DLA - Agencia | 20/06/2017 | 1:12 pm
La criminalidad se ha naturalizado en Venezuela
Por Rosalinda Hernández.-

Fallas en las estructuras familiares, educativas y religiosas; sumado a políticas sociales de protección a los niños y adolescentes erradas, se han convertido en las principales causas del aumento de la violencia en menores de edad en el país  Fallas en las estructuras familiares, educativas y religiosas; sumado a políticas sociales de protección a los niños y adolescentes erradas, se han convertido en las principales causas del aumento de la violencia en menores de edad en el país  

Ya parece tabú reseñar que en Venezuela la violencia y la criminalidad se han incrementado de manera desmesurada en los distintos escenarios de la vida social.

Pareciera que ya se ve con cierta “normalidad” las noticias que dan cuenta sobre la violencia generalizada que vive a diario el país. Sin embargo, no deja de causar alarma cuando se descubre que quienes están inmersos en ese clima de arbitrariedad e injusticia son niños y adolescentes.

En el último año en el país las agresiones han aumentado en un 52% la violencia en niños y adolescentes, siendo los homicidios por violencia social, familiar y en manos de funcionarios públicos los más recurrentes, elevando las cifras a 1150 muertes de menores de edad en el 2016, según registró la organización venezolana de promoción y defensa de los derechos humanos de la niñez y adolescencia (Cecodap).

Para Abel Sarabia, psicólogo y coordinador del programa “Creciendo Sin Violencia” de Cecodap, la violencia en menores de 17 años en el país se trata principalmente de un problema multifactorial en donde lo primero que sale a relucir es el entorno familiar de donde proviene el niño o adolescente.

“Cuando estamos frente a situaciones de violencia de niños o adolescentes como actores de hechos delictivos, hay que saber que la familia no logró ejercer su función de protección. Cuando vemos a un niño o adolescente actuando como victimario, es posible que este chico también haya sido víctima en algún momento de la violación de sus derechos”, precisó el psicólogo.

Uno de los elementos analizados y que ha resultado llamativo para el experto, corresponde al debilitamiento de las familias venezolanas  para ejercer su función protectora. Son familias que están luchando por la subsistencia y donde hay ausencia de figuras importantes de soporte emocional (padre, madre).

Frente a esta realidad se van a tener niños y adolescentes solos, afrontando precariedades, en situación de calle y sobreviviendo en medio de condiciones donde a cada minuto se juegan la vida y la muerte.

Cuando los seres humanos son llevados a esos terrenos los desenlaces son fatales. Hasta los motivos más triviales pueden desencadenar la violencia en adolescentes, agregó el experto.

Y es aquí donde precisamente se trata de comprender uno de los hechos violentos más escalofriantes reseñados por los medios de comunicación en el país: “Compañeras de clases asesinaron a golpes a liceísta embarazada en la capital venezolana”; una adolescente se convierte en víctima y dos en victimarias.

De acuerdo al psicólogo Abel Sarabia, la mayoría de los sucesos violentos vienen antecedidos de pequeños eventos que no han recibido la atención adecuada y al final alcanzan su clímax en hechos de extrema gravedad (muertes).

En el país, tanto niños como adolescentes están viviendo constantemente situaciones de mucha violencia, devenidos de procesos largos de deterioro donde las familias no han sido apoyadas para ejercer sus competencias y las escuelas no han sido las indicadas para ejercer su rol de formación, indicó Sarabia.

El hombre nuevo.- El proyecto revolucionario que encabezó el difunto presidente Hugo Chávez, se planteó a su llegada al poder la construcción de “Un hombre nuevo”. Un venezolano hecho a imagen y semejanza de los preceptos planteados dentro del llamado socialismo del siglo XXI.

Dieciocho años después, la violencia y la criminalidad se han desatado, teniendo como sus principales víctimas y victimarios a los menores de 21 años en el país.

El coordinador del programa “Creciendo Sin Violencia”, no sabe a ciencia cierta si el adolescente de hoy es “el hombre nuevo” que planeó el proyecto revolucionario; pero sí aseguró que es el que está formándose.

Lo que sí es un hecho real, es que este tipo de violencia juvenil es propia de este tiempo. Los niños y adolescentes son una muestra de la sociedad que hay: Una sociedad atropellada, cargada de violencia y que preocupa por lo difícil que es hacerle entender a quien tiene un arma y toma con violencia las cosas, que es preciso trabajar, respetar y entender al otro.

Si existieran en el país instituciones acordes y preparadas para recibir a estos niños y tratarlos, se podría decir que hay esperanzas porque siempre que se hagan las cosas distintas, los seres humanos están en capacidad de cambiar

El problema es que las pocas instituciones que existen para recibir a estos adolescentes se encuentran abarrotadas, y las que pudieran recibirlos no se encuentran en condiciones adecuadas para poder brindar un contexto diferente para fortalecerse y generar capacidades adecuadas.

“Nos estamos enfrentando a chamos en contextos críticos que no tienen medios alternativos y esperanzadores para cambiar su estilo de vida”.

