DLA Columnas | 14/12/2016 | 1:00 am
Nuevamente, sobre el diálogo

Por: Gloria Cuenca

He señalado en diversas oportunidades algunas de las características fundamentales del diálogo. No es que estamos descubriendo el agua tibia. Todos lo sabemos. En cualquier reunión informal, hasta los más pequeños saben de qué trata un diálogo. Simplemente, conversar, hablar o platicar, como dicen los mexicanos. La única condición es que sean dos como mínimo y que no sean sordos o se hagan; sin ningún tipo de aparato para lograr la comunicación ni lenguaje de señas. Era previsible que el diálogo iniciado en Venezuela fracasaría. Nadie que no esté dispuesto a aceptar la cantidad de cuestiones que omite e ignora a diario puede estar apto para una mesa de conversación como la que se intenta. En efecto, el primer tema de la conversa era, por supuesto, el de los presos políticos.

La primera cuestión, el gobierno no acepta que son presos políticos, sino que el difunto buscó un eufemismo: políticos presos. Eso, que podría ser obviado, se transforma en grave. La MUD acepta cambiarle la denominación y los llama detenidos. Un sector de la oposición se encoleriza. Tengo presente el dicho que Adolfo Herrera pregonaba para esos momentos: “Firme en los principios, flexible en la forma”. Se cumple con eso. No se hace un problema de la denominación y el gobierno libera solo un “detenido político”. Ofrece hacerlo con más de 50 presos políticos. No cumple. Puro blablablá. El segundo aspecto: el reconocimiento de la Asamblea Nacional por parte del TSJ. Se desincorporan los diputados de Amazonas y ofrecen hacer nuevas elecciones. Al darse cuenta de que volverían a perder -probablemente, la oposición sacará un diputado más-, tampoco cumplen. No hacen elecciones, tampoco dejan a los diputados en paz. En cuanto a lo electoral, suspenden el revocatorio. Hacen promesas que no cumplen y niegan la posible salida electoral. Siguen agrediendo. Persiguen de cualquier manera la libertad de expresión.

No hablemos de la seguridad alimentaria ni de la terrible crisis que padecemos por falta de alimentos y medicinas. Hay evidencia de niños fallecidos por falta de alimentación. Y, ¡el colmo!, un médico preso por aceptar la ayuda humanitaria de Lilian Tintori, la abnegada esposa de Leopoldo López, para continuar su acción en un hospital público. Se ha perdido el sentido de la decencia, no hay calidad de vida e insisten en agobiar más al país. ¡Dios mío, ya basta!

@EditorialGloria

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