DLA Columnas | 21/02/2017 | 1:00 am
Alexis de Tocqueville no vino a Venezuela

Por: Camilo Perdomo

El debate político venezolano tiene ausencia de pensadores clásicos y presencia de voluntarismos cotidianos en las ideas de República y democracia. Por ello los políticos confunden lo prioritario de lo principal y lo urgente con lo necesario al diseñar una nueva sociedad. El Tópico intentará colocar algunas ideas desde un fundador de la ciencia política de la modernidad. De entrada es obvio el desencanto de la democracia representativa y luego la participativa en la reproducción de hábitos y vicios luego de la reforma constitucional de 1999. Vale preguntar: ¿Leyeron los políticos del posgomecismo y posperejimenismo los textos de Tocqueville: El Antiguo Régimen y la Revolución, La Democracia en América y Souvenirs? No, pues hubiesen tomado precauciones frente a contradicciones entre democracia y revolución, entre libertad e igualdad, entre autoritarismo y militarismo. Leamos: “Los partidarios de la democracia no deben conducir el pueblo a gobernar, ellos deben conducir el pueblo a escoger el más capacitado entre los capaces para gobernar” (carta a Stuart Mill el 5-12 1835). La experiencia desesperada del proceso constituyentita de 1999 que legitimó al gobierno actual muestra tal ignorancia. Tenemos hoy un déficit de ciudadanía promotora de improvisación, gritería y abuso de poder. Esa manía de pensar que libertad y justicia conviven a fuerza de voluntarismo en el mismo lugar ético, creó ese desastre de sociedad que usted y yo sentimos. Tocqueville, apoyándose en síntomas del viejo gobierno, apuntó esto: <Yo había concebido la idea de una libertad moderada, contenida por las creencias, las costumbres y las leyes>. Pensemos desde Venezuela: ¿cuáles creencias defendemos?, ¿cuál moral nos guía y, qué sentido le damos al valor libertad? ¿Ignoramos el tamaño de nuestro caos y los límites del culto religioso a nuestros héroes y de la fiebre revolucionaria? Leamos: <En cuanto a los revolucionarios de 1789, ellos tienen el amor de la libertad en el corazón, pero ellos también tienen los gérmenes de la servidumbre en su cabeza> no soy ingenuo si digo que no disfrutaremos de libertad sólo fijándonos en la elemental idea de recoger la basura de las calles, pero ello es necesario señores Alcaldes. Tampoco decretando bonos alimentarios para los niños en edad escolar, pero eso también es necesario. Ahora bien, tal tarea es posible en un gobierno eficiente en su gerencia sin necesidad de calificar para ser definido como revolucionario. Pero más grave si siendo productor de petróleo, eso no se hace, o si respondiendo a la crítica se lleva el debate al espacio ficticio de traición, derecha-izquierda. El problema entre derecha e izquierda aquí no es como en otros lugares, pues alguien de pensamiento conservador convive en ambos mundos sin invocar ética alguna, pero como somos mestizos cultivamos híbridos históricos con píldoras de ignorancia casi como un collage postmoderno. Somos amigos de combinar Bolívar, Cristo, Marx y los brujos del Caribe sin rendir cuentas a ninguna moral ni principios. En cuanto a la burocracia ineficiente del viejo gobierno puntofijista de 1959 y que un gobierno revolucionario de 1999 debía superar, eso no ocurrió. Hoy la censura con arbitrariedad pretende ocultar el fracaso. Leamos: <La soberanía del pueblo y la libertad de prensa son dos cosas correlativas, pero la ideología es el primer acto destructivo de la libertad> en Souvenirs, escrito entre 1850 y 1893. Para terminar, Tocqueville muestra en su texto La Democracia en América aspectos de gobernabilidad y tolerancia política con eficiencia. Lamentablemente las ideas de ese pensador no llegaron a nosotros antes de ese nefasto 1999. ¡El propedéutico parece necesario y obligatorio para quienes dicen tener condiciones para transformar a Venezuela! Saque sus conclusiones.

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