DLA Columnas | 10/03/2017 | 1:00 am
Todo pasa por el cuerpo

Por: Juan(cho) José Barreto González

 

Los jefes miran el escenario de batalla. Sobre una enorme mesa virtual han colocado todas las opciones. Ni siquiera ellos mismos conocen el espacio real donde la sangre de terceros muerde el polvo de la vida. Los jefes miran el escenario de batalla y sus cabezas están hechas de antenas y botones. Cada quien tiene su mesa virtual con capacidad de modelar la vida y la muerte. Deciden cómo vivimos, morimos, deseamos. Si hace falta una guerra la crean pero está prohibido amenazar culturalmente el modelo. La guerra es un juguete para aparentar y distraer a los terrícolas. Pequeña o grande es un modelo para armar. Los dueños de los tableros de dirección han creado un modo de vida mundial. La retórica sólo es una protección para aparentar diferencias. La guerra dura el tiempo culturalmente necesario para aniquilar al diferente y controlarlo. Debe regresar al orden mundial, no el que se decide en las convenciones sino, entre los señores de las antenas y de los botones. Chinos, rusos y norteamericanos saben a quienes detener realmente. Un complejo tablero, una rayuela predefinida. Todos juegan el juego, nadie se atacará realmente. Los conejillos de Indias sirven para el experimento de la nueva dominación. ¿Cuál guerra ha roto el cuadro y se ha salido de la rayuela terrible? Es dura la cosa, ni Vietnam ni la Farc han podido. El Imperio es uno sólo, solo que saltan por turno. Simulan la guerra y ser enemigos. Guerras largas que terminan en acuerdos. Vienen los reacomodos. ¿Dónde quedan los cambios y las revoluciones?

Los enemigos cooperan en el acuerdo, se vuelven uno, sin contratiempos. Los otros son errores del destino, insubordinados o rebeldes sin causa. Toda energía es controlada desde los tableros de dirección que juegan al control. Reproducen el juego infinitamente sin correr ningún riesgo. Siempre hay un acuerdo, el arma de destrucción masiva no se dispara. La guerra nuclear es un dispositivo del futuro para controlarlo y hacerlo a su imagen y semejanza. La disuasión es una distracción, un acto preconcebido, parte del circo satelital.

Dentro, en el pequeño país, los dueños locales simulan la guerra y simulan el diálogo. Mientras la esquizofrenia colectiva, producto calculado de los medios de no-comunicación, se apodera de sus habitantes. Soy de un lado y no de otro y viceversa. Todos los lados niegan al otro. Es más, el otro no existe. Se borra al real diferente. Una guerra virtual que aniquila los discursos de lo real. Nadie se toca, se mira a los ojos, se pica el ojo o se toca el cuerpo. Nadie mira la diferencia. Todos estamos satelizados. Vamos a vernos, sin pantallas, sin salir de computadoras, cara a cara, cuerpo a cuerpo. Volver al cuerpo, esa es nuestra arma porque “todo pasa por el cuerpo”.

 

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