DLA Columnas | 30/03/2017 | 1:00 am
Se cayeron las caretas

Por: Edgar Barreto

Que cinismo, que hipocresía, que mediocridad, es la reunión de la traición a los pueblos de nuestra América, los arrodillados del imperio gringo, pero también de la resistencia digna de nuestro pueblo bolivariano acompañado de las naciones honorables que no se rinden ante el intervencionismo colonialista. El circo montado en la OEA es desenmascarado por la palabra firme de nuestra delegación encabezada por la canciller valiente Delcy Rodríguez, por la inquebrantable firmeza y contundencia del embajador Manuel Moncada, que con los argumentos sostenidos en la historia gloriosa, en la verdad de los hechos, desmontaron todo el trama de traiciones, cobardías y mediocridades expuestas por el títere imperial Luis Almagro, el gris de secretario general de la OEA, instrumento intervencionista y violador de la soberanía de los pueblos.

Que acción miserable la de Luis Almagro, que cobardía y traición la de varios voceros de gobiernos arrodillados que no han dudado en ponerse de espalda a sus propios pueblos, que han estado sometidos a la agresión diaria, a la violación permanente de los Derechos Humanos como México, Brasil, Argentina, Colombia entre otros donde todos los días millones de seres humanos protestan en las calles contra los planes neoliberales que aplican causando severos sufrimientos a su población, con persecuciones, violación de los Derechos Humanos de forma abierta y descarada, con desapariciones permanentes, prisioneros políticos, reducción de salarios, aumento del desempleo, eliminación de las conquistas sociales, persecución y asesinatos de luchadores sociales. No tienen moral como tampoco la tienen los dirigentes apátridas que desde Venezuela solicitan a gritos una intervención en nuestra tierra.

Suficientes evidencias, pruebas que demuestran que el liderazgo de la oposición venezolana es una charca de traición, como públicamente convocan a la aplicación de la Carta Democrática de la OEA, hasta cuñas por las redes tienen, como es el caso de Julio Borges. No tienen vergüenza, es por ello que con autoridad moral estamos obligados a decirles a los seguidores de esta criminal dirigencia que definitivamente abran los ojos, rompan con esa sinvergüenzura de traicionar a la patria que los vio nacer.

Aquí nadie puede justificarse, ya está bueno, hay que dejar la estupidez, la indiferencia y hasta la cobardía, ya basta de hacer tanto daño continuo. Han enfermado a miles de venezolanas y venezolanos, han neurotizado a la gente, la han idiotizado. Debemos desde todos lados iniciar una basta y creativa campaña de conciencia, de sabiduría, para romper el chantaje de la guerra psicológica a la que han sometido a la familia trujillana. Estos estafadores de la política además de ser traidores de la patria, son culpables de hacerle tanto daño a nuestra población. No hay aplicación de la Carta Democrática. Se cayeron las caretas.

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