DLA - Agencia | 21/08/2017 | 11:51 am
“Suspender ayudas a venezolanos en Cúcuta ordenó Cancillería de Colombia”
Rosalinda Hernández C..-

Solo en dos días habrían cruzado la frontera 150.000 connacionales en busca de un mejor futuro. Aunque las cifras de Migración Colombia nieguen un éxodo masivo, concejales de Cúcuta aseguran que la cifra de venezolanos deambulando por calles y avenidas de la ciudad colombiana supera el 5% anunciado por el organismo migratorio

Un llamado “urgente” a la Organización de Naciones Unidas (ONU) para que se activen los mecanismos de protección y emergencia humanitaria en relación a la llegada masiva de migrantes venezolanos al Norte de Santander, realizó el concejal de San José de Cúcuta, Juan Capacho.

Con hambre, sed, sin medicinas, ni un techo; niños, ancianos, jóvenes y adultos caminan desprotegidos por calles y avenidas de la capital nortesantandereana, sin ningún plan de contingencia que pueda contribuir a mejorar su situación, detalló el concejal cucuteño por la organización política Centro Democrático, Juan Capacho.

Denunció que “la Cancillería de Colombia ordenó suspender las ayudas humanitarias que estaba dando la sociedad civil de manera voluntaria y espontánea a los venezolanos que llegan por la frontera hasta Cúcuta”.

La acción que fue catalogada como “diplomacia del tape-tape o meliflua a los desmanes de Nicolás Maduro”, no se estaría registrando por primera vez, ya en anteriores casos no se han activado los mecanismos internacionales de protección de derechos humanos.

El Gobierno nacional no ha realizado los protocolos de denuncia de violación de derechos humanos y ni siquiera con los colombianos residentes en Venezuela, como en el caso del éxodo masivo de colombo-venezolanos; lo que genera un agravamiento de la situación, recordó.

La solución prevista por el edil es lograr la activación de los protocolos humanitarios internacionales para tratar de manera integral el tema de la atención, comida y salud de los migrantes.

“Lo que hemos visto es que aumenta el número de emigrantes y el Estado colombiano no activa los protocolos que debería activar para que las Américas se enfoquen en la atención a estas personas”, precisó.

 “Migración Colombia miente”

En relación a las recientes cifras presentadas por Migración Colombia que daban cuenta que solo en un 5% se habría incrementado la llegada de venezolanos al vecino país por la frontera, el concejal Juan Capacho indicó que no era cierto.

“Eso es mentira que hablen de que solo sea un 5%, cuando supimos de migraciones de unas 150.000 personas en dos días previos a las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente en Venezuela”.

Capacho conoce  testimonios concretos de personas que han llegado huyendo de la crisis en Venezuela y de líderes políticos opositores que estarían siendo perseguidos por los organismos de seguridad del Estado, por el solo hecho de ser oposición.

Aunque las estadísticas de organismos como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), la Iglesia Católica, señala que un porcentaje alto de los que entran retornan a Venezuela; también es cierto que otro porcentaje se queda en las calles de Cúcuta deambulando sin comida, sin vivienda, sin medicinas y sin salud; situación que no se puede ocultar porque es una realidad, aseveró el edil.

“Lo que pedimos al Gobierno nacional es que reconozca la situación de crisis humanitaria que están pasando los migrantes venezolanos en Cúcuta. No se puede ser alcahuetas con una dictadura oprobiosa que está causando tanto daño no solo a Venezuela; sino a la zona de frontera con Colombia y a los demás países a donde están migrando los venezolanos”.

Narró que gracias a la labor emprendida por colombianos de buen corazón y a la solidaridad que se tiene con el pueblo hermano de Venezuela, se ha salido de manera espontánea a brindar una sopa, un agua o cualquier otra comida. Acción que se hace como un acto de humanidad y es deber hacerlo; pero la Cancillería lo ha prohibido.

En 200 años de historia republicana, nunca se había evidenciado una situación similar, nunca se había estado en un estado de infelicidad tan alto como el que se vive ahora, cuestionó Capacho.

En siete puntos focalizados de la Iglesia Católica en el Norte de Santander, se atiende a los migrantes ubicados en la zona metropolitana de Cúcuta que asciende a unos 200 venezolanos diarios.

Otros centros atienden unas 3 mil personas diariamente, sin contar a quienes acuden de manera espontánea a brindar ayuda en las  plazas a los venezolanos con comida. Los planes implementados se han quedado cortos para la atención de los migrantes, señaló el político cucuteño.

“No hay capacidad de respuesta, ni presupuesto que aguante una situación así. Ni siquiera existe un censo real porque este tema se está alimentando cada día y lo que debe hacerse dentro de los planes de contingencia que debería tener el Gobierno colombiano no se ha hecho. Por lo que estamos abordando otro mecanismo para declarar una emergencia humanitaria pero no será a través del Poder Ejecutivo; sino de alguno de los otros dos poderes”.


La inseguridad es su principal queja

El miedo a perder la libertad, y la inseguridad que viven los venezolanos es mayor a la incertidumbre de llegar a un destino donde no saben qué van a hacer con sus vidas, donde nadie los espera y a donde van con la vida reducida en dos maletas de esperanzas e ilusiones por labrarse un mejor futuro, “lejos del régimen”, como aseguró la docente del estado Vargas, Fernelia Rojas.

Se van literalmente huyendo por lo que pueda devenir en el panorama político y social venezolano.

“La Constituyente va a empeorar los problemas del país. Si antes tenían todo el poder, ahora es peor. No pueden negar que es una dictadura… ¿Quieres más razones para salir del país?”, cuestionó la docente en medio de un enorme equipaje y acompañada de sus hijos de ocho meses y cuatro años”.

La venezolana y su familia forman parte de las más de 26 mil personas que a diario están cruzando la frontera del estado Táchira con el departamento Norte de Santander, según datos del departamento de Migración Colombia en busca de un mejor futuro, que en Venezuela no lo hay.

“Me voy a Ecuador con mi esposo y mis niños. Renunciamos a los trabajos y vamos a empezar de cero. Allá a los profesionales después que homologamos los títulos nos tratan bien, nos valoran el estudio y aquí no”.

El común dice que no se van definitivamente, que piensan regresar en un mediano o largo plazo al país que los vio crecer, al país que era diferente y no les importa vivir de la caridad de las ONG, la Iglesia Católica y los grupos de civiles que apaciguan la sed y el hambre en las calles de Cúcuta.

Viajan por carretera hasta dos días para llegar a la frontera, utilizan a Colombia como puente para proseguir a Perú, Ecuador, Chile o Argentina, los destinos más buscados por los nacionales que pasan hasta cinco o seis horas en la cola del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime), en la aduana de San Antonio para sellar la salida del país.

Salir del país ha sido traumático, despedirse de la familia es todo un dilema, dijo Fernelia.

“Todos lloramos, nos abrazamos…es una especie de duelo que nunca me imaginé que me pasaría porque no es un viaje que haga por placer. Me voy obligada por culpa de un legado dejado por Chávez y continuado por Maduro que sometieron al país a regalarle tres puyas, y aún hay quien lo sigue”.

Vendió nevera, cocina, lavadora, camas y otros enseres para poder contar con un capital “sólido” para el viaje que aun haciéndolo por vía terrestre, tiene enormes costos.

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