DLA - Agencia | 13/03/2017 | 8:52 am
Tuberías del Acueducto Regional son una bomba de tiempo
Publicado en Los Andes Semanario del Táchira edición 58 por Mariana Duque - Gráficas: Luis Parada.-

La rotura de al menos seis tubos del Acueducto Regional del Táchira mantiene en alerta a organismos encargados del resguardo ciudadano, por el peligro existente en viviendas construidas sobre los mismos

Tres personas fallecidas y decenas de viviendas afectadas ha sido el resultado de la rotura de seis tuberías en los municipios Cárdenas y San Cristóbal, en al menos cinco años.  Las construcciones sobre el tubo matriz del Acueducto Regional del Táchira –ART- y la supuesta falta de mantenimiento, han llevado a que se generen hechos de emergencia que mantienen en alerta a las autoridades.

 

Un evento por año se habría registrado desde el año 2012, a excepción del 2015, del que no hay un registro en medios de comunicación. El 23 de octubre de 2012 al menos cinco familias de la invasión “Bicentenaria” de La Chucurí perdieron sus enseres y viviendas por la explosión de una tubería de 40 pulgadas. El 23 de enero de 2013, la rotura de otra tubería de 40 pulgadas ocasionó la muerte de dos niñas; además de dejar cuatro familias damnificadas en el barrio Marco Tulio Rangel de San Cristóbal. El 21 de enero de 2014, un tubo matriz de agua explotó en Las Vegas de Táriba, sin generar pérdidas humanas, ni materiales. El 12 de febrero de 2016, el tubo matriz se rompió en Las Vegas de Táriba, causando daños en viviendas y vehículos; y para el 2017, dos eventos del mismo tipo se han registrado; el 22 de febrero en Brisas del Paraíso, dejando personas sin enseres y viviendas afectadas; y el segundo, el  pasado 1ero de marzo, en el tramo 001 de la Autopista San Cristóbal – La Fría, con el resultado de una persona fallecida y dos heridos.

Diversos factores influirían en este tipo de hechos. La vieja data del tubo matriz del Acueducto, que cuenta con 40 años; los distintos tipos de suelos, roturas de tuberías de aguas blancas, la falta de mantenimiento; pero sobre todo, las construcciones sobre tuberías o al lado de ellas, y el hecho de que sean usadas como un mueble más dentro de las viviendas. ¿Y los permisos de construcción?, son entregados por las alcaldías y en algunos casos, se trata de invasiones.

Casas de zinc y sus enseres quedaron destruidos por la fuerza de las aguas, al romperse la tubería de 40 pulgadas en Brisas del Paraíso.

Foto: Luis Parada

“NO SABÍAMOS EL RIESGO”

Juana Laguado vive en el sector Brisas del Paraíso del municipio San Cristóbal desde hace dos años. La rotura de la tubería de 40 pulgadas ocurrida el pasado 22 de febrero la dejó solo con una cama dónde dormir, pues la cocina, nevera, televisor, lavadora, licuadora, radio, platos y demás enseres que tenía dentro de su rancho de zinc, fueron alcanzados por el agua y el lodo. Vive con un sobrino y un hermano que necesita ser operado con urgencia de la próstata y no tiene recursos.

Perdió toda su ropa, por lo que depende de la ayuda de los vecinos, y logra comprar comida con el dinero que recibe de la pensión. Para preparar los alimentos le prestaron una cocina eléctrica de dos hornillas. Llorando, aseguró desconocer que corría un riesgo al vivir pegada a una tubería del ART.

“A mí no me dijeron que corría riesgo. Los de Hidrosuroeste dijeron que nos iban a ayudar con los materiales, que nos iban a comprar la ropa. Llevaron un listado de los corotos, que nos los pagaban, estamos esperando y nada. Voté por todos ellos y no me han ayudado”, acotó.

De la Alcaldía de San Cristóbal no le han ofrecido ninguna solución, y aunque Protección Civil la iba a llevar a un refugio, se negó, pues su cuñada murió esperando salir de uno.  

Juana vivía anteriormente en Río Frío, en una casa de madera. Mientras estuvo allí, de la Gran Misión Vivienda le pidieron documentos para hacerle una casa; pero no ocurrió. “Como eso se estaba rodando, vendimos y nos vinimos para acá y mire lo que nos pasó. Llegaron unos vivos y nos engañaron, que les vendiéramos, y nos dieron 1 millardo 200 por cuatro casas y un kiosco que había hecho para vender empanaditas. Aquí nos vendieron este terrenito en 500 mil bolívares y compramos sin saber el riesgo de la tubería”.