DLA Columnas | 12/01/2017 | 7:08 pm
Deleite

Por: Arianna Martínez Fico

Deleitarse tiene que ver con sentir placer; decimos que algo o alguien nos deleita cuando nos genera gozo o satisfacción de ánimo y/o sensorial. De los italianos he aprendido que el disfrute no es, necesariamente, sinónimo de viajes fantásticos, aventuras extraordinarias, ni de un estilo de vida ostentoso, lujoso o sibarita.

Vengo de pasar dos fabulosas semanas con mi familia en Italia y si tuviera que elegir una sola palabra que exprese lo que ese país significa para mí, esa sería DELEITE. Los italianos son hedonistas y gozones por naturaleza. Para la mayoría de ellos, pareciera no existir el concepto de regular, más o menos, políticamente correcto, prudencia o término medio. Italia es el país de la hipérbole, donde nada es poquito, casi todos gritan, el amor se expresa con comida, la amabilidad es sinónimo de regaño, el café y la rúcula son más amargos, y si bien no abunda la dulzura, sobra la pasión.

Deleitarse tiene que ver con sentir placer; decimos que algo o alguien nos deleita cuando nos genera gozo o satisfacción de ánimo y/o sensorial. De los italianos he aprendido que el disfrute no es, necesariamente, sinónimo de viajes fantásticos, aventuras extraordinarias ni de un estilo de vida ostentoso, lujoso o sibarita.

No existe un momento especial -porque siempre es el momento- para disfrutar el aroma y el sabor de un buen café. La mayoría de las mujeres se pintan los labios de rojo aunque no salgan de su casa o solo vayan al supermercado. Compartir el placer de una comida memorable donde todos conversan a la vez -y milagrosamente se escuchan- es una experiencia cotidiana. No es necesario un evento extraordinario para tomar un rico vino -aunque sea barato- y brindar por la vida. El arte está presente en cada calle y no solo en los museos. El otro importa y por eso es válido meterse en su vida y opinar aunque no haya sido solicitado. Se puede leer a Dante en la parada de autobús. No es necesario ir a la ópera para escuchar “la donnaémobile”. No hay nada tan urgente en el trabajo que impida una buena siesta. Cualquier ocasión es adecuada para el par de besos y un abrazo, y no hay tareas menores, por eso se toman tan en serio una partida de cartas como una operación nuclear.

Para ellos deleitarse es la consecuencia natural de su capacidad -casi infantil- de asombrarse con la belleza de lo cotidiano, de conectarse desde los sentidos con los placeres sencillos de la vida -los ven, oyen, saborean, tocan, huelen, sienten- y de estar en el momento presente, aquí y ahora. Es cierto que también chatean y navegan en las redes sociales pero, en mi opinión, considerablemente menos que nosotros.

Estoy convencida que disfrutar el viaje es tan importante como el destino. Vivir con “V” mayúscula es un arte que requiere equilibrar la habilidad para ir tras los sueños que nos apasionan con la capacidad de entregarnos total e íntegramente en cada tramo del camino sin pretender evadirlo por mucho que nos desagrade ni esperar permanecer allí si nos maravilla. Mi deseo para este nuevo año que comienza es que tengamos la sabiduría para atesorar y agradecer cada minuto de nuestra existencia, así como el estado de conciencia que nos permita ver lo extraordinario en aquello que nos parece ordinario y que en el sendero que conduce a la meta no se nos haga transparente la deleitante belleza de la vida en el momento presente.

“Cuando emprendas tu camino a Ítaca pide que el camino

sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias…”.

Konstantinos Kavafis

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