DLA - Agencia | 12/06/2017 | 8:21 am
Venezuela: armada hasta los dientes
Por Judith Valderrama.-

5 mil 620 millones de dólares ha invertido el Gobierno venezolano en armas durante los últimos 15 años. Armas, parece ser lo que más abunda en un país donde escasea hasta el pan y donde se prioriza comprar una bomba  lacrimógena de 40 dólares, que serviría para  comprar al menos 25 potes de fórmula láctea para alimentar tres recién nacidos por un mes

 

Venezuela ha sido un país pacífico, no bélico. Su parque armamentista se manejaba proporcional a una nación con ejército. Desde 1903  que se dio la Revolución Libertadora no hay conflicto armado; pero en contradicción con esa realidad  e historia, desde hace 15 años Venezuela se está armando hasta los dientes y está entre los primeros lugares como comprador de armas en el mundo ocupando el lugar 18; mientras que en Suramérica alcanza el primer sitial cuando en 2015 gastó 162 millones de dólares en armas, superando a Estados Unidos en la compra de estas a China, según el informe del Sipri,  Instituto de Investigaciones de Paz de Estocolmo.

A estas compras formales del Gobierno se suma la adquisición de más armas por vías ilegales a través de carteles y hampa organizada, lo que suma de 13 a 29 millones de armas en Venezuela según data extraoficial; es decir, un promedio de un arma por persona (incluyendo menores), de acuerdo al exdirector de la Policía del Táchira y criminólogo Jesús Berro.

El también criminólogo venezolana Mármol León, recuerda que hace tres años cuando la Asamblea Nacional estaba en manos de diputados oficialistas, la Comisión de Política Interior afirmó que en Venezuela había 8 millones de armas de fuego ilegales, desde entonces no se conoce más cifras oficiales, ni tampoco son revelados los gastos del Estado en armamentismo.

Mientras el Gobierno gastó en comprar armas la ostentosa cifra de 5 mil 620 millones de dólares, durante los últimos 15 años, no cesan las protestas porque lo que escasea es la comida y la medicina. Además se incrementan las muertes por desnutrición con la confirmación de un 82% de hogares en pobreza, según la Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela (Encovi) presentada en febrero pasado.

El Gobierno no explica por qué se arma tan  desproporcionadamente, si no hay guerra; pero en opinión de Mármol León, el actuar del Gobierno no va con el decir: “Su discurso es ambivalente, porque hablan de desarme, de paz; pero siguen armando a la población. Primero  dijeron que los barrios tenían que tener fusiles para defendernos de una invasión; pero hace apenas unas semanas se habló de que las milicias serían dotadas de 500 mil fusiles. En Venezuela no queremos que lluevan más municiones, ni armas”, dijo.

La única posible justificación que podría tener el Gobierno, según el criminólogo Berro, sería combatir la delincuencia; pero contrario a esta tesis, la criminalidad sigue en ascenso y en el año 2016 cerró Venezuela como el segundo país más inseguro del planeta tras El Salvador, al registrar una tasa de muertes violentas diez veces mayor al promedio mundial con 28.479 muertes, según cifras del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV).

En el año 2016 el presupuesto del Ministerio de Defensa fue de Bs 85.377.082.544, el cuarto lugar en presupuesto entre todos los ministerios que dirige Nicolás Maduro. Con ese monto, asegura Rafael Uzcátegui, del OVV, que se podrían haber construido 112.400 apartamentos, 56 hospitales de 220 camas cada uno y 4.257 liceos.

Con 1 bomba lacrimógena se mantendrían 3 neonatos

El costo de una bomba lacrimógena varía según su tipo. En Venezuela el presupuesto para este producto no se conoce; parece ilimitado a pesar de que el valor de cada  bomba está entre 8 y 100 $. Las más baratas son las lanzadas a mano; las más costosas son las que se impulsan por artefactos propulsores  -tipo lanza granadas para mayor distancia- y estas promedian un valor de 40 $, que al precio del mercado paralelo equivaldría a unos 240 mil bolívares por artefacto; es decir, entre 20 a 25 potes de fórmula láctea que alimentaría unos tres recién nacidos durante un mes.

Pero hay muchas bombas de este tipo, parecen más que potes de leche para los niños que se desnutren por falta de alimentos en hogares y hospitales públicos. Y según cálculos de la ONG Control Ciudadano, solo en Caracas, en una jornada de represión, la Guardia Nacional y la Policía Nacional Bolivariana disparan hasta 700 bombas lacrimógenas, el equivalente a 28 mil dólares, si las lacrimógenas son de 40$, se suman unos 168 millones de bolívares, de acuerdo a como se vende el dólar entre la población; si se invirtiera lo que se gasta en lacrimógenas en una jornada de protesta en Caracas, se podrían  comprar 16 mil 800 potes de fórmula láctea que alcanzaría para 8 potes por mes, para 2.100 niños venezolanos.

La consiguen más fácil que el mercado

Un arma es muy costosa para un venezolano común; pero gran parte de la población venezolana tiene armas, dice Fermín Mármol que una pistola calibre 9 milímetros tiene un valor en el mercado de aproximadamente Bs. 2 millones 500 mil, y un fusil de asalto cuesta unos   4 mil dólares, “y en Venezuela es posible adquirirlo con cierta facilidad en el mercado negro, proveniente de organizaciones delictivas o carteles de droga”.

También existe en el país el alquiler de armas;  refiere Jesús Berro que algunos funcionarios  policiales las alquilan.

