DLA Columnas | 17/01/2017 | 1:00 am
¿Resistencia o desobediencia civil?

Por: Camilo Perdomo

(El caso venezolano)

El conjunto de actitudes de la experiencia política venezolana luego del proceso constituyente de 1999 y del gobierno denominado chavista permite afirmar que hoy tenemos un déficit democrático con tendencia a una dictadura autoritaria y por supuesto contraria a la Constitución que sirvió de base a todo el listado de promesas electorales que luego se decretaron como socialistas. Un análisis básico al discurso denominado bolivariano-socialista nos dice que es un híbrido cargado de contradicciones teóricas que ni siquiera en el mundo académico da para un debate serio. Es un compuesto de buenas intenciones con conductas abusivas y negadoras de valores propios del siglo XXI como son la dignidad (basta la práctica de colas para adquirir comida o medicinas para que tal término esté negado entre nosotros), la libertad (basta con salir a partir de las 7 de la noche para que usted y yo sepamos que vivimos dentro de una cárcel colectiva. El respeto (basta que usted se confronte con lo militar cuida colas o vende pollos para que sienta qué quedó de ese valor). De la responsabilidad (basta escuchar al presidente de la República o a cualquiera de sus ministros para sentir qué entienden ellos por sujeto responsable). En fin, estamos en una democracia sin contenidos reales de ella, un Estado social de derecho sin el mismo y una ingobernabilidad constante que le da piso débil al factor económico. Todo esto termina afectando el modelo de sociedad que si bien el gobierno define como socialista no es sino un club de amigos donde la clave no son las teorías sociales de tal visión política, sino lo que en cualquier secta se practica: la lealtad. Dentro de ese cuadro cualquier propuesta política buscando superar la crisis choca no con teorías y disposición de arreglo de situaciones, sino con la torpeza, el abuso de poder, la zancadilla, la mentira, la manipulación, los descalificativos personales; vale decir todo aquello que permita reproducir esa imagen nefasta del poder, único criterio válido para  esa secta. Sin embargo, del lado de algunos sectores de la oposición el asunto no anda tampoco muy claro y eso explica la cantidad de ensayos y errores practicados a los fines de cambiar el gobierno. Es decir lo que se hace cuando no hay lecturas apropiadas ni debates críticos donde no se avance a tientas. No haber sabido a tiempo las consecuencias de cambiar la Constitución de 1999 ni haberse curado de andar combinando chismes con insurrecciones o jugando a ser del lado de enfrente pero con contraticos con el gobierno terminó minando la credibilidad de las propuestas en juego. No se puede ser ambiguo y no morir en el intento, no se puede invocar la ética y practicar lo contrario. Incluso se ha llegado a decir que hay que ser desobediente o invocar la Constitución en su artículo de resistencia para invitar a la rebelión. La política ciertamente no siempre es un asunto académico, pero obvio que quien no se toma la molestia de estudiar experiencias del pasado termina haciendo un pastiche teórico de consecuencias nefastas como la que tenemos hoy. J. Habermas, uno de mis maestros en filosofía y sociología en uno de sus últimos textos: Teoría de la acción comunicativa, nos muestra cómo abordar hoy la problemática política-social haciendo uso del lenguaje y de las teorías que superaron al marxismo y a Kant y también en su Ensayos políticos nos dice, citando a J. Rawls, lo siguiente: <…,la desobediencia civil se manifiesta en un acto público, no violento, consciente y político, contrario a la ley, cometido con el propósito de ocasionar un cambio en la ley o en los programas de gobierno> y también que <…La desobediencia civil tiene que moverse en el umbral incierto entre legalidad y legitimidad> Entonces no parece sencillo decretar esas prácticas políticas entre nosotros si ni siquiera hemos educado a la gente en contenidos democráticos y de ciudadanía cotidiana. No se puede jugar al ensayo y error con esas maneras de darle calidad a la sociedad como  lo ve Habermas y quien por lo demás sostienen que para incluso ejercer la resistencia civil es necesario tener un real Estado de derecho social. Tampoco se trata como en el pasado estudiantil de enmascarar a unos cuantos y ya se es desobediente. ¡No! Se desobedece dentro de un conjunto de normativas y simbologías a los fines de argumentar que tal ley es contraria al desarrollo democrático. Como se lee, falta mucho por hacer para cambiar esto. Saque sus conclusiones.

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@CamyZatopec

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