La violencia se ha naturalizado

Fernando Pereira, directivo de Cecodap, explicó al Semanario Los Andes que en Venezuela hay un contexto donde la violencia se ha naturalizado y pareciera que el crimen se ha hecho norma en los distintos ámbitos del país, y los niños y adolescentes no se apartan de esa realidad.

“Si tuviéramos espacios de convivencia y armonía estuviéramos viendo como extraño que ocurran hechos lamentables donde la violencia ha sido la protagonista”, precisó.

Una mirada a los niños en situación de calle en Venezuela, denota la total indefensión de niños y adolescentes desprotegidos, bajo la total inoperancia y acción del Estado que no hizo un seguimiento preventivo para diagnosticar qué es lo que está sucediendo en la sociedad.

Luego de transcurridos días, meses, años que sirvieron para ir curtiendo a estos seres que han sido víctimas de rechazo y agresiones que dieron paso a la formación de pandillas y bandas que se han convertido en fortalezas para defenderse, ser temido y generar miedo.

Cuando se comete un hecho letal es cuando llega la intervención de los cuerpos policiales y de investigación; pero posterior a ello no hay ninguna actuación para evitarlo a tiempo y que el problema no se convierta en mayor.

A la falta de organismos que actúen en la prevención, la impunidad fue creciendo y se fue dando luz verde para entender la violencia como un modo legítimo de sobrevivir y lograr sus objetivos.

“Los niños y adolescentes no se vuelven violentos en espacios de paz. Se van formando agresores en espacios que están inmersos de violencia”.

Las principales causas de esta situación se deben a políticas gubernamentales en prevención del delito inexistente, y si algunas funcionan no se han aplicado de manera adecuada y la realidad que vive el país es la demostración de ello, acotó el representante de Cecodap.

En Venezuela todas las instituciones están distraídas en el día a día, en mantener los espacios de poder y resolver los conflictos políticos,  y no se percatan de elementos esenciales de un país como la violencia exacerbada en niños y adolescentes, ni siquiera existe tiempo para plantearlo en el discurso o en la cotidianidad. El problema de la violencia seguirá existiendo sin conocer los alcances negativos de lo que está ocurriendo.

La desinstitucionalización, el mal manejo del sistema de justicia, las fallas en el sistema de prevención, el maltrato y abusos en los niños de la calle y la falta de recursos adecuados, limitan las maneras de abordar preventivamente el problema.

La impunidad y el fácil acceso a armas de fuego ilegales que están al alcance de los jóvenes; aunado al problema social y educativo, hacen que la crisis se prolongue.

Falla en las instituciones socializadoras

El criminólogo Fermín Mármol, desde su análisis de la violencia en la sociedad venezolana, precisó que para que exista una sociedad sana es necesario que las tres instituciones socializadoras primarias funcionen. Esas instituciones son: La familia, la escuela y la religión.

Estas tres instituciones dentro de la sociedad garantizan que el hombre sea una persona de bien y en el caso venezolano existen grandes problemas con estas instituciones, aseguró Mármol.

Las familias en Venezuela se encuentran desarticuladas debido a varios fenómenos entre ellos el embarazo precoz, seguido de la paternidad irresponsable y la presencia de la violencia y el consumo de drogas dentro de núcleos familiares, lo que la aleja del correcto abrigo que debe dar al niño, al adolescente y se convierte en un resorte que impulsa a separar al nuevo miembro de esa estructura.

La segunda estructura: la escuela está en detrimento porque cada día menos profesionales quieren ser educadores en Venezuela. Aunado a que son menos las horas de clases que se brindan a los estudiantes venezolanos, expuso el criminólogo. 

De acuerdo al especialista en un estudio comparado en el hemisferio se denota que Venezuela está dentro de los sistemas que menos horas de clases imparte al estudiantado. Lo que convierte la presencia de niños y adolescentes en el sistema escolar en algo irregular y de corto tiempo.

“La calidad de la educación ha menguado porque no hay educadores en el país. Ha habido periodos en donde hay materias suprimidas porque no hay educadores, sobre todo en el área de las ciencias naturales. Lo que deja ver que la segunda estructura tampoco está sirviendo de sostén a los niños y adolescentes”.

La tercera institución socializadora primaria que es la religión, también ha perdido presencia en las comunidades, sobre todo en las populares, ejemplo la religión católica.

Las religiones formales han sido suplantadas por religiones modernas o paganas que tienen poco arraigo para sostener el problema social que tiene Venezuela.

Si estas tres instituciones no materializan una sociedad sana, el aspecto socioeconómico tampoco favorece porque el país cada día tiene menos empresas, comercios y se ha menguado la capacidad de competencia en el campo privado lo que repercute en la estabilidad de una sociedad, aseveró Fermín Mármol.

En relación al futuro del país en materia de violencia juvenil, el criminólogo señaló que “los problemas sociales o mejoran o empeoran, no son estacionarios y dependen de políticas públicas y en Venezuela ha habido políticas equívocas e inexistentes, las asertivas han sido pocas”.

En Venezuela las políticas de seguridad no han sido asertivas, han fallado; como las zonas de paz, la militarización de la seguridad ciudadana o el tema de reconocer que los colectivos armados y violentos son guardianes de un proyecto político, visto los planes existentes, lamentablemente la situación tiende a empeorar en materia de seguridad.

 

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