DLA Columnas | 6/01/2017 | 9:41 am
Metanoia

Por: Arianna Martínez Fico

¡Cualquier cosa menos ser tildada de guabinosa! Cuando los venezolanos decimos de alguien que es guabinoso, hacemos referencia a una persona escurridiza, que al igual que la guabina -pez de piel muy resbalosa- nos cuesta agarrar o precisar, ya que hoy puede pensar algo y mañana cambiar de opinión. A lo largo de mi vida fueron muchas las veces que quise retractarme de algo o desandar parte de un camino avanzado y, a pesar de ello, me mantuve firme. Yo crecí con la idea que no había nada más terrible que a uno lo catalogaran como alguien de ideas débiles, que no fuera capaz de defenderlas a capa y espada aun cuando las circunstancias cambiaran, que “patrás ni pa coger impulso”, que "chivo que se devuelve se esnuca", y que había que morir con las "botas puestas", solo mirar adelante y mantenerse aferrado a las propias creencias. 

Hace unos años descubrí el concepto de Metanoia, quizás uno de los más liberadores con los que me he topado. Metanoia viene del griego metanoien: meta (después o más allá) y noe? (comprensión, percepción o mente). Significa, literalmente, cambio de mentalidad y señala la acción de retractarse de alguna afirmación realizada y corregirla para comentarla de mejor manera. Ahora bien, más que a un cambio de postura u opinión pública -que es el caso de los guabinosos- quiero referirme a un proceso de transformación más profundo, uno que va más allá de las tendencias, a aquel que surge del cambio en nuestra manera de ver y comprender el mundo.

El biólogo chileno Humberto Maturana, ha propuesto tres nuevos derechos humanos a la Declaración de las Naciones Unidas, entre los que destacan el derecho a cambiar de opinión. No es posible cambiar de enfoque y perspectiva, convivir con uno distinto a mí, generar mundos distintos, abrazar la incertidumbre como parte de la aventura de la vida y proclamar nuevas verdades sin cambiar de opinión. Las personas y organizaciones que aprenden son aquellas capaces de hacer metanoia y re inventarse. El contrasentido es que un mundo cambiante a veces pareciera exigirnos ser siempre iguales. Si bien hay una columna estructural de principios y valores que he mantenido en el tiempo, debo confesar que la mujer que hoy soy es muy diferente de la que fui hace veinte años y seguramente más diferente aun de la que seré en diez años más.

Cuando además de la mente cambia nuestro corazón, es posible la transformación interior que luego puede develarse exteriormente. Los invito a dar la bienvenida a este  nuevo año 2017, los  invito a bajar las defensas de nuestras ideas fijas e inmutables, y a abrir nuestra mente y corazón a una comprensión distinta -que tal vez implique cambiar de opinión- de una nueva Venezuela, una que no es la que fue y para la que no nos sirven antiguas convicciones, que es mucho más que la sumas de dos polos opuestos, y para cuya reinvención tal vez tengamos que ir adelante y atrás y atrevernos, quizás, a ser tildados de guabinosos.

arianna.mf@gmail.com

 

 

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