DLA Columnas | 19/12/2016 | 1:00 am
La complicidad del silencio

Por: Hugo Cabezas

Es verdad que, más allá de falsos moralismos, en política, la prudencia es buena consejera. El político no debe decir más de lo necesario, no debe ser exagerado en sus opiniones, debe entender que sus interlocutores esperan de él una determinada información. El político debe entender que la política es un acto humano, por tanto, un acto consciente de nuestra vida; por lo que, las normas que regulan la acción política son normas éticas, lo cual no niega el cumplimiento de determinadas normas morales; y que, en ese sentido, en política las normas no son regulaciones infalibles, inflexibles, porque la vida vivida y por vivir es un permanente estar haciéndose. El político debe, por tanto, proponerse alcanzar el punto de encuentro entre la pasión y la razón. Si la cosa es así, el ejercicio de la política es un asunto serio, no es cualquier cosa, por lo que, el político debe ser un ser responsable. Responsable de sus actos y de lo que dice, nada lo desdice más que ser un fanfarrón, un sabelotodo, creerse dotado de una erudición que lo convierte en un enciclopedista del siglo XXI.

En los años ochenta de la centuria pasada nuestro país vivió una aguda crisis de su liderazgo político. El régimen democrático de entonces, sustentado en el pactismo y la concertación de intereses, que tuvo en el Pacto de Punto Fijo su pilar fundamental, hizo aguas. Crisis que adquirió un carácter multidimensional y que, entre sus muchas variables, tuvo en la pérdida de credibilidad de sus dirigentes una de las razones fundamentales. El escenario político que vivimos hoy, parece una reproducción al carbón de aquel.

La dirigencia política agrupada en la MUD repite las mismas prácticas. Hace de los medios de comunicación su mejor, casi su único, instrumento para relacionarse con el colectivo social; el micrófono, es su principal baluarte para transmitir su “palabra orientadora”; el centimetraje en la prensa escrita, es el mejor indicador de su liderazgo; aparecer en televisión, es lo máximo. No importa que no diga nada, lo importante es aparecer en los medios.

Una dirigencia sustentada en una conducta como ésta, no logra entender el universo en el cual actúa. Por eso, su manera de actuar colide con las más elementales normas del quehacer político. El país va por un lado y la dirigencia de la MUD va por otro. Diecisiete años después no han logrado entender que Venezuela es otra. Se puede o no estar de acuerdo con los cambios ocurridos, pero, seguir estimando a nuestro país como la Venezuela de finales de la centuria pasada, es un fallo político sin parangón; peor aún, seguir actuando como en la Venezuela cuarto republicana, ha sido el más grave error en el cual ha incurrido la dirigencia de la MUD.

Un dato que es relevante, para darle sustentación a la anterior afirmación, está relacionado con el rol protagónico que hoy tiene el pueblo venezolano en la vida política de la nación. Podemos decir que la politización del venezolano ha adquirido una dimensión como no la tuvo a lo largo de todo el proceso histórico republicano de nuestra patria. El pueblo venezolano de hoy es un ser pensante y actuante. Ante los errores cometidos por su dirigencia, como se dice coloquialmente, pasa recibo. Con mucha responsabilidad, y de manera autocrítica, podemos decir que a nosotros nos cobró, y nos cobró bien caro el 6 de diciembre pasado.

La dirigencia de la MUD se sintió triunfadora. A lo largo de aquella campaña, como se recordará, ofreció de todo. Un año después nada hizo. Muy por el contrario, ante los ingentes problemas estructurales y coyunturales que vive el país ha guardado silencio. Frente al rentismo petrolero, nada dice. Ante las agresiones externas de que ha sido objeto la nación, voltean la cara. Frente a los problemas de abastecimiento de productos básicos de la dieta diaria, estimulan su desaparición y el elevado costo que por la especulación adquieren los mismos. Para solo citar tres aspectos fundamentales de la difícil situación que vivimos.

Para la MUD, el silencio no es una metáfora, es una praxis política. Con su silencio creen no comprometerse, pero dicen mucho. Y de esto el pueblo se da cuenta. Con la complicidad del silencio, creen estar protegidos del juicio del pueblo ante su inoperancia, ineficacia e ineficiencia; con la complicidad del silencio, creen estar protegidos del juicio del pueblo ante sus conductas antidemocráticas, fascistas y apátridas; con la complicidad del silencio, creen estar protegidos del juicio del pueblo por sus mentiras, falsedades y engaños. Su más reciente silencio, ante la agresión de que fue objeto nuestra Canciller Delcy Rodríguez, en Argentina y las agresiones de dólar today, a nuestro signo monetario, el bolívar, son la mejor demostración de que la dirigencia de la MUD, hace del silencio uno de sus mejores cómplices. Por eso, el pueblo venezolano los volvió a derrotar.

Felices fiestas y venturoso 2017.

@hugocabezas78

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