DLA Columnas | 3/01/2017 | 1:00 am
Por fin…

Por: Eduardo Fernández

Por fin terminó el año. Fue un año muy duro y muy difícil. El país sigue sufriendo las consecuencias de un gobierno muy malo y de una ausencia de alternativa. Debemos dar gracias a Dios por todos los bienes recibidos durante el transcurso del año y pedirle que nos conceda un nuevo año lleno de bendiciones y de progreso.

La situación es difícil, muy difícil. Se habla mucho de la necesidad de una transición. La transición es un proceso que nos lleva de una situación mala a una buena. Salir de una crisis política, económica, social, cultural y moral para avanzar hacia una sociedad más integrada y más feliz.

La transición tiene que contar con una agenda y con un tiempo. La agenda debe incluir como medidas fundamentales, el restablecimiento del estado de derecho, la plena vigencia de la Constitución Nacional y el respeto a la autonomía y a la independencia de las diferentes ramas del poder público. En una palabra, requerimos más y mejor democracia.

Desde el punto de vista de la superación de la crisis política hay un punto que me parece de fundamental importancia: sustituir la cultura de la confrontación por la cultura del respeto al pluralismo, del diálogo y de la búsqueda de consensos para resolver los problemas que afectan la vida de los venezolanos.

Siento que hay un hartazgo en los venezolanos de tanto pleito inútil, que no soluciona ninguno de nuestros problemas. Creo que es el momento de reconocer que los intereses del país están por encima de las diatribas políticas subalternas y que Venezuela y los venezolanos agradeceríamos un poco menos de controversias y un poco más de acuerdos constructivos en beneficio de la nación. En la agenda de la transición tiene que ocupar un lugar muy especial la obligación de atender las necesidades básicas de la población como lo son la comida y las medicinas.

Hay que resolver la crisis económica que se expresa en inflación y recesión y hay que resolver la crisis social que se manifiesta en un creciente empobrecimiento del país. Cada día que pasa los pobres son más pobres.

El problema económico no se resolverá mientras no tomemos la decisión de eliminar los controles artificiales de la economía: control de cambios y control de precios.

Para reactivar el aparato productivo y generar los bienes y servicios que se requieren, necesitamos más y mejores inversiones. Para tener más y mejores inversiones hay que promover un clima de confianza. Y para que haya confianza hay que erradicar los controles artificiales de la economía: ¡tan simple como eso!

Demos gracias a Dios por todo lo bueno que nos regaló en el año 2016 y roguémosle encarecidamente que nos conceda un año nuevo, mejor.

Seguiremos conversando.

Eduardo Fernández

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