DLA - Información | 15/05/2017 | 9:00 pm
Acueducto actual no suple la necesidad por baja producción y deficiencias del sistema
Agua potable en Valera: un problema de conciencia

Reparar una fuga dentro de los hogares contribuye a solucionar la escasez de agua.

Gráficas: Archivo

El acueducto de Valera, actualmente, surte a los municipios Valera, Carvajal, Motatán y parte de Rafael Rangel y Escuque. Pero surge un problema, cuando llueve no hay agua. Un preocupado por la Madre Tierra planteó 5 soluciones alternas. Todas ligadas a la conciencia de la ciudadanía y las autoridades de los organismos competentes

María Gabriela Danieri.-

El desarrollo de la humanidad ha estado ligado al agua desde sus orígenes. No en vano se le tilda de vital líquido o se bromea al decir “el agua es vida”. De eso no tienen dudas los valeranos, quienes por décadas han padecido su carencia, debido a interrupciones constantes del servicio de agua potable en sus comunidades. Los gobernantes trujillanos, cada uno en su momento, reconocieron la necesidad de un nuevo acueducto, moderno y adecuado a la creciente población.

Sin embargo, este proyecto no ha visto luz en la realidad. Simplemente ha sido utilizado como bandera política de ambos bandos, gobierno y oposición. En medio se queda el ciudadano, a quien le cobran más de 4.000 bolívares por un camión cisterna, debe recurrir a compras de botellones (nada baratos) o simplemente apañárselas con varios tanques de agua en su casa. A expensas de todos los riesgos de salud y calidad de vida, que esto conlleva.

Cinco soluciones

Ante esta realidad, Diario de Los Andes consultó a un ingeniero experto en la materia hidrológica. El ingeniero, quien prefirió no revelar su identidad, accedió a plantear varias soluciones, que para él han sido ignoradas. La mayoría están ligadas a la conciencia ciudadana y la planificación adecuada de los organismos competentes.

El actual acueducto metropolitano de Valera surte a los sectores de cinco municipios: Valera, San Rafael de Carvajal, Motatán, Rafael Rangel y Escuque. No obstante, no suple la necesidad de su población, la cual supera los 233.468 habitantes (de acuerdo al censo del INE en 2011). Según el experto, un promedio de 180 litros por segundo se van a La Beatriz, 700 litros por segundo al casco de Valera y 350 litros por segundo a Carvajal (basados en 1200 litros por segundo producidos). Esto no estaría en los estándares de la Organización Mundial de la Salud. El ente recomienda de 50 a 100 litros diarios, por persona, para satisfacer aseo y consumo.

El declarante ve con preocupación, como los trujillanos, en especial los valeranos, están por debajo de ese renglón. Esto se debe a la baja producción de la planta potabilizadora, que ha debido recortar la producción por diversas causas, entre las cuales están el alto costo de los insumos químicos para hacer el agua consumible, la falta de mantenimiento de la maquinaria y deficiencias de operatividad. Esto trae como consecuencia, que por factores externos, como la turbidez a causa de las lluvias, deban paralizar el suministro. Una solución paliativa y superficial. 

Reforestación

Pero lejos de esto, ¿cuál es la solución?, como explicó antes, todo se trata de conciencia ambiental. La primera proyección es la reforestación de las nacientes y las orillas de los ríos, con lo cual -a futuro- los niveles de sedimentos arrastrados por la lluvia, desde la cabecera, serían menos. A menor turbidez, menos esfuerzo para la maquinaría. Además, ayuda a preservar los delicados ecosistemas y prevenir las sequias.

Quizás la única debilidad de esta solución, es su proyección de 5, 10 a 15 años. La idea, admitió, es comenzar ahora. Igualmente, planteó una campaña educativa, de mercadeo social, encausado en evitar el lanzamiento de desperdicios (orgánicos e inorgánicos) a los ríos. Poco a poco, los pobladores están acabando con su vida, sin saberlo.

A mediano plazo

Esta solución es a mediano plazo, al igual que la tercera: reparar todas las fallas o botes de agua potable en las residencias, instituciones e instalaciones de los municipios. Una gota, en apariencia inofensiva, representa una pérdida cuantiosa del suministro. MT calcula que 200 fugas de agua, podrían suplir el requerimiento hídrico de 200 hogares trujillanos. El acueducto de Valera produce 1200 litros por segundo, de los cuales 50% se van a las cañerías por las fugas silenciosas.

Esto nos lleva al cuarto proyecto especificado por el ingeniero: supervisión y desactivación de tomas ilegales en toda la red hídrica de Valera. Esto afecta principalmente a las zonas, donde el agua es impulsada por medio de bombeo. Finalmente, la quinta solución, a mediano y corto plazo, es el mantenimiento de tanques y puntos de descarga. Los primeros, ubicados en determinadas zonas de la ciudad, ayudan a hacer una reserva y evitan la discontinuidad del servicio. Más estos no se llenan en su capacidad y disminuye la cantidad de líquido que llega a las viviendas.

Los segundos, llamados puntos de descarga, son topes de tuberías, en los cuales se bota -cada cierto tiempo- la sedimentación acumulada por el flujo del agua en toda la red. Si no se hacen estos mantenimientos (descargas) el agua no pasa de un punto a otro, debido a vulgares tapones de tierra. Las últimas dos soluciones, son también llamados a la conciencia, pero de quienes están en frente de los organismos estadales.

Si supieran el costo

El agua potable es un producto costoso. Químicos como el sulfato de aluminio, usados en el proceso de potabilización, tienen precios elevados. Sin hablar de los equipos requeridos en la planta, muchos de ellos delicados y de una vida útil finita. El experto asegura que una de botella de refresco, de 300 ml, no paga la producción de una botella de agua, de la misma cantidad. Si quienes lavan las aceras y sus carros, con agua potable, lo entendieran, no existirían tantas deficiencias alrededor de este servicio. Más allá de ser un problema de inversión  pública, es un asunto de conciencia colectiva. Ahorremos la vida.

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