DLA Columnas | 27/03/2017 | 9:33 am
La desigualdad: el rostro visible del capitalismo

Por: Hugbel Roa*

Hace cerca de doce años, durante la celebración del XVI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, evento realizado en el Teatro Teresa Carreño, el 13 de agosto de 2005, cuando en un emotivo discurso dirigido especialmente a los jóvenes de entonces, de ahora y de siempre, titulado: “Que podamos decir dentro de 10 años, dentro de 20 años: la Historia nos absolvió”, el Comandante Eterno, Hugo Rafael Chávez Frías, nos decía lo siguiente: “Pienso que la economía de mercado engendra desigualdad, egoísmo, consumismo, despilfarro y caos1].” Reflexiones que hoy resuenan más vivas que entonces, cuando los que se creen dueños del mundo y sus lacayos de adentro y de afuera, perfeccionan sus estrategias de muerte para tratar de acabar con el proyecto nacional y soberano que hoy lidera el Camarada Nicolás Maduro Moros.

Ellos saben que el capitalismo neoliberal y salvaje -  perdonen la redundancia -  se encuentra en su peor momento y como resultado, las cifras de desempleo en los mal llamados países del primer mundo, no ha hecho más que aumentar año tras año, en tanto que la calidad de vida de sus ciudadanos continúa en una espiral de descenso que demuestra incluso cierto hartazgo de la población hacia los polítiqueros de oficio. Ese resultado ha sido confirmado incluso por reconocidos historiadores estadounidenses como Philip Jenkins, quien en su libro Breve historia de Estados Unidos, afirma que “Entre 2001 y 2006, la economía de Estados Unidos perdió tres millones de empleos manufactureros (…) salarios reales estancados desde mediados de los setenta, y la mejoría en las economías familiares sólo ha afectado al 20% de hogares, los más acomodados [en tanto que] para los pobres y la clase media baja, el resultado ha sido un sentimiento generalizado de frustración y de descontento... [2], consideraciones que ponen en evidencia el grado de desigualdad generado como resultado de las políticas económicas de un modelo que acrecienta las injusticias. Razón tenía el Comandante cuando en su discurso desde Pernambuco, Brasil, con motivo de la colocación de la primera piedra de la refinería Abreu e Lima,  nos dijera que “... en Estados Unidos crece la pobreza, crece la exclusión y crece la desigualdad [3]”. Como vemos, dos visiones, una política y una académica que concuerdan en que el capitalismo se alimenta de la vida, de la sangre y de las esperanzas de las clases bajas y medias de la sociedad.

En contraposición a lo que viene ocurriendo en los Estados Unidos de América, como afirmara el Camarada Nicolás Maduro en su discurso anual del 2015, “Venezuela ha venido evolucionando positivamente desde niveles de gran desigualdad (...) a pesar del ataque económico, a pesar de la guerra económica, gracias a la inversión de las Misiones y Grandes Misiones [4].” y eso es precisamente lo que no nos perdonan, que el socialismo del siglo XXI, que está en construcción, desde y con sus bases, presente una propuesta alternativa de crecimiento con justicia social. De ahí el ataque mediático internacional, secundado por sus marionetas nacionales, de invisibilizar los resultados en materia de salud, educación, acceso a una vivienda digna, entre otros muchos logros de la Revolución Bolivariana.

Hoy más que nunca, con el apoyo del pueblo consciente, que sabe que lo que está en juego es la soberanía e independencia nacional, en especial, de la administración de sus recursos energéticos en favor del bienestar de las y los venezolanos, recordamos las palabras de uno de los  académicos europeos más relevante de su generación, Ralph Miliband, cuando nos advirtiera que: “No es probable que en ningún lugar se produzca una transición tranquila al socialismo; por el contrario, es seguro que el proceso esté plagado de grandes peligros y dificultades. Pero es más probable que los peligros y dificultades disminuyan a medida que el apoyo y el compromiso popular en el proceso sean mayores. Ese apoyo, su resistencia y su profundidad dependen en gran parte del grado en que un movimiento socialista sea capaz de convencer a la mayoría de la gente de que representa no sólo una mayoría material y un uso más racional de los recursos de lo que el capitalismo es capaz de hacer, sino que también representa un gobierno más humanitario [5].” Ante los ataques perversos de la derecha internacional, que pretende obligarnos a decidir entre el capitalismo y el socialismo del siglo XXI, respondemos como en una sola voz, el camino es la vida, es decir, el socialismo.

 

*Ministro del Poder Popular para la Educación Universitaria Ciencia y Tecnología

roahugbel@gmail.com

@hugbelpsuv

 

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