DLA - Especial | 17/06/2017 | 9:00 pm
Myriam Sambrano Urdaneta
Entre el cielo y la tierra, dama de la cultura boconesa

Hoy en Historias de Vida, la recordamos como una de las mujeres insignes de la trujillanidad. Y es que, Myrian Sambrano transmitió esa sensibilidad por las artes plásticas a propios y a extraños.

Gráficas: Cortesía

Destacar la labor que durante años realizó esta noble mujer trujillana, no es un simple elogio a un ser talentoso y audaz, ¡No!, es reconocer la labor responsable, dedicada que dejó como legado

Elvins Humberto González.-

Para todos se llamaba Myriam, pero en lo más íntimo de su núcleo familiar, sabían que esta mujer gentil y de mucho temple, había sido bautizada como Myriam Isabela Sambrano Urdaneta. Desde su adolescencia, su nombre tuvo una nueva y definitiva variación. Desde entonces, y con el pasar del tiempo y en pleno crecimiento personal, intelectual y familiar, se habló de Myriam Sambrano de Urosa, respetada dama de la cultura en el municipio Boconó, fundadora del Ateneo y defensora de la cultura boconesa.

Por más de cuatro décadas presidió el Ateneo de Boconó, al que consideraba epicentro de la educación y la cultura. Ahí se destacó como gerente en esta área y promotora de las artes plásticas. Siempre hablaba de cómo en esta institución se reunían grandes representantes de todas las artes. Eso sí, decía: Estaré en el Ateneo hasta que venga otra persona y le dé continuidad a este trabajo.

Hoy en Historias de Vida, la recordamos como una de las mujeres insignes de la trujillanidad. Y es que, Myrian Sambrano transmitió esa sensibilidad por las artes plásticas a propios y a extraños.

Desde niña cultivó un inmenso fervor por la cultura por hacer de su tierra un gran epicentro de las artes. Y, como una decisión divina, su vida se enfiló en eso, hasta en los momentos más difíciles de su existencia, ya que hasta sus últimos días de vida se mantuvo firme en sus quehaceres, días que no pueden quedar en un pasado, olvidados, su recuerdo, legado y obra debe perpetuarse.

Vocación de servicio

Sus padres, Sabás Sambrano, hombre de ascendencia hispano-libanés, había nacido en Santa Bárbara del Zulia, un día se trasladó a las montañas de Boconó en mula y un cargamento de películas del cine mudo para ser exhibidas. En el Jardín de Venezuela conoce a María Apolonia Urdaneta Velasco y fue tanto su amor por ella, que decide quedarse en esta tierra. En el año 1923 se casan, unos siete años más tarde nacería su hija, ya había tenido un varón, Oscar de Jesús. A esa niña que vio luz un 14 de septiembre de 1930, la llamaría Myriam Isabela.

A Myriam Isabela, sus progenitores le cultivaron la vocación de servicio. Tenían una filosofía de atención a la gente, ella, a la cultura. Esa vocación de servirle a los demás la marcó, se convirtió en su ADN, en su sello de presentación.

Mujer con credo ético

Myriam Sambrano fue figura clave en la conformación de una civilidad moderna del Boconó pueblerino que despuntaba su crecimiento, extendiendo su acción hasta el día que tuvo que cambiar de paisaje, un 17 de febrero de 1998. Fue una mujer con un credo ético muy personal, que la hizo asumir cada trabajo como una pasión, que se traducía en ella en convencimiento y compromiso formal con la excelencia, desde la presidencia del Ateneo, hasta su compromiso con el mecenazgo no sólo de las artes sino de todo artista que acudiera a ella, todo dentro de parámetros de calidad, sólido criterio, equilibrado sentido crítico para lograr obras de alta factura. Boconó y todo el estado Trujillo deberán reconocer a lo largo de su historia la importancia que Myriam Isabela Sambrano Urdaneta tuvo en ella.

No es un simple elogio

Destacar la labor que durante estos años realizó esta noble mujer trujillana, no es un simple elogio a un ser talentoso y audaz, ¡No!, es reconocer la labor responsable, dedicada, que dejó como legado, nada fácil de una mujer que renunció a muchas cosas en el ámbito personal para dedicarse en cuerpo y alma y ad honores a la institución ateneísta, sabiendo mantener con pulso firme, equilibrio, un gran amor a su ciudad, a la institución que presidía y a sus compañeros de grupo; la transición que se estaba efectuando en el Ateneo como institución que era y tenía que seguir siendo; el resultado de la iniciativa de un grupo cada vez mayor de entusiastas hombres y mujeres, habitantes del hermoso Jardín de Venezuela, para los cuales debía ser cada vez más, un lugar adecuado para el ejercicio de la libertad de pensamiento a través del encuentro y el intercambio creativo de ideas y de experiencias.

Así fue esta mujer. Su espíritu luchador y tenaz debe servir de ejemplo para todos. Hoy nos sentimos orgullosos de poder recordar su legado y contribuir a mantenerlo vivo.

Con Myriam frente a mí

            (Soneto)

En vida corporal habitó la belleza.

A pincelada griega el perfil riguroso.

No de llamas, sí brasa la mirada y el reposo

de tinieblas: gran pausa la cabellera espesa.

En vida espiritual dispuso su belleza

lentos cauces de luz, sin premura ni acoso.

Núcleo de su silencio el verbo con esbozo

de figura vital para siempre en justeza.

Acepta la muerte no se comprende cuando

(Myriam de las dos ROSAS: la blanca, la encendida)

nos ofrece en dos rosas el bifronte consuelo

Primero, contenerse en sagrada medida.

Segundo, alzarse núbil con cetro de otro mando…

Después seguir en vilo, gustando mismo cielo.

Ana Enriqueta Terán

Así la recuerdan

 “Amiga, compañera admirable”

Lourdes Dubuc de Isea

 “Mujer excepcional, llena de bondades”

Marlene Briceño

 “En mi memoria sólo hay, rosales de admiración y cariño”

Guillermo Morón

 “Consagró su vida a servirle al pueblo”

Luis González

 “Creo que no se ha ido. Está allí, en la puerta del Ateneo”

Román Chalbauld

 “Dejó una obra impregnada de vocación y comprobada constancia”

Héctor Rafael Briceño

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