DLA Columnas | 6/01/2017 | 4:54 pm
El año de la profundización

Por: Héctor Díaz

Llegamos al 2017 con una retroactividad en los conflictos sociales y políticos, es un arrastre de problemas sin respuesta alguna, es un cúmulo que día a día se ha venido depositando en todos los escenarios de la vida del país, pero lo más lamentable, es que en vez de observar aportes para las soluciones o indicios de salir del túnel, lo que trasmite el gobierno es mayor profundización y más anexos de problemas. Desde el propio partido de gobierno, Psuv, se escuchan voces que alertan sobre la desviación y se encienden las alarmas de las incapacidades que adornan al jefe del Estado y su gabinete, grupos de intelectuales han pasado a la disidencia al ver como se frustra un proyecto político, así como, el estado va barranco abajo sin que exista posibilidad alguna de detener aquel armatoste que compromete el futuro y la vida del país.

No pretendemos ser los profetas del desastre, pero tampoco podemos alimentar esperanza alguna, cuando lo que observamos en el horizonte es una espantosa crisis que nos envuelve y nos asfixia. Pretender tapar el sol con un dedo o el dejar hacer, dejar pasar, tampoco puede ser nuestro norte; es decir y alertar el sombrío panorama, que ya no está a la vuelta de la esquina, nos pasó y nos avasalla en la cotidianidad de la vida. El 2017 se presenta como el año de la profundización del caos en todos los órdenes: un aparato económico totalmente estancado y sin salida alguna, una crisis social que toca todos los cimientos sin propuesta alguna para contrarrestarla, una incertidumbre político-partidista que trastoca la esencia misma de la cultura democrática y como base de la libertad se fragmenta para darle paso al preámbulo de una salida violenta, cuyos episodios de tráiler ya comenzaron por el estado Táchira y el estado Bolívar y en otras geografías que por razones de la censura comunicacional abierta las desconocemos y solamente nos llega por los pocos caracteres de las redes sociales; el conflicto de poderes auspiciados por el propio estado desde la presidencia de la república, para deslegitimar una Asamblea Nacional electa por el pueblo cuya votación no dejó márgenes de dudas comparada con las elecciones presidenciales.

Es allí, en ese recinto parlamentario, donde podía deslumbrarse una salida y los aportes sustanciales de todas las voces de la sociedad civil que pueda permitir ayudar a generar elementos de destrabes frente al estancamiento o a la ceguera gubernamental, lamentablemente, hoy la Asamblea Nacional es un jarrón chino de adorno para el actual régimen, quien la ha venido acorralando y la mantiene al margen de las grandes tomas de decisiones de una manera anti-constitucional, sin importarle los millones de venezolanos que expresaron su opinión a través del voto; pero también tenemos en el seno de la propia Asamblea, por parte de los sectores democráticos, un enfrentamiento de parcelas partidistas, que aunque no obtuvieron votación alguna, se miden y compiten por el número de activistas electos con la tarjeta de la MUD, esto ha originado una distorsión en la direccionalidad de una línea política unitaria, coherente y movilizadora que permita, por la vía democrática, darle la carta de desalojo al actual modelo ideológico enquistado hace diecisiete años.

El panorama no es fácil de predecir o de alimentar elementos que no sean apocalípticos ya que el primer obstáculo que tenemos es la cabeza visible, el Presidente de la República, cuyo discurso aleja cada día más las posibilidades de un encuentro armonioso, sincero tal y como se utiliza en los países con culturas democráticas y donde el respeto institucional está por encima de las diatribas domésticas. Es allí donde vislumbramos un mayor canibalismo político, un mayor enfrentamiento entre las dos Venezuelas, la representada por la mayoría que colocó en el parlamento ciento trece parlamentarios y la otra que representa el cogollo militar corrompido, los magistrados inquisidores impuestos desde Miraflores, el cascaron ilegítimo que representa al cuerpo electoral y el verbo desconocedor de la voluntad popular de Nicolás Maduro. 2017, bienvenido al polvorín. 

hectordiaz63@hotmail.com

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