DLA Columnas | 31/03/2017 | 9:00 pm
La carta democrática

Por: Héctor Díaz

Venezuela se encuentra en el ojo del huracán internacional, ya varios países observan con suma preocupación la grave crisis del país y no es un problema de fanatismo de ambos bandos, es una situación alarmante la cual debemos tomar conciencia frente a este abismo donde estamos inmersos. La plenaria de la OEA desempolvó las denuncias que reposan en los organismos bilaterales como la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, Sociedad Interamericana de prensa, la Organización Internacional del Trabajo, las organizaciones que agrupan a los parlamentarios de América Latina y Europa, los instrumentos políticos de distintas direcciones ideológicas como la Internacional Socialista y la Organización Democratacristiana.

El gobierno venezolano y su régimen actual tienen sendos expedientes de denuncias sobre las sistemáticas violaciones que día a día ocurren en nuestro país, y la misma actitud anti diplomática de un discurso, que en vez de buscar salidas, y extender puentes que permita la supervisión para ajustarse a la realidad, se cierra cualquier posibilidad para no permitir la entrada y valorizar en todos sus contextos los elementos de prueba, tanto de los denunciantes como quienes cometen los hechos, las evidencias están allí y eso es lo que quieren esconder. Lamentablemente, el gobierno opera sin una línea de corrección y hasta da la impresión, que sus propios órganos de poder aúpan una intervención y el mejor ejemplo lo tenemos con el Tribunal Supremo de Justicia cuando desconoce la inmunidad parlamentaria de una Asamblea Nacional y colocándose al margen del propio estado de derecho el mismo instrumento de justicia.

La Carta Democrática no es más que un mecanismo de defensa frente al peligro eminente que se cierne sobre la institucionalidad de un país, es el enemigo político de un estado que sufre las consecuencias desde un determinado gobierno que acorrala y genera un discurso que atenta en contra de los estamentos jurídicos de la democracia; pero lo más grave aún, es que el actual modelo de régimen confunde, para sus conveniencias ideológicas, que Estado, gobierno y partido son las mismas cosas. Es ese concepto estalinista soviético que imperó en la Europa del Este con la llegada del comunismo, pero que hoy ya no existe por la caída de la ideología, pero aquí se pretende restaurar esa tripolaridad ya fuera del contexto del pensamiento de la humanidad.

Hoy nos encontramos con un doble discurso de los actuales jerarcas del régimen, ayer aplaudían las decisiones de la OEA cuando les favorecía sus intereses, levantaron la mano para elegir a uno de los hombres más lúcido y esclarecedor del pensamiento de política internacional de la izquierda en América Latina como lo es el Dr. Luis Almagro, pero las mismas convicciones democráticas del secretario general de la OEA lo han conllevado a fijar posición crítica frente al desastre actual que se vive en nombre de una “supuesta revolución” que viola los derechos humanos y tiene al pueblo pasando hambre. La primera vez que se activó la Carta Democrática fue en Honduras cuando el caso Zelaya y justamente quien la pidió fue Nicolás Maduro cuando era canciller de la república; quien impulsó la aprobación de la Carta Democrática fue el difunto ex presidente Hugo Chávez, ya que por conveniencia quería lavarse el rostro de su cultura antidemocrática y generar una opinión internacional de hombre demócrata en el continente.

Los factores democráticos tienen que recorrer el país, estado por estado, municipio por municipio y parroquia por parroquia explicando detalladamente el significado histórico de ese instrumento de valor internacional para los pueblos y su cultura de la libertad, esa dirigencia tiene que dejar la comodidad de la Gran Caracas y desplazarse por todo el territorio creando conciencia a viva voz antes que el gobierne genere una arremetida de opinión por sus medios de comunicación con aquel slogan “Van a invadir a Venezuela” o ese llamado patriotero que pocos ya creen. Ha llegado la hora de la conciencia y la educación democrática del pueblo.                     

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