DLA Columnas | 15/06/2014 | 2:00 am
¡Alabanzas! y ¡aleluyas! para usted Santísima Trinidad

Por: Roque Torres Aguilar

“Señor: ya sea que la prosperidad me sonría o que la adversidad me intimide haz que en mis labios siempre esté tu a alabanza”. San Agustín.

Hoy es su día

¡Alabanzas! y ¡aleluyas! para usted Santísima Trinidad

Hoy celebramos el día de la Santísima Trinidad. Hoy el día de Dios: “Trino y Uno”, como aprendimos a llamarlo en la época del catecismo, antes de la Primera Comunión. A mí, particularmente, me place esta celebración litúrgica universal, porque mi oficina profesional se llama: Despacho Jurídico “Santísima Trinidad”. Y con respecto a esta hermosa invocación de la Divinidad, les reproduzco lo que leí, en el Catecismo de la Iglesia Católica: “El misterio central de la fe y de la vida cristiana, es el misterio de la Santísima Trinidad. Los cristianos son bautizados el nombre del padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Dios ha dejado huellas de su ser trinitario en la creación y en el Antiguo Testamento, pero la intimidad de su ser  como Trinidad Santa constituye un misterio  inaccesible a la sola razón humana, e incluso a la fe de Israel, antes de la encarnación del Hijo de Dios, y del envío del Espíritu Santo. La Iglesia expresa su fe trinitaria confesando un solo Dios en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Las tres divinas personas son un solo Dios porque cada una de ellas es idéntica a la plenitud de la única e indivisible naturaleza divina. Las tres son realmente distintas entre sí por sus relaciones recíprocas: el Padre engendra al hijo, el Hijo es engendrado por el Padre, el Espíritu Santo procede del Padre, el Espíritu  y del Hijo.”

A la Santísima Trinidad

“Dios mío, Trinidad a quien adoro…

Pacifica mi alma. Haz de ella tu cielo,

Tu morada amada y el lugar  de tu reposo.

Que yo no te dejé jamás solo en ella,

Sino que yo esté allí enteramente, totalmente.

 Despierta en mi fe, en adoración, entregada sin reservas

a tu acción creadora”.

Beata Isabel de la Trinidad. (Tomado del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica).

Les cuento

La celebración trinitaria ha tomado, como debe ser, mi columna de hoy.

Harto pecador que soy, y de comportamientos nada gratos con mis seres queridos, he querido dedicar este espacio dominical, a la Santísima Trinidad, en su día. Los comentarios, los cuentos, y demás especies verbales que tenía en mi “macute”, se quedarán para el próximo domingo.

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