DLA - Agencia | 3/04/2017 | 9:36 am
Situación país asfixia la educación privada
Publicado en Los Andes Semanario del Táchira edición 61 por Francis L. Pérez R.-

Aunque algunas instituciones privadas pueden lucrarse de la educación, son muchas las que no, y han debido reducir gastos para continuar operando, pero aseguran que los saldos están en cifras rojas

El monto de las mensualidades en colegios privados ha aumentado significativamente a razón de los consecutivos incrementos salariales decretados por el Ejecutivo nacional, así como de la Unidad Tributaria, costos que inciden sobre la cancelación de salarios a profesores y demás personal administrativo y obrero. El precio puede ir desde 18.000 mil bolívares por medio turno, hasta cifras que superan los 100.000 bolívares por estudiante, todo dependerá del lugar, tiempo y servicios que ofrezca el plantel.

 Los costos operativos de las instituciones privadas también se han disparado como consecuencia de los altos niveles de inflación en la nación; sin embargo, aunque estas alzas son una realidad e inciden sobre la operatividad y funcionamiento de los colegios, no pueden verse reflejadas en aumentos de matrículas a destiempos. Funcionar con precios vencidos, puede ocasionar el cierre de varias instituciones de educación privada.

Desde el año 2014 rige la Resolución 114 que establece el procedimiento para el cálculo de la matrícula y mensualidades de las instituciones educativas. Mantener un colegio no es sencillo, la estructura de costos varía constantemente por el alza de precios en artículos de papelería, limpieza y otros servicios requeridos para su funcionamiento. Todas estas, deben preverse antes del inicio del año escolar, cuando a través de una asamblea de padres y representantes se llega a un monto entre ambas partes (representantes- institución), sobre la tarifa mensual que regirá durante el año.

El precio final es revisado por la Sundde  con base a estudios inflacionarios, costos, entre otras variables, una vez estipulado no debería haber cambios, y el Sundde es el ente garante de que no los haya y se respete el “bolsillo de los representantes”, así como de ser receptor de denuncias.

ENTRE LA ESPADA Y LA PARED. Es allí donde comienza el problema de las instituciones y que pone en riesgo la existencia de muchos colegios privados, sobre todo de aquellos que cuentan con una baja matrícula de estudiantes y que a la fecha, tienen sus finanzas en “saldos rojos”, con altas deudas que vaticinan un posible cierre.

Cerca de tres años tenía el Ministerio de Educación sin emitir concesiones para la apertura de nuevos colegios privados, estos trámites estaban paralizados desde la instancia superior, y este año han vuelto a generarse, a juicio de la directora de un plantel educativo de la ciudad, que prefirió mantenerse en el anonimato, esto puede ser en respuesta al número de escuelas que cerrarán sus puertas una vez acabado el año escolar.

“La semana pasada se congelaron los aumentos en más de 600 colegios a nivel nacional. La Sundde evalúa la estructura de costos y cobros excesivos de mensualidades, acá han venido en varias oportunidades (3 este año). Subir sin autorización es un riesgo porque eso lleva a multas y es muchísimo peor. Con toda esta situación mantener un colegio queda cuesta arriba, todo es más apretado para los planteles pequeños, supongo que previendo el cierre de varios colegios, el Gobierno ahora abre otra vez las solicitudes para planteles privados nuevos que estaban cerradas desde hace unos tres años”, comenta la directora.

Explica la directora que se trata de una situación delicada que afecta a pequeñas instituciones con plantillas de pocos estudiantes, los grandes colegios compensan el déficit de presupuesto con la elevada matricula estudiantil, lo que les permite “bandearse” y resolver de manera más holgada.

Un caso similar se presenta en el colegio Arturo Sosa (educación inicial), aún con el reciente aumento salarial y de unidad tributaria, no han acondicionado nuevas tarifas de mensualidad y hasta la fecha, ya han recibido cuatro visitas de funcionarios del Sundde. Expresa una de las encargadas de este plantel,  Rodríguez, que el tema de impartir educación privada en Venezuela es “difícil”, y que se ha convertido en un trabajo por mística y pasión, pues no genera grandes lucros, ni dividendos, por el contrario ocasiona pérdidas.

 “Ahora mismo, para lo que es este año escolar contamos con una baja matrícula, tenemos apenas 75 niños y pagamos sueldo, seguro, Banavih, alquiler, servicios, cualquier cosita es plata, más todos los gastos de papelería, de funcionamiento, son varias cosas. Por supuesto que entendemos que debe ser equitativo, y la idea no es abusar con los padres y representantes, porque la situación está dura para todos, pero mantener un colegio tampoco es económico, menos cuando tienes pocos estudiantes”.

En los colegios más económicos puede resultar el día sobre los mil bolívares, que podría ser más barato que el costo de un desayuno; sin embargo, si el monto debe multiplicarse por dos o tres niños, la cifra asciende, haciendo imposible para los padres costear las tarifas, por lo que deciden inscribirlos en colegios públicos o subsidiados por el Gobierno, solo que en ambos casos es complicado el ingreso por la alta demanda.

Asegura que como institución están a la expectativa y no descartan un cierre; sin embargo, hacen lo que está en sus posibilidades para mantenerse a flote, tanto por los niños como por el personal, “estamos en crisis, los números son pérdidas, vivimos del representante, a veces no pagan, lo que hacemos es pedir créditos a los bancos, gastar de las tarjetas y demás para poder pagar el sueldo a mis 8 docentes”.

Están conscientes de que la economía es difícil para todos, pasaron de tener 150 niños a solo 75, lo que les ha dejado salones vacíos y reducción del turno del personal, “si no hay entrada, no hay cómo mantenerse. No voy a tapar el sol con un dedo, ya la educación es un lujo, muchos se han ido para colegios públicos. Cada vez el Gobierno pone más limitantes para crecer, aquí no hay lucro y me da dolor tener que pensar en cerrar y dejar a los niños y todo el personal, pero a veces sentimos que ya no podemos más, la presión es fuerte”, dice.

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