cursado programas de formación política y ciudadana en el Centro Gumilla y programas de Planificación Estratégica y de Planificación de Políticas Públicas en el Ifedec. Entre los cursos que ha realizado destacan el Diplomado en Gerencia para el desarrollo humano sustentable de la UVM y Marketing político y Consultoría del Instituto Latinoamericano de Consultoría Política -Ilcp. Fue coordinador municipal de Educación Física y Deporte en el municipio La Ceiba, y secretario General de Copei (2010-2011). Actualmente es docente de Educación Básica en la Escuela Bolivariana Neptalí Valera Hurtado. Es padre de dos niños. |