DLA Columnas | 7/03/2017 | 1:00 am
El desafío de pensar en Venezuela

Por: Camilo Perdomo

Cuenta J. L. Borges en Inquisiciones hablando de cómo era Buenos Aires en un tiempo: <…La juventud era dispersa en la sombra y cada cual juzgábase solo. Éramos semejantes al enamorado que afirma que su pecho es el único enorgullecido de amor…> Toda una cultura del orgullo opaco, de las palabras sembrando optimismos débiles como si fuesen espejos seguros de la originalidad patria. En la Venezuela de estos días el decir que circula en cada cuadra y plazas públicas es la palabra <crisis>, con tres ingredientes diabólicos: hambre, corrupción y crimen. Esa juventud que creyó vivir en el mejor de los mundos como lo mostraba el escenario mercantil del <Mis Venezuela> no era sino el cruel invento histórico de un pasado que con el tiempo mejoraría porque teníamos el principal producto que mueve al mundo capitalista: <El Petróleo>. No era así y toda esa esperanza devino un futuro perverso como para interrogarnos: ¿A dónde iremos? ¿Cómo salir de esta agonía? Hay por todas partes vivencias y complejos existenciales buscando interlocutores que guíen un camino inexistente. El sentido que creímos tener seguro porque las leyendas históricas así lo narraron es hoy un amasijo de conceptos vaciados de contenidos reales e insuficientes para explicarnos ¿Por qué descendimos tanto en prácticas ciudadanas y aceptamos políticas utilitaristas y excesivas en fabricar mentiras? Cada quien narra su conflicto, pero hace esfuerzos por ocultar su decadencia, cada grupo ubica en ideas de paz y esperanzas fallidas el camino a retomar, como si el pasado no hubiese originado escenarios del teatro de nuestra tragedia. Ciertas sociologías de las encuestas fabrican cada día y por encargo mercenario números sobre la crisis con el cuidado de no hincar el diente en nuestras prácticas culturales marcadoras del cementerio de valores negadores de todo espíritu democrático. ¿Es que podía ser de otro modo el resultado del autoritarismo inaugurado luego del proceso constituyente de 1999 donde la ética utilitarista fue la invitada de honor? ¿Es que esos constituyentistas no eran utilitaristas? Autoritarismo que se nutre y crece en la medida en que esta crisis que usted y yo sentimos muta de espacios y sujetos. Lo terrible de nuestro mal cultural es que cada quien hace lo posible por no identificarse en sus propias sombras, no ha terminado un escándalo cuando inmediatamente estalla otro, hoy un torturador y perseguidor de disidentes se refugia en su gloria y mañana aparece abrazado con el torturado como si nada hubiese ocurrido, hoy un comerciante habla de crisis y de escrúpulos, pero en su actividad comercial hace lo imposible por sacarle el dinero al sujeto más vulnerable. Quienes ayer prescribieron el libre pensamiento hoy hacen ejercicios como si gargarismos en nombre de la libertad. Todo intento de pensamiento crítico y llamados para tener en el sistema escolar ejes transversales para promover la ética, la moral, la democracia, la tolerancia, la bioética y el conflicto en torno a los valores, fue recibido con desdén y negligencia entre las autoridades elegidas con la Constitución de 1961. Luego la de 1999 no tenía tampoco ningún compromiso para ese cambio. Vivíamos la dicotomía entre derechas e izquierdas donde esta última era publicitada como el bien común, el camino a la gloria y lo necesario para la pureza. Desde esta Venezuela sabemos lo que ocurrió con tal presuposición teórica: Miseria, maldad e incompetencia son tres palabras claves de la caja de herramientas de quienes fueron gobierno desde 1999. Frente a toda crítica se respondió con abuso, irrespeto e intolerancia:<derecha, neoliberal, apátrida, enemigos del pueblo y otras descalificaciones conocidas. Por supuesto, tachando esas palabras no les quedó nada qué decir o qué argumentar, vale decir que hubo déficit de pensamiento y sus pocos intelectuales son tarifados o mercenarios de la pluma. Nada qué ver con los intelectuales defensores de la izquierda francesa en tiempos de Monarquías. Del lado disidente tampoco andamos muy bien pues el pragmatismo cotidiano junto al tareísmo y efectivismo vienen imponiendo agendas precisas para evitar reflexionar sobre ¿Cómo cambiar culturalmente a Venezuela a los fines de vacunar lo político-social contra toda emergencia del autoritarismo, militarismo y populismo? Saque sus conclusiones.

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