DLA Columnas | 10/08/2017 | 11:00 pm
Carta a un par de asambleístas

Por: Juan(cho) José Barreto González

 

En principio, quise escribir una carta a un niño constituyente. Si, a un niño que cuando creciera le tocara la compleja responsabilidad de concebir, junto con muchos otros niños crecidos, la nación que deseaban para vivir una mejor vida. Pero, hoy día, en este mi país tenemos dos Asambleas y debería considerarse como un hecho “inédito”. Sería mucho decir “tenemos dos pueblos”. Desde la Asamblea Nacional se anunció un plan para “derrocar” al actual gobierno en seis meses. Y hoy día, ese mismo gobierno, desde la Asamblea Nacional Constituyente promete un “estatuto de convivencia” entre los distintos poderes. Ambos han introducido en la cultura política del venezolano un rasgo de alta peligrosidad que procura y ha producido una alta dosis de división, fragmentación y odio en la cotidianidad de la vida colectiva. Si ustedes hablaran en cenáculos cerrados y sin expansión discursiva a millones de venezolanos de sus planes de derrocar al otro para ocupar su lugar, no hubiese daño directo a la convivencia. Igualmente, si ustedes fuesen capaces de un debate serio, trascendente y público sobre la realidad nacional y del mundo, ese crecimiento sería pauta gigantesca para la construcción de la patria grande. Pero no, ustedes han colocado a la población en el abismo de la muerte de lo colectivo para darle paso a lo coercitivo. Han hecho del pueblo, ambos, un tablero donde se puede ejecutar cualquier jugada.

Ambos, unos y otros, han sido y son gobierno. Ambos son culpables de canalladas y crímenes contra toda la nación. Ambos, a esta altura de nuestra historia, han ofendido el patrimonio moral, espiritual y material de nuestros pueblos. Ambos, con profunda cobardía, se han vuelto unos eunucos para la autocrítica creadora y han permitido que sus peores voluntades sean las que determinen el rumbo de la confrontación entre venezolanos. No soy oscilante y ya tengo en mi memoria de 57 años muchos ejemplos de su ejecutoria para empañar el decoro de una república nacida de extraordinarios movimientos populares desde 1808 y 1810. Pero también creo que sería de valía extraordinaria, la actitud de aquellos que estando donde sea levanten conciencia para no seguir en el juego letal de contribuir a la ruina moral, cultural de nuestro pueblo.

Necesitamos en forma desencarnada hablar de la nación venezolana. Es urgente contribuir con nuevas técnicas del poder del pueblo para detener la entrega de la soberanía y el triste proceder de burócratas enmascarados de demócratas y de bolivarianos. Urge que tomen la palabra y la acción en todos los horizontes nuestros, lo destaco con palabras de Mario Briceño Iragorry, aquellas y aquellos “que no temen desagradar a los hombres que gobiernan ni se afanan por la gracia inválida que otorga el aprecio oportunista de los oligarcas, aquéllos y éstos cambian indudablemente la táctica encaminada a dirigir la cosa pública y a defender sus pretensiones de dominio”. La política como forma de aprendizaje para saberse comunicar desde la diferencia.

 

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