DLA Columnas | 8/05/2017 | 1:00 am
Querido joven de mí patria

Por: Carolina Jaimes Branger

No te conozco pero empiezo por decirte que te quiero entrañablemente. Te quiero porque tus manos trabajan por la justicia, como escribió Benedetti. A ti que tienes todas las ilusiones del mundo y que tienes todo el futuro por delante, te agradezco que día tras día expongas tu vida para proteger y procurar un buen futuro para todos. Estoy convencida de que tus sacrificios valdrán la pena y que Venezuela será más temprano que tarde, el país que tú sueñas y por el que luchas con tanta gallardía.

A ti, mi joven venezolano, que sales con un blue jean y una franela, una improvisada máscara antigas y como armas tu pasión y tú convicciones, te respeto por tu valor, pero sobre todo, te respeto por tus valores. En un país que perdió la brújula, necesitamos faros que nos marquen el camino que debemos retomar.

Mi joven compatriota, te admiro como se admira a los héroes. Sé que has sentido miedo, pero has seguido adelante. En ello radica la valentía: no sentir miedo no es un mérito, lo que sí es meritorio es seguir adelante a pesar de sentirlo. Admiro tu ímpetu, tu arrojo, tu intrepidez. Verlos a ustedes es recobrar las fuerzas, las esperanzas, las ilusiones. Y como aquí se han disipado las perspectivas, ello tiene mayor valía. Ustedes son los íconos del optimismo, pues nos hacen pensar que en sus manos el mañana será portentoso.

Mi joven terco y empecinado… entiende la angustia de tus padres y de quienes podríamos serlo. La lucha que has emprendido será larga y dura. Habrá dolor en cada vuelta. Tal vez pierdas –o ya habrás perdido- algún compañero y tendrás dudas de si debes seguir adelante. Oye qué te dice tu corazón y hazle caso… Te aseguro que nosotros seguimos adelante cuando dudamos sólo porque los vemos a ustedes tan francos, tan llenos de entusiasmo, tan decididos. Quiero compartir contigo las bellas y conmovedoras palabras de otra venezolana, Andreína Garbán:

Ayer de nuevo tenía una cita para marchar. El compromiso no decae… Salí muy tarde, casi era mediodía pero la preparación previa, ya de tanto andar ahora es más sencilla. Llegué hasta los alrededores del Ccct tragué humo de bombas, vomité una vez, lloré, me caí, corrí y con ojos llorosos vi de nuevo el silente valor de los que siguen marchando, especialmente los muchachos en cuyos ojos se vislumbra la chispa de un futuro con el que sueñan con pasión. Mis muchachos valientes, no porque se esconden tras un uniforme ni armas, sino porque un anhelo de libertad les otorga una fortaleza inspiradora vestidos con camiseta y jean. Guerreros solidarios, que se apoyan, se agrupan, se separan y se reagrupan. La guardia disparaba con salvaje alevosía, sin medir, sin mediar, sin importar. Muchachos no se arriesguen tanto, protéjanse por Dios.

La violencia salvaje con que los esbirros nos atacaron hoy me hizo sentir miedo. Me pregunté si tenía sentido estar allí. Más fue solo un segundo. Porque cuando la mano de un joven me apoyó a seguir adelante en medio del ahogo, supe que aquí hay esperanza. Desfallecer ahora no es una opción.

Esa mano tuya, mi joven venezolano, es, en efecto, la fuerza inspiradora que nos impulsa a seguir adelante. Dicen que la madurez comienza cuando uno vive para los demás. El mejor ejemplo lo tenemos en ti: juventud por tu edad, grandeza por tu madurez.

Mi joven, mí querido joven. No sé si eres mujer u hombre. Tampoco sé si eres alto y grande o más bien pequeño y menudo. No sé si eres músico o científico, poeta o cantante. Me imagino que te gusta el chocolate, que te gusta bailar y que no hay cosa que aprecies más que estar con tus amigos. A ti te digo “gracias”. Por mis hijas, por los nietos que aún no tengo, por el futuro. Por Venezuela. Por todos. Gracias por hacerlo bien donde todo está tan mal.

@cjaimesb

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