DLA Columnas | 18/12/2016 | 1:00 am
4º domingo de Adviento

Por: Padre Tomas Espinosa

Primera Lectura  (Is 7, 10-14)

Lectura del libro de Isaías.

El Señor habló a Ajaz en estos términos: “Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del abismo, o arriba, en las alturas”. Pero Ajaz respondió: “No lo pediré ni tentaré al Señor”. Isaías dijo: “Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios? Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la Joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel”.

 Palabra de Dios.

 A. Te alabamos, Señor

Salmo responsorial (Sal 23, 1-6)

R.  Va a entrar el Señor, el rey de la gloria.

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella, el mundo y todos sus habitantes, porque él la fundó sobre los mares, él la afirmó  sobre las corrientes del océano. R. ¿Quién podrá subir a la montaña del Señor y permanecer en su recinto sagrado? El que tiene las manos limpias y puro el corazón; el que no rinde culto a los ídolos. R. Él recibirá la bendición del Señor, la recompensa de Dios, su salvador. Así son los que buscan al Señor, los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. R.

Segunda Lectura (Rom 1, 1-7)

 Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma.

Carta de Pablo, servidor de Jesucristo, llamado para ser apóstol, y elegido para anunciar la Buena Noticia de Dios, que él había prometido por medio de sus profetas en las Sagradas Escrituras, acerca de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, nacido de la estirpe de David según la carne, y constituido Hijo de Dios con poder según el Espíritu santificador, por su resurrección de entre los muertos. Por él hemos recibido la gracia y la misión apostólica, a fin de conducir a la obediencia de la fe, para gloria de su nombre, a todos los pueblos paganos, entre los cuales se encuentran también ustedes, que han sido llamados por Jesucristo. A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados para ser santos, lleguen la gracia y la paz, que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

Palabra de Dios.

A. Te alabamos, Señor.

Evangelio (Mt 1, 18-24)

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Éste fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de todos sus pecados”. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: “La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emanuel”, que traducido significa: “Dios con nosotros”. Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.

 Palabra del Señor.

A. Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión

Pbro. Tomas Fernando Espinosa Aguilar

En esta noche santa, donde Dios invisible se hizo visible, en esta noche santa donde El me ve y yo le veo… Muy estimados hermanos y hermanas, desde que iniciamos el camino del adviento, nuestra oración llena de esperanza y gozo nos ha ayudado para prepararnos interiormente, prepararnos espiritualmente para celebrar la navidad. Como decía san José María “Dios se ha hecho así de pequeño, un niño, para que nos acerquemos a él con confianza” Misterio de amor, que nunca termina de sorprendernos. En esta noche santa, donde Dios Padre habla a cada uno, cristiano y no cristiano, nos habla de corazón a corazón, desde el corazón de su hijo Jesús. Bellísimas palabras del Papa llenas esperanza que nos pueden ayudar a continuar nuestro camino hacia Belén “La navidad es la manifestación de Dios por cada uno de sus hijos, por ti, por mi, por todos, para salvarnos, levantarnos de nuestras miserias, levantarnos de nuestras dificultades, de nuestras culpas”. Dios viene a visitarnos con su paz, su presencia nos llena de alegría, porque el transforma nuestro corazón, el Belén de nuestro corazón, donde se une el cielo y la tierra. La invitación para cada uno, a entrar y contemplar como los pastorcitos, y dejarnos envolver del misterio de la historia de nuestra salvación. Dejémonos transformar de la humildad del pesebre, donde ha querido nacer el Hijo de Dios. Ahora bien, es necesario el silencio y así poder escuchar lo que nos viene del alto, entrar con el deseo de verle, liberándonos de la esclavitud de la exterioridad, vaciándonos de nosotros mismos, para llenarnos de Dios. En esta noche santa donde Dios toca nuestro corazón, y nosotros tocamos el suyo. Dios con nosotros, presente…a nuestro lado. Pidamos en esta Navidad que celebraremos dentro de pocos días, pidámosle a Jesús que venga en el belén de nuestro corazón, en nuestras familias, en nuestros hogares, que entre en nosotros, en nuestra alma, que su luz nos rodee, que su amor nos envuelva, que su presencia nos proteja, transformándonos, renovándonos. En la noche santa, en la que Dios se manifiesta en la humildad de un niño recién nacido, pidámosle que la alegría de este día nos haga verdaderos hijos de Dios. Vayamos pues con alegría al portal de Belén, vayamos pues con alegría de la mano de José y María, al encuentro de su hijo Jesús. A todos les deseo una serena, santa y feliz Navidad.   

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