DLA Columnas | 1/06/2015 | 2:00 am
¿Puede existir una nación sin universidad?

Por: Aníbal Rodríguez Silva.

Nación y universidad moderna tienen un mismo origen, finales del siglo XVIII y principios del XIX. Para algunos la aparición de las ideas liberales, la libertad de los individuos y los derechos de los ciudadanos serán los fundamentos que dan origen a estas nociones. Una nación es un espacio geográfico y espiritual sostenido por tradiciones comunes, unos vínculos históricos y una lengua. En ese espacio los individuos realizan un pacto de convivencia que les permite equilibrar sus heterogeneidades, a eso llamamos estado. Los ciudadanos y la ciudadanía se realizan en ese espacio de convivencia plural. La universidad moderna,  creada por Wilhelm von Humboldt en 1810 cuyas características es la docencia y la investigación, en donde más que escolaridad, el objetivo de la docencia estaba centrado en fomentar en el alumno las capacidades de investigación independiente y el pensamiento crítico. Por tanto nación y universidad, son desde el siglo XIX, acciones humanas indisolubles. Una nación moderna requiere de una universidad moderna que promueva la ciencia, la tecnología y el saber humanístico heredado, creado y recreado durante el largo proceso de civilización y cultura.  Otro de los objetivos, no menos importantes, ha sido la creación de profesionales al servicio del estado y de sus necesidades. En sentido estricto, la aparición de las universidades en Latinoamérica tiene su origen en los procesos independentistas. Con la aparición de las nacionalidades también aparecen las universidades en Latinoamérica. Sabemos de la existencia durante la colonia de universidades en Caracas y Mérida, sin embargo, es Simón Bolívar quien funda a la universidad moderna en Venezuela. De las pocas instituciones que sobrevivieron al bárbaro siglo XIX en Venezuela fueron sus universidades. La historia de nuestras universidades está hecha de marchas y contramarchas, pese a los largos períodos de gobierno militar la institución ha persistido en cumplir sus objetivos de promover un pensamiento libre y autónomo; en la búsqueda de los saberes de la ciencia y las humanidades.

En los últimos años la universidad venezolana ha sido víctima de un sostenido e inclemente ataque que la ha llevado casi hasta su parálisis. No es nueva la práctica de entregar un presupuesto “reconducido”, es decir, un presupuesto que imposibilita la planificación y crecimiento de las actividades universitarias. La planta profesoral ha ido envejeciendo y un natural proceso de jubilación no se ha correspondido con la asignación de presupuesto de reposición de cargos, por otra parte,  se ha desestimulado la actividad académica a través de salarios bajísimos que no compensa con alta responsabilidad de la investigación y la docencia que corresponde a un profesor universitario. La política salarial de éste gobierno es tan irracional que un profesor instructor gana menos del salario mínimo y un profesor titular con doctorado llega a ganar solo dos salarios mínimos. Sin duda los objetivos del gobierno apuntan al sometimiento del espacio plural y crítico que son las universidades. Se trata de acabar el espacio de libertad y autonomía que representan los universitarios. Pero, ¿puede una sociedad moderna existir sin su universidad? Pareciera que el proyecto político apunta a una sociedad de la barbarie, es decir, una sociedad y una nación sin universidad. Por eso te invito a participar en la caminata por la vida, la paz y la dignidad que se realizará el miércoles 3 de junio desde la Casa de Carmona hasta la plaza Bolívar de Trujillo.

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