DLA - Agencia | 10/04/2017 | 9:58 am
En la frontera se vive con una cruz a cuestas
Publicado en Los Andes Semanario del Táchira edición 62 por .-

Comparar la vida en la frontera del Táchira con el viacrucis experimentado por Jesucristo no es una simple semejanza. Quienes allí habitan consideran que viven en carne propia una serie de padecimientos que van desde hacer solo una comida diaria hasta no tener agua por más de tres semanas en casa

El Viacrucis rememora las diferentes etapas o momentos vividos por Jesucristo en el camino que transitó desde que fue detenido por los soldados al servicio de Poncio Pilatos hasta la crucifixión y posterior muerte.

El dolor y el sufrimiento formaron parte de los padecimientos que marcaron a Jesús durante el recorrido al calvario, vía que  estuvo signada por 14 estaciones o etapas que simbolizan cada uno de los acontecimientos que llevaron al desenlace final, según relata la historia cristiana.

Siglos después sigue representándose en varias localidades del mundo el vía crucis o camino de dolor por el que transitan centenares de hombres, mujeres y niños a lo largo de la vida, bajo la mirada indiferente de quienes tienen en sus manos el poder para transformar crudas realidades.

Quienes habitan la frontera colombo - venezolana, ubicada en el estado Táchira, al extremo suroeste occidental de Venezuela, consideran que la vida se le ha convertido en un verdadero viacrucis en el que llevan años cargando una pesada cruz que agota, abruma y no tiene cuándo acabar.

Transitar por una calle de San Antonio o Ureña es suficiente para constatar la realidad que se ciñe sobre las referidas comunidades  que en las décadas de los años 80 y 90, eran centros industriales y comerciales que prometían un portentoso desarrollo económico en los años por venir.

“Los habitantes de San Antonio del Táchira vivimos a diario el viacrucis de la desidia, mala administración, corrupción y falta de compromiso social que se ve reflejado en cada calle de la población”, aseveró Juan Duarte, vecino de la localidad fronteriza y ex director de la Alcaldía del municipio Bolívar.

El Semanario Los Andes realizó un recorrido por San Antonio y Ureña, y recogió testimonios del vía crucis diario que viven quienes habitan la zona y “las estaciones” más difíciles de sobrellevar.   

Colas y más colas-. De tres a cinco horas deben esperar en cola a las afueras de cualquiera de los tres únicos supermercados que expenden productos regulados a los habitantes fronterizos. El máximo de venta por persona son dos kilogramos de producto, denunciaron quienes tenían más de dos horas en un reconocido supermercado cercano a la plaza Bolívar de San Antonio.

José Castillo, vocero del Consejo Comunal del barrio Pinto Salinas, comentó que esa comunidad vive una de las “peores situaciones” que se hayan evidenciado anteriormente.

Pasar más de tres horas en cola no se justifica, -señaló-  pero se ven obligados a hacerlo porque comprarla al otro lado del puente internacional, quintuplica su costo (3600 bolívares) y no todos están en capacidad de hacerlo.

“No es justo que solo un supermercado venda la harina de maíz cada mes o más tiempo. Pedimos al Gobierno surta de alimentos los abastos y bodegas de la zona para que la población tenga mayor acceso a los alimentos, porque no todos podemos comprar en Colombia”.

Sobreviven con una comida-. El intercambio comercial que caracterizó a la zona décadas atrás solo vive en el recuerdo de los habitantes fronterizos. El quiebre de empresas y comercios que sobrevino al cierre de frontera marcan a grandes rasgos la depresión económica y pobreza en la localidad.

Existen familias en la zona que se encuentran en situación crítica, “pasan hambre” y demandan la atención del Estado.

“De 72 kilogramos que pesaba hace dos años, ahora estoy en 58, mi esposo ha rebajado 25 kilos, no es porque estemos a dieta, es que ya no consumimos ciertos alimentos”, dijo Moraima Castro.

Comentó la mujer que “si antes comíamos carne o pollo dos veces por semana, ahora se come un huevo y de suerte. Si hoy un kilo de arroz se compra en Bs. 5 mil, mañana ya está en Bs. 7 mil. Un kilo de carne en la frontera se consigue entre 8 y 9 mil bolívares”, acotó.

Las cajas de los Clap no llegan a todos los habitantes de la frontera, según indicaron los entrevistados, el reparto es selectivo.

“Solo llega a los afectos al Gobierno y son pocas las barriadas donde los han entregado. Nos toca cruzar al otro lado de la frontera para poder comprar algo de comida. No todos pueden hacer eso porque tampoco todos tienen pesos. Hay gente aquí que está pasando hambre o solo hace una comida al día para sobrevivir”, precisó Moraima Castro.

Servicios públicos-. El agua potable llega cada ocho o quince días a San Antonio, dependiendo del sector que se habite, y es una queja constante de quienes allí viven. Igual sucede con el servicio de aseo y la recolección de basura, aunado a los constantes cortes de luz que sufren las distintas  comunidades.

La falta de alumbrado público es otro de los males que aquejan a la población fronteriza que al caer el sol viven “en penumbra” porque las calles y avenidas no tienen el debido mantenimiento por parte de los organismos encargados.

“Siempre he dicho que nos tratan como de quinta categoría. Aquí es un día de júbilo cada quince días que llega el agua y se llenan los tanques. Hidrosuroeste cree que somos camellos. Lo mismo pasa con el aseo urbano, a veces pasan hasta cinco días sin la recolección de los desechos que a la final se convierten en agentes contaminantes, precisó José Duarte, vecino de San Antonio.

Salud en coma-. El único centro de salud pública de la localidad, el hospital Samuel Darío Maldonado, atiende solo emergencias menores y se encuentra en fase de reparación desde hace más de 10 años.

Quienes no tienen la posibilidad de ingresar a la salud privada y requieren de atención de emergencia son remitidos a San Cristóbal, aun cuando las poblaciones (San Antonio y Ureña) que suman más de 120.000 habitantes, cuentan solo con dos ambulancias.

La fronteriza Cúcuta está sirviendo de aliviadero a los tachirenses que demandan asistencia médica, razón por la que días atrás el director del Instituto de Salud del Norte de Santander, Juan Bittar, lanzó un alerta ante el colapso presupuestario que está sufriendo el hospital Erasmo Meoz,  producto de la masiva atención que se está presentando a pacientes venezolanos.

Noticias Relacionadas:

Quiénes Somos | Estructura Corporativa | Aviso Legal | Dónde Llegamos | Contacto

Copyright © 2014. Editorial Diario Los Andes. Venezuela | RIF: J-09003756-0

Powered by:Venetech Smart Solutions