DLA Columnas | 15/08/2017 | 1:00 am
Cultura de la crisis

Por: Camilo Perdomo

“Cuando murió un amigo, no había nadie para encargarse del funeral. Confucio dijo:<Yo me encargaré>. Confucio, Analectas, Cap. 10, 22

Lo que sigue está pensado desde Venezuela y considerando que estamos en tiempos de derrumbe, es decir postmodernos, cualquier cosa nos define menos los criterios razonables. Los signos de lo que somos como sociedad son la podredumbre, la descomposición, el vacío, la incertidumbre, el caos. Algo de eso, por no decir todo, cabe en la palabra enfermedad, y aquellos metarrelatos diciendo que éramos lo mejor del mundo, que aquí los dioses soñaron su paraíso no era sino la gran excusa de unas televisoras buscando alimentar nuestra crisis desde sus teleculebras. Vea usted de nuevo esos viejos programas de opinión o de lo que entendieron sus dueños por humor y verá allí los personajes que hoy tenemos como políticos o líderes sociales. Para citar a Clemente de Alejandría: Venezuela sería hoy <una fantasía cataléptica>. En efecto, todo aquello que se dijo desde las ciencias sociales con sus modelos teóricos funcionando en otros lugares, aquí se transformó en escombros, en basura intelectual, en ausencia del mérito. Un corte a los relatos históricos, por ejemplo desde 1959, nos permite decir que allí se inicia la muerte de cualquier principio ético fundado en la responsabilidad y luego en 1999 se abre por completo la gran cloaca que tenemos hoy. La idea de crisis que como palanca de superación de problemas económicos y sociales funcionó en otros lugares aquí se convirtió en el gran laboratorio psicológico para convertirnos hoy en este Psiquiátrico abierto a todas las clases sociales que tenemos. Crisis como dispositivo impidiendo regresar a las cuevas de donde venimos no funciona entre nosotros. Sobran ejemplos de naciones superando la crisis que sufrieron por terremotos, plagas y pestes globales, virus y enfermedades mortales y todos ellos con ausencia de dinero y recursos naturales. Entre nosotros eso no aplica si usted imagina por un momento el dinero por venta de recursos naturales que entra a Venezuela. Pero he allí la posible explicación desde un aparato escolar inservible para la responsabilidad de la gente, puesto que crece cada día una cultura fundada en la soberbia y la fantasía frente a la reproducción del respeto, del orden y la prudencia. La clave discursiva está en las respuestas aprendidas a temprana edad:<Pero y quién o cuál sociedad no está en crisis>, y con ello no hacen sino poner a circular el truco nefasto del mal: <la crisis viene de lejos>, algo así como esto: <Soy pobre, deme>, que tanto fascina a los políticos populistas y amigos de que la crisis siga, tal como aquél merengue dominicano: <Que comience la fiesta>. La idea de crisis desde los griegos hasta esta fecha no es sino una noción que nos indica que trae contenidos del bien o el mal; ahora bien, por cuál tipo de razón sociedades como la nuestra escogen siempre el mal o lo incorrecto es digno de un estudio cultural multidisciplinario con dirección de etólogos, es decir quienes estudian poblaciones y controles en animales a los fines de explicarse algunas conductas humanas. Ya los historiadores dijeron lo suyo adulando héroes y épocas pasadas, hoy eso no nos dice nada de lo que somos y en lo que nos convertimos, también los sociólogos agotaron las corrientes del pensamiento y ni hablar de Kant y su idea de razón con una ética universal. Asistimos al momento de la Neurocirugía, de la Psicología experimental, de los estudios de la imagen y puede ser que desde allí obtengamos ideas para comprendernos o explicarnos por qué nos gusta lo malo entre nosotros y admiramos lo bueno de otros lugares. Seguramente alguien me leerá desde el pesimismo, no se preocupe, no me asusta serlo y hoy le temo mucho a los encantadores de serpientes. Saque sus conclusiones.

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