DLA - Agencia | 16/08/2017 | 2:01 pm
Una pieza de ingeniería “made in Venezuela”
María Gabriela Danieri // maria.danieri@diariodelosandes.com.-

La voluntad pesa menos de 1 millón 200 kilos, 242 metros de longitud y 50 metros de altura. Tiene 18 mil tornillos, de 25 centímetros cada uno, dispuestos en 36 mil agujeros en las cientos de vigas, que conforman el Puente José Antonio Páez de Valera, una gran idea que cuenta con el sello venezolano


 

¿Por qué es necesario un nuevo acceso a La Beatriz? Le preguntaron los representantes del Ministerio de Transporte y Comunicaciones (MTC) a los ingenieros Ernesto Rosales y José María Aguirre, quienes habían viajado a Caracas para presentar un segundo proyecto para la unificación de la meseta de Valera con la meseta de la mencionada parroquia. Rosales, conocido como “El Gordo”, intercambió una rápida mirada con su compañero español, respiró profundo y repitió los argumentos detalladamente, a ver si de una vez por todas lograba demoler la apatía gubernamental, que los separaba de una de las obras de mayor envergadura en la región andina.

 

Mientras  exponía, el ingeniero civil recordó la primera vez que había estado en esa oficina. Había llevado un proyecto sobre la construcción de un terraplén, con apoyo de Luis Newman, y los emisarios del gobierno le dijeron: “Pero cuál es el apuro de llevar un enfermo a un hospital (hoy el Seguro Social) si se muere en el camino, se muere. Si un incendio no puede durar media hora más, se quemará lo que se tenga que quemar (refutaban en referencia a la nueva estación del Cuerpo de Bomberos)”.

Por el bien de todos

Afortunadamente, en 1986, los oídos habían cambiado. En ese momento, José Antonio Uzcátegui, estaba al frente de la dirección general de vialidad y prestó atención. Era necesaria una segunda vía, pues en la parroquia estaban en construcción universidades, un hospital y la estación de bomberos. La vieja carretera El Cumbe- El Milagro, era insuficiente. No obstante, el funcionario público les discutió el peso de la estructura, que a juicio de los expertos del ministerio debía ser de unos 15 millones de kilos. En resumen: costoso y pesado.

Los ingenieros debatieron. “La carga muerta va a ser de 500 kilos por kilómetro y no pesará mas de 1 millón 500 kilos”. Esa reunión les dio pie a un juicio, en el cual se definiría el destino final de la obra. El ingeniero Rosales y el ingeniero Aguirre, radicado en Barquisimeto, se dedicaron a hacer cálculos. Llamaron a Ruiz Campos, José Machí y Antonio Gueil, expertos en proyectos de concreto, geología y estructuras metálicas y llegaron a la conclusión de que pesaría 1 millón 200 mil kilos.

Rosendo Camargo, el juez asignado -junto a Uzcátegui- escucharon a los ingenieros y evaluaron la maqueta hecha por la hija arquitecta de Rosales. El único “pero” fue realizar la estructura con capacidad de resistir un movimiento sísmico. Tras varias propuestas, triunfó la de Rosales: construir dos estructuras triarticuladas unidas con una viga. Estaría siempre en movimiento, dependiendo de la temperatura. Tras eso, solamente hubo un “sí” rotundo. El equipo celebró y se puso manos a la obra.

Made in Venezuela

Uzcátegui fue asignado como inspector del proyecto, Rosales como el consultor -junto a su equipo- y Carmargo le dio el aprobado. En 1988 se inició su edificación. La constructora Stefani Ragiolli, de Trujillo, hizo el movimiento de tierra, las fundaciones de concreto y las aceras. La estructura metálica y sus tornillos, todos fabricados con acero de Sidor, fue ensamblada por la Metalúrgica Van Dam, de Aragua. Poco a poco tomó forma y en 1989 estaba lista la estructura que pesó finalmente menos de 1 millón 200 mil kilos para asombro de todos.

Aunque el proyecto comenzó en el periodo del presidente Jaime Lusinchi fue en el del presidente Carlos Andrés Pérez, cuando se culminó. El mandatario llegó a la ciudad y un 14 de octubre de 1990 se inauguró. Corría el bicentenario del nacimiento de José Antonio Páez y de ahí su nombre.

Hoy, luego de 27 años de ese acontecimiento, Rosales asegura que no hay otra estructura igual en toda Venezuela. “La más parecida, en ese momento, era el puente de El Vigía, pero ese fue traído completo de Alemania. Este no, el viaducto es completamente nacional”, recalcó Rosales.

Voluntad de acero

Junto a la construcción del Eje Vial Trujillo-Valera, la Avenida Bolívar de Valera (1974), la Avenida Bicentenaria, Avenida Bolivariana, el viaducto es una de las obras más importantes de Trujillo. No obstante, a juicio de Rosales falta mucho por hacer y se puede lograr con voluntad de la sociedad civil, acompañada de la gubernamental. Se acerca el Bicentenario de Valera y no se ha visto la obra que merecemos en el siglo XXI.