Fermín Mármol por su parte, asegura que el país está tan evidentemente armado, que en las cárceles, que son sitios confinados de supuesto control militar y civil, jamás se les acaban las municiones a los privados de libertad.

“La munición de armas también se obtiene en el mercado negro porque en Venezuela no existe ninguna persona jurídica de carácter privado que pueda vender municiones, el monopolio de la importación, fabricación y comercialización de municiones solo le corresponde a la Compañía Anónima Venezolana de Industrias Militares (Cavim). La sobreabundancia de municiones proviene de los caminos verdes de la frontera, la delincuencia organizada o carteles de la droga”.

-¿Es fácil adquirir un arma en Venezuela?

-“La Encuesta de Victimización realizada por el Observatorio Venezolano de la Violencia  concluyó que para el cierre del año 2015, aproximadamente el 72% de los consultados indicó que era fácil adquirir un arma de fuego en sus comunidades, lo que da más fuerza a la tesis de que todos pueden, si desean, tener un arma en este país”.

-¿Con tantas armas que hay en Venezuela y con la conflictividad actual, hay posibilidades de una guerra civil?

-“Para que haya una guerra civil deben haber dos frentes armados y yo no veo en Venezuela que haya sino un solo frente armado con poder bélico, aunque una guerra civil tiene un componente político, un componente ideológico; pero aparte de tener ejes políticos e ideologías contrarias en una misma población, es necesario que ambos tengan poder de fuego o bélico, por tanto ese concepto no debería ser aplicado en Venezuela”.

El perdigón.- Así como las bombas lacrimógenas, de las que parece no hay escasez en Venezuela, los perdigones son municiones que abundan en el país; aunque dice Berro que se están usando otros instrumentos criminales para reprimir a la población que sale a manifestar: “Están usando trozos de cabillas, metras, es una perversidad que no tiene nombre, la posta que se debe utilizar es de plástico, sintética; que inflija dolor pero no que lesione el cuerpo humano, que no los traspase. Pero estamos en evidencia de individuos con actitudes criminales generando terror para que la gente se abstenga de su  derecho fundamental de manifestar”.

El perdigón se dispara con una escopeta de perdigón y al disparar salen en rosa de dispersión; explica el experto que no deben dispararse a menos de 2,5 metros de acuerdo a la norma.

No hay intención de desarmar el país.- No hay interés por desarmar, ni ordenar el tema del armamento en Venezuela. Dice Jesús Berro, que con semejante presencia de armas de fuego en el país no existe el intento por tener un registro balístico, que es la data recopilada con el uso de tecnología vigente que permite que cada arma sea registrada, “porque cada una tiene unos campos y estrías que al activar un proyectil deja un marcaje desde el interior del cañón, es como una huella digital que permite referir de qué arma se disparó un registro balístico”.

Tampoco se conoce en Venezuela cuánto invierte el Gobierno en armamento, a pesar de que la ley prevé disposiciones que obligan a la publicación de cómo se han invertido los recursos asignados; pero en el país no se conoce cómo se distribuyen, ni cuánto con exactitud se  invierte en armas, afirma el exdirector de Politáchira, Jesús Berro.

Otro aspecto que pone en cero la idea de desarmar el país, es que no hay en Venezuela materialmente, una ley desarme, “solo fue una campaña rimbombante del Gobierno que no progresó y que ya ni siquiera es mencionada por voceros del Gobierno”.

La última vez que se habló de la reactivación del Plan Desarme fue en septiembre de 2016; Néstor Reverol, ministro del Poder Popular para las Relaciones Interiores, Justicia y Paz, informó que a partir del 1 de septiembre de ese año se efectuaría la jornada nacional de desarme voluntario y no voluntario, y que luego se destruirían las armas de fuego recopiladas.

Hubo algunos días de tarea al respecto; pero sobre todo de anuncios de prensa y no se ha mencionado, y menos activado el tema en lo que va de 2017; al contrario, se anuncia la compra de más armas.

El proceso de desarme en el Gobierno de Nicolás Maduro comenzó en el año 2013; pero sus efectos no se sienten porque desarmar implica, en voz del criminólogo Berro, una verdadera voluntad política, no meras intenciones.

“Se requerirían años para desarmar, porque  llevar un control de las armas llevaría años. Quien llegue a asumir un desarme en Venezuela  con sinceridad tiene semejante campaña qué desempeñar para quitar tantas armas de manos de quien no deben estar; pero se evitarían tantas pérdidas humanas, injusticias y vejaciones en este país”.

-¿Si existieran los 29 millones de armas en Venezuela, entonces qué se debe hacer, comprar una para defenderse?

-“El arma de fuego es una responsabilidad y un estado de conciencia en lo sicológico, quien tiene una arma debe tener capacidad de discernir y me permitirá defenderme, no para agredir. Va a ser mi enemiga si obro de manera irresponsable porque me puede llevar al cementerio, la cárcel o el hospital. Pero tener un arma no es sencillo,   cuando se adjudica un porte de arma se supone que pasa por la aprobación de un equipo multidisciplinario; pero en el país también hay quienes obtienen un porte por el mercado verde”.

Noticias Relacionadas:

Quiénes Somos | Estructura Corporativa | Aviso Legal | Dónde Llegamos | Contacto

Copyright © 2014. Editorial Diario Los Andes. Venezuela | RIF: J-09003756-0

Powered by:Venetech Smart Solutions