DLA Columnas | 28/03/2017 | 1:00 am
¿El mal y el bien se aprenden?

Por: Camilo Perdomo

<No hay dos lirios iguales, ni dos águilas, ni dos orugas, ni dos hombres; todo lo que vive es incesante desigualdad.> José Ingenieros. El hombre mediocre. Cap. VIII.

La pregunta no es originalmente mía. Tiene unos cuantos siglos asistiendo a debates, en libros, films, poemas, novelas, pinturas. Platón, Blas Pascal, Agustín, Kant, entre otros, se ocuparon de dar ideas al respecto. Yo la traigo al Tópico y luego de haber escrito un voluminoso libro sobre la temática, porque recientemente con los alumnos del curso de H. Arendt (Eichmann en Jerusalén) de la Maestría en Literatura abordamos la reflexión. La clave de la pensadora alemana está en haber distinguido la conducta humana del mal dentro de su banalidad y en la ausencia de material diabólico en el ejecutor del Holocausto judío de la Alemania Nazi. En tiempos postmodernos sabemos de una serie de actos terroristas en países del primer mundo cometidos por jóvenes educados en esos lugares. Curiosamente lugares donde se enseña la tolerancia, la democracia, los valores ético-morales y sin embargo el mal los define en sus conductas criminales. Es así válido preguntar ¿Cómo jóvenes asistentes a escuelas con instalaciones cuidadas, profesores calificados y con estándar de vida distintos al de la miseria del mundo pobre se involucran con políticas del mal? Entonces el asunto no es de pobreza. Es que los padres no están al tanto de lo que hacen sus hijos, muletilla que pudiera ser válida en nuestro entorno con crisis de largo aliento, pero no allá. Se pensó que luego de la segunda guerra el mal estaba controlado, no ha sido así y ha mutado en sujetos, discursos político-religiosos y países. Se pensó que las dictaduras militares y el dominio de carteles de la política estaban acorralados ante el avance de los medios de comunicación y la tecno-ciencia. No fue así y en algunos lugares hasta por vía del voto universal y secreto entraron con sus prácticas del mal. Sabemos hoy por los trabajos de la señora Arendt: Orígenes del totalitarismo, El orgullo de pensar y el texto sobre Eichmann que el mal no es asunto de demonios, ni de diablos. Y sabemos también que la riqueza natural de un país, petróleo por ejemplo, puede servir para reproducir el mal, como en esta Venezuela. Otro dato cultural a considerar es que en la sociedad actual la elemental idea de moral en los imperativos no matarás, no robarás y no mentirás carece de impedimentos sociales para circular, luego entonces ¿Por cuál tipo de razón son hoy palabras huecas y vaciadas de contenido conductual en los humanos? El catecismo religioso en todos sus códigos publicita que el mal es obra del Diablo y el bien de Dios, dualidad que por supuesto no nos dice nada porque incluso ministros y dirigentes políticos perteneciendo a cultos pisotean en sus prácticas sociales cotidianas los imperativos morales y éticos sin sentir ninguna carga. Sabemos entonces que palabras del bien o del mal carecen de fuerza explicativa de las prácticas donde agresión pasa a ser violencia y ésta pasa a ser terrorismo, pero también el mal está con otras representaciones como corrupción con dineros públicos para becas, sistemas de salud y pensiones de vejez. Curiosamente las partidas para policías, ejercicios militares y viáticos de burócratas no son tocados. ¿Acaso allí no se representa el mal? En el curso aludido de la Maestría he presentado evidencias serias sobre lo inútil de nombrar la palabra Conciencia como llave sociológica o filosófica para atacar el problema del bien o el mal. De fuerte influencia hegeliana-marxista se pensó que el proletariado tendría alta conciencia social y por eso estaba capacitado para crear el Socialismo como bien común. De las experiencias soviético-cubanas, chinas, vietnamitas y venezolanas deducimos la horrible sociedad creada. Afortunadamente la Neurociencia dice que mente es el lugar del cerebro donde se procesan fenómenos como gusto por el color, el sabor, el placer, el dolor, el sufrimiento y allí estaría la consciencia, con s. De tal manera que posiblemente sea esa disciplina y no la sociología, ni la educación, ni la filosofía donde debemos hincar el diente del pensamiento para saber si el bien y el mal se aprenden y, sobre manera, cómo abordarlos. Saque sus conclusiones.

camiloperdomot@gmail.com

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