DLA - Agencia | 14/02/2017 | 12:56 pm
Guerreros de corazón
Publicado en la edición 54 de Los Andes Semanario del Táchira por: María Gabriela Rangel .-

Impotentes, tristes, cansados y desasistidos, se sienten los trabajadores del Psiquiátrico de Peribeca, quienes sin poder hacer nada que esté al alcance de sus manos, ven desgastarse y hasta en ocasiones morir a los pacientes crónicos mentales, a quienes cuidan todos los días

El amor desinteresado hacia el prójimo mueve las vidas de los 44 empleados del Instituto de Rehabilitación Psiquiátrica “Doctor Raúl Castillo” de Peribeca, quienes día a día trabajan para brindarles atención y contribuir en salvarles la vida a los más de 155 pacientes crónicos mentales que hacen vida en el lugar.  

Insultos, escupidas y hasta golpes, reciben en ocasiones quienes son llamados custodios, de parte de los pacientes psiquiátricos, casi siempre motivados por la falta de medicamentos y alimentos.

Quienes allí laboran, aseguran que el trabajo que realizan es más que un empleo, es una acción social que prácticamente es invisible para los ojos de los gobernantes y de quienes habitan en el estado Táchira, ya que son muy pocos quienes los atienden y les ayudan.

Angustiados por las muertes

Desde finales de julio de 2016 y hasta la presente, han fallecido 21 pacientes crónicos mentales, y aunque los exámenes patológicos dicen que se trata de muertes naturales, los empleados del lugar consideran que pueden estar ligadas a la falta de medicamentos y alimentos; este como un punto inicial, ya que en su mayoría están desnutridos. Además, temen que pueda haber algún tipo de factor desencadenante a las muertes.

Esta situación mantiene a los empleados del lugar en una constante angustia y tristeza, ya que se sienten impotentes por no poder hacer algo que frene las muertes de los pacientes.

Yamile Caballero, secretaria general del Sindicato Único de los Trabajadores de la Salud Mental, manifestó que cada una de estas personas que están bajo tratamiento psiquiátrico “se han convertido en una familia para nosotros (…) Cada vez que les pasa algo, nos pasa algo a nosotros, nos marca y nos duele, y más al saber que a pesar de estar aquí, no podemos hacer más nada por ellos”, lamentó.

Espera Caballero que desde los organismos de salud del estado y el Ministerio, se acuerden de ellos y de una vez por todas realicen la inspección que han solicitado para evitar más muertes entre los pacientes psiquiátricos.  

 “Cada vez que se nos muere un nuevo paciente, nos da tristeza, es como cuando un familiar se nos va, porque no lo vamos a volver a ver y uno comparte con ellos todos los días y recuerda las ocurrencias y las vivencias que pudieron haber tenido. Nos da también añoranza al ver lo que hicimos; por qué no hicimos más y por qué de repente, dependiendo del caso, no fue trasladado a tiempo a un hospital, ahí sentimos coraje, angustia e impotencia”.

Día a día, asegura que solo piensa en qué va a poder hacer por los que aún se encuentran vivos, aquellos que están en una condición de salud delicada porque no quieren que sigan muriendo. 

“No podemos dejar que esto siga así… Dios nos puso aquí por algo, tenemos una misión, no es que nosotros decidimos venir a trabajar aquí por plata; no, no es así… él es el único que nos está viendo y sabe si estamos obrando mal o por el contrario, estamos dando todo (…)  Nosotros siempre queremos dar algo más de nuestra parte para que no se nos mueran más y si se van, que sea como antes, que morían de viejitos y no porque estaban enfermos o no los atendieron a tiempo”, señaló.

Caballero indicó que como trabajadores de la salud, no pueden dar más de lo que ya dan porque realmente la solución para evitar las muertes y además mejorar las condiciones de vida de los pacientes, no está en sus manos.

Peligro y amor

Constantemente, relató Caballero, el personal del Psiquiátrico, sobre todo los que se encuentran en los patios, se exponen a peligros, ya que cuando pierden el control de sus emociones, los agreden.

Caballero indicó que pese al peligro al que se exponen como trabajadores, no pueden dejar de sentir amor hacia ellos, ya que comparten día a día entre 8 y 12 horas. 

“Nosotros los conocemos porque somos quienes vivimos con ellos y sabemos cuándo un paciente se va a poner agresivo, cuándo está triste, cuándo está bravo, cuándo tiene sueño, hambre(…) recibimos mucho cariño de ellos, y cuando nos agreden es porque no tienen tratamiento o porque la comida fue muy poquita y quedaron con hambre, y buscan atropellarnos por eso, pero ellos casi nunca nos tratan mal y muchos saben que eso no depende de nosotros sino de lo que nos proveen a nosotros (…) ellos nos llegan a extrañar porque nosotros no solamente los bañamos y les damos comida, nosotros nos convertimos en un apoyo, somos prácticamente las únicas personas que ven y con las que pueden hablar”, relató.

El dinero no es la motivación. Los trabajadores del psiquiátrico cuentan con unos ingresos que alcanzan el sueldo mínimo y deben lidiar diariamente con pacientes crónicos mentales que en ocasiones hasta les agreden, esto no les impide ir todos los días a trabajar porque aseguró Caballero, los mueve el amor.  

“El salario no es el propio, ni para cubrir nuestras necesidades, ni para todos lo que vivimos aquí, mucho menos para sopesar el peligro que a veces corremos al lidiar con estos pacientes (…)nosotros nos sentimos solos, desatendidos, y nadie nos da una mano para que esto cambie porque ellos son pacientes”, señaló. 

Viviendo en zozobra    

Caballero indicó que la mayoría de trabajadores ya están agotados, física y mentalmente, por la situación que están padeciendo no solo los enfermos sino ellos como empleados, porque ni siquiera tienen acceso al descanso y vacaciones; “somos personal de un hospital psiquiátrico y no nos dan el descanso que se debe, eso puede perjudicarnos”.

Además de esto, la mayoría de empleados psiquiátricos no tienen descanso ni siquiera al llegar a sus hogares, ya que corren el riesgo que si algún paciente se escapa, les llegue a sus hogares”.  

“Nosotros no tenemos tranquilidad; por lo menos no esa tranquilidad que tienen la mayoría cuando llegan a sus casas y se relajan con sus seres queridos. Nosotros vivimos en zozobra porque la mayoría vive en el casco urbano de Peribeca y si el paciente se escapa y tiene algo contra nosotros, van a las casas, nos llegan y uno tiene temor, porque si por ejemplo estamos con un niño, puede pasar algo y es mejor evitar”.

Amedrentados    

Los empleados de la institución dicen sentirse amenazados por parte de sus patronos, administradores del Instituto y del Ministerio de Salud, ya que siempre que salen a denunciar las irregularidades que ocurren dentro de la institución, los amenazan con prescindir de sus servicios.

 

 

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