DLA Columnas | 29/04/2014 | 9:43 pm
MACARTISMO VENEZOLANO

Por: Carlos G. Jaime M.

Joseph Raymond McCarthy fue un político norteamericano, senador  del partido republicano por su estado natal Wisconsin desde 1947 a 1957. Durante estos 10 años el y su equipo se hicieron famosos por sus investigaciones sobre numerosas personas sospechosas de ser  agentes soviéticos o simpatizantes del partido comunista, tanto dentro de la administración pública o fuera del gobierno de  los EEUU.

Estuvo de bajo perfil hasta que en 1950 lanzó una campaña pública contra 250 supuestos comunistas que, según él; estaban infiltrados en el departamento de estado, y  pese a que no pudo demostrarlo, aprovechando la popularidad que le facilitó el ambiente propiciado por  la llamada “guerra fría”,  que fue un estado  de tensión entre los gobiernos americano y soviético después de la II guerra mundial. En 1954 el presidente republicano de entonces ante la presión de buena parte de la sociedad americana  decidió actuar, facilitando una moción de censura puesto que  esta cacería estaba haciendo peligrar la democracia.

 A partir de  entonces por extensión el término “Macartismo” ha sido utilizado para describir una “Cacería de brujas” , refiriéndose en general a cualquier actividad gubernamental  orientada  a suprimir puntos de vista políticos o sociales disidentes, limitando o suspendiendo derechos civiles bajo el manido argumento de la necesidad de proteger la seguridad nacional.

En nuestro país en donde prospera lo paradójico, desde el “comandante eterno” y continuando con la horda de obsecuentes y mitómanos  herederos, que en su desesperación por mimetizársele están desarrollando una campaña feroz , ya no contra los  comunistas sino contra los supuestos “Lacayos del imperio”, tildándolos de “apátridas”, “escuálidos” y hasta de homosexuales, con un lenguaje coprolálico que verdaderamente da pena ajena,   expresión evidente de la pobreza de preparación intelectual que tienen estos  personajes ,muchos de ellos devenidos del sector militar;  que  dicho sea de paso pone en entredicho el tipo de educación que se imparte en nuestras academias militares; pero lo peor de todo es que somos el hazmerreír del resto de países del orbe,  a excepción de los “chulos” beneficiados por la chequera petrolera y de los “parlamentarios” tarifados del oficialismo, que aplauden estentóreamente sin darse cuenta de  la estolidez y pobreza del lenguaje de quien se dice fungir como el primer magistrado de la república bolivariana de Venezuela.

Esto me pone a pensar la frase frecuentemente repetida: ”Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”. ¿Cierto? Dijo el paisa.

 
 

 